El líder del PP ha mo­di­fi­cado y en­du­re­cido su dis­curso pero no logra su ob­je­tivo de al­ter­nancia

La convención itinerante del PP no evita que Pablo Casado prosiga su caída en los sondeos

Sánchez logra em­patar en las en­cuestas con Casado quien no po­dría formar go­bierno ni con el apoyo de VOX

Sánchez y Casado.
Sánchez y Casado.

Pablo Casado lleva cuatro se­manas con­se­cu­tivas ca­yendo en los son­deos. El cierre en Valencia de la con­ven­ción na­cional iti­ne­rante del Partido Popular, que arrancó el lunes en Santiago de Compostela y ha cul­mi­nado en la ca­pital del Turia tras pasar por Valladolid, Madrid, Sevilla y Cartagena, ha coin­ci­dido con los nuevos datos de los son­deos que dan un em­pate téc­nico a Casado y Sánchez. Si el pro­yecto po­pular no hace aguas, al menos muestra grandes de­bi­li­dades a la hora de sumar apoyos entre los suyos y con los demás par­tidos del centro y la de­re­cha.

El líder popular, con el 27,7 % de los votos, obtendría 113 escaños, mientras que Pedro Sánchez, con el 26,7 % de los votos estimados, si se celebraran en este momento las elecciones, conseguiría 106 escaños, según el sondeo elaborado por ElectoPanel entre el 24 de septiembre y el 1 de octubre y que se dará a conocer este lunes 4 de octubre. La suma de los 56 escaños de VOX, que ya se sitúa con un 17 % de expectativa de votos a solo diez puntos del PP, no serían suficientes para que el centro derecha y la derecha pudieran gobernar, a pesar de la ayuda de algunos de los partidos regionalistas.

La convención no ha logrado que ninguno de sus debates haya llegado al corazón de la opinión pública. Ello pese al esfuerzo de Casado para hacer una exhibición de fuerza durante la pasada semana, sobre todo en la clausura de su convención este domingo en Valencia, donde han podido entrar a la plaza de toros unas 9.000 personas y otras cinco mil, que según los organizadores, se habrían quedado fuera.

Intento fallido

El intento de Pablo Casado por presentarse como la única alternativa viable a Pedro Sánchez y unir al centro derecha bajo las siglas del Partido Popular, de momento no lo ha conseguido. Conocedor de que los sondeos cada semana que pasa le resultan menos favorables, ha intentado realizar un asalto sobre los mensajes más conservadores y de derecha del partido que lidera Santiago Abascal.

Así, el líder del PP ha enfatizado su crítica contra la Ley de Memoria histórica, ahora reconvertido en proyecto de Ley de Memoria Democrática, como viene haciendo VOX. Casado se ha dirigido también en tromba contra la Ley que regula la eutanasia de la que ha asegurado que la derogará cuando ganen las elecciones y la cambiará por una ley de cuidados paliativos.

Además, ha abogado por la cultura de la defensa de la vida en un momento de pleno apoyo de los partidos de izquierdas que sustentan al Gobierno para eliminar cualquier obstáculo que afronten las mujeres para ejercer su derecho al aborto. Casado ha ofrecido frente a este proyecto, libertad, igualdad y maternidad. Según el líder conservador, esa es la nueva revolución. Y todo ello con la apostilla de que derogará todas las leyes feministas aprobadas por el actual Gobierno de coalición.

En el apartado de medidas sobre la unidad de España, el líder popular ha reiterado que convertirá en delito la convocatoria de referéndums, la rebelión sin violencia y los indultos a los condenados por sedición, en referencia directa a los condenados por el 1-0 catalán.

Frente a las últimas decisiones del ejecutivo de Sánchez en materia de prisiones, también ha anunciado que los populares recuperarán, si llegan al poder, las competencias sobre prisiones en Cataluña y el País Vasco y cortarán la financiación pública a partidos y asociaciones que promuevan la violencia.

El lío catalán

Lo que más aplausos le ha dado ha sido su alusión al expresidente de la Generalitat catalana: “Traeremos a Puigdemont al Tribunal Supremo, aunque tengamos que viajar hasta el último país de Europa para exigir respeto a nuestra justicia”. En esta ocasión, Casado ha apoyado la actuación del Gobierno de Mariano Rajoy ante el desafío secesionista catalán.

Este domingo ha adelantando que quería decir una cosa muy clara “ahora que se cumplen cuatro años del 1 de octubre. Hicimos lo que teníamos que hacer”. En cambio, el pasado 21 de febrero, entrevistado por RAC1 en Barcelona, explicaba que durante la consulta ilegal del 1 de octubre él no compareció aquella tarde como portavoz del partido porque no estaba en sintonía con la línea del partido y creía que se debería haber actuado antes. Hace bien Casado en rectificar en sus críticas a miembros de su propio partido. Es uno de sus grandes problemas.

En cuanto al futuro proyecto económico popular las menciones han sido muy vagas. No ha dado respuesta a las grandes preocupaciones ciudadanas por la crisis económica que estamos atravesando con la deuda, el déficit y la inflación en récords y por los precios de la luz y el gas que están por las nubes, mientras que se van a revisar las cifras de crecimiento previstas para este año y el próximo.

Los asesores de Casado deben considerar que afrontar las malas noticias no da votos. Se olvidan de la advertencia de Clinton cuando ganó las elecciones tras acuñar el mensaje contra Bush padre, “es la economía, estúpido”, afirmaba. Bien es verdad que Casado ha asegurado que bajará impuestos y eliminará el proyecto de reforma de pensiones de Escrivá que vuelve al Congreso.

Propone volver al factor de sostenibilidad que aprobó su partido durante el mandato de Rajoy con el que se pretendía garantizar el futuro sin recortes significativos de las pensiones. También ha vuelto a hablar de que fomentará la jubilación activa, para que quien quiera seguir trabajando lo pueda hacer mientras cobra la pensión. Poco más en este ámbito.

Desde el PP advierten de que hay que leer los mensajes lanzados por su líder desde la plaza de toros de Valencia como la base del programa de su futuro gobierno. Pero parece más bien poca cosa. Lo expresado hoy por Casado más bien se asemeja a una amenaza. La de derogar todas las leyes aprobadas por el Gobierno de coalición PSOE-Unidas Podemos para superar así el que ha denominado el “trienio negro de Pedro Sánchez”.

Pero este gobierno de coalición ha adoptado medidas de política social que no se pueden negar entre las que destacan la generalización del ingreso mínimo vital y la importante subida del salario mínimo interprofesional con el objetivo de alcanzar el año que viene el 60 % del salario medio existente en España y acercarlo así a la media comunitaria.

Casado debería tener en cuenta también la necesidad de encajar las distintas sensibilidades que hay en su propio partido. Desaparecidos los partidos que logran mayorías absolutas para gobernar -las recientes elecciones en Alemania vienen a consolidar esta tendencia- debería empezar a pensar sobre cómo logra encajar a quienes le ayuden a conseguir los votos suficientes para ganar las elecciones. Nadie duda de que gobierna con mano dura su partido. Pero sus constantes golpes de autoridad le podrían llevar a gobernar sin contestación a su partido, aunque con el riesgo de que sea un partido sin militantes.

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