OPINIÓN

El Corredor Mediterráneo y la España Periférica, ocasión para los fondos comunitarios

El dis­late de una España cen­tra­lista exige una co­rrec­ción con apoyo de las au­to­no­mías

Obras del AVE
Inversiones paralelas.

La ca­rencia de in­fra­es­truc­turas en los te­rri­to­rios pe­ri­fé­ricos de la Península viene de le­jos. Hasta los años 50 del pa­sado siglo no se había seña­lado la falta de una co­ne­xión fe­rro­viaria entre las re­giones es­pañolas de una mayor den­sidad de­mo­grá­fica. El pro­fesor Román Perpiñá (“De Estructura Económica y Economía Hispana”) tra­zaba una serie de círculos con­cén­tricos desde Madrid para señalar la di­co­tomía entre te­rri­to­rios y po­bla­ción.

Los territorios incluidos en una corona circular de 300 kilómetros trazada desde el punto central (Madrid) ocupaban un 70% de España con una densidad por kilometro cuadrado de 39 habitantes. Los territorios situados más allá de esos 300 kilómetros -la España periférica, mediterránea y atlántica- registraba una densidad demográfica de 149 habitantes por kilómetro cuadrado.

Los ferrocarriles de mayor anchura de vía y largo recorrido tenían por origen y destino Madrid. La demografía periférica se contentó con trenes de vía estrecha de corto recorrido. Frutas y verduras levantinas disponían, eso sí, de una red de puertos marítimos que facilitaba el comercio de cabotaje (transporte de carbón, materias primas y alimentos servidos por barcos de bandera española a las órdenes de una Subsecretaría de la Marina Mercante, implacable defensora de la autarquía naval) y eran el punto de partida para la exportación hacia Europa.

Los tiempos son otros. España es Estado miembro de la Unión Europea. Sin embargo, la red ferroviaria ha mantenido su estructura centralista: de Madrid a la periferia, o viaje en sentido contrario, pasando por esas zonas despobladas que Del Molino bautizaría como la España vaciada.

El litoral mediterráneo español ha desarrollado una agricultura de exportación cuyas cifras de ventas al exterior superan a las de automóviles y disputan la primacía exportadora a la maquinaria y los bienes de equipo. Puertos y buques de cabotaje patrios han sido sustituidos por el camión.

Un transporte superflexible. Recoge mercancías en origen y las deposita en el mercado español o europeo de destino. El camión, sin embargo, contamina y el duro oficio de camionero no despierta las simpatías de las jóvenes generaciones. La economía verde reclama fórmulas de transporte compatibles con el medio ambiente.

El corredor ferroviario desde Algeciras hasta la Junquera es una exigencia medioambiental y económica. Empresarios andaluces, murcianos, valencianos e incluso catalanes reunidos con la Ministra de Transportes reclaman una aceleración de las obras del corredor Mediterráneo.

La ausencia de representantes de la Generalitat en este encuentro confirma, como señala una editorial de La Vanguardia, el escaso o nulo interés de la clase política independentista con el desarrollo de España y de la propia Cataluña. ¿Quizá también un cierto reflejo proteccionista ante el temor de la competencia de andaluces y valencianos sobre unos payeses, quizá menos competitivos, pero sí más fieles votantes?

La infraestructura del corredor Mediterráneo es cara; su amortización larga y onerosa. España va a contar ahora con 70.000 millones de euros comunitarios en forma de donaciones. Una aportación oportuna para la financiación de infraestructuras que reúnan los requisitos de una Europa verde y el de la aproximación de los territorios del Sur a los del Centro de Europa.

Así que, señora Ministra de Transporte y Movilidad, doña Raquel Sánchez, esta es la ocaaión para ponerse a manos a la obra y acercarnos más a la Europa comunitaria.

Artículos relacionados