La apuesta fran­cesa por la energía nu­clear es in­viable en España por la falta de es­tí­mulo

Sánchez y Ribera cierran las puertas a la colaboración de las eléctricas en energía nuclear

Iberdrola, Endesa y Naturgy in­ver­tirán solo en pro­yectos ren­ta­bles dada la in­se­gu­ridad ju­rí­dica

Central nuclear de Almaraz.
Central nuclear de Almaraz.

El Gobierno de Pedro Sánchez ha ex­cluido de su pro­grama ener­gé­tico la apuesta por nuevas cen­trales nu­cleares pero, aunque lo hu­biese he­cho, las eléc­tricas no in­ver­ti­rían en nuevos pro­yec­tos, dado el re­corte de in­gresos que el Ejecutivo in­ten­taba aplicar para estas ins­ta­la­ciones y las hi­dráu­li­cas. La vi­ce­pre­si­denta ter­cera y mi­nistra para la Transición Ecológica, Teresa Ribera, lo ha ase­gu­rado de una forma ta­xa­tiva: “no hay vo­luntad ni nadie del sector ha pe­dido re­abrir el de­bate para un ciclo nu­clear com­ple­to”.

Ribera no ha necesitado sondear la opinión de las cuatro grandes eléctricas, Iberdrola, Endesa, Naturgy y EDP, porque sabe que habría recibido un no rotundo tras la guerra que se ha abierto con el controvertido proyecto de ley sobre la retribución del CO2, al querer eliminar los llamados beneficios caídos del cielo que reciben estas compañías y que, posteriormente, ha quedado un tanto diluido. La mala regulación y la inseguridad jurídica echa para atrás al sector y a los inversores extranjeros.

El torpedo que el Gobierno lanzó contra el sector que iba a suponer un recorte de 2.600 millones de euros en sus ingresos no va a ser tal, y puede quedarse en algo testimonial, siempre que las eléctricas cumplan una serie de compromisos como, por ejemplo, ofrecer la electricidad a las industrias a precios razonables y no al coste actual de mercado.

Desconfianza entre el sector

Por el momento, las dos partes han enterrado el hacha de guerra y no hay ataques furibundos por parte de las eléctricas pero la desconfianza en el sector es palpable. La apuesta del presidente de Francia, Emmanuel Macron, por construir nuevas centrales atómicas ha abierto el debate en Bruselas por culpa de los altos precios del gas y el elevado precio de la luz. Sin embargo, ha puesto al descubierto las distancias que hay en Bruselas en los países miembros y las diferencias que también existen entre el Ejecutivo español e Iberdrola y Endesa con la política energética que Sánchez quiere imponer.

En circunstancias normales, el sector se habría planteado esta opción de barajar si es factible o no construir nuevas centrales nucleares siempre que, tanto la regulación eléctrica como la política energética del Gobierno, tuviera signos de credibilidad. En una palabra, que hubiera un compromiso claro por parte del Ejecutivo de que se cumplen los compromisos.

Tras lo sucedido con el citado proyecto de Ley, las eléctricas no solo no quieren ni pensar en construir nuevas centrales sino todo lo contrario. Alguna eléctrica desearía incluso adelantar el cierre del actual parque nuclear, previsto para 2035, por los costes y la inversión que tienen que realizar para ampliar el periodo de explotación. Por tanto, no es que el presidente francés haya destapado el interés en España por apostar nuevamente por nuevos grupos nucleares, sino que ha quedado claro que no existe la más remota posibilidad de plantear esta opción con este Gobierno.

“Acometer el alargamiento varios años, salvaguardando la seguridad nuclear, es posible, pero pensar en un ciclo de 40 años, requiere una inversión equivalente a invertir en una nueva central a la que no está dispuesta ninguna empresa española”, ha señalado la ministra.

Un negocio para Francia

Cuando el país vecino Francia decide seguir apostando por las nucleares, teniendo un parque tan extenso como el que dispone de este tipo de energía, demuestra que tiene una estrategia energética clara y que la apuesta única por las renovables no asegura al 100% el suministro eléctrico. Las nucleares han sido un negocio para Francia que puede vender electricidad y, a la vez, tener un mayor grado de diversificación.

En España, operan actualmente siete grupos nucleares -Almaraz I y II, Ascó I y II, Cofrentes, Vandellós II y Trillo. Las siete centrales están controladas en su gran parte por Endesa e Iberdrola, mientras que Naturgy y EDP tienen una parte minoritaria. El plazo para su clausura definitiva arrancará a partir de 2027 y concluirá en 2035.

Estos siete grupos suministran el 23% de la electricidad que consume el país y constituyen un colchón de seguridad para las energías renovables en caso de que no haya viento y que no salga el sol. A ello, hay que añadir los 26.000 megavatios de ciclos combinados que operan con gas.

La opción gasista forma parte del mix energético cuyas centrales pueden operar más tiempo o menos, dependiendo siempre de la generación que tengan la fotovoltaica y la eólica. Su aportación ahora es mucho más cara debido a los altos costes que tiene la materia prima.

Precisamente, el creciente aumento del gas ha generado el debate sobre si habría que seguir apostando por la energía nuclear o no. En Bruselas, las fuerzas están divididas. Alemania fue el primer país de Europa que, tras el accidente de Fukushima, anunció el cierre de sus nucleares y se opone a que se aplique a esta energía la categoría de “taxonomía verde”. Dinamarca, España y Luxemburgo están a favor de Alemania. Francia y algunos países del Este, en cambio, apoyan la inicia de Bruselas.

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