Las eléc­tricas re­fle­xionan antes de fijar hasta dónde suben el nivel de hos­ti­lidad con el Gobierno

Los inversores y fondos congelan sus decisiones a la espera de la subasta de renovables

Los fondos con­si­deran que la cre­di­bi­lidad del Gobierno está en juego en plena guerra de la luz

Energias renovables
Energias renovables

La subasta de 3.300 me­ga­va­tios (MW) de po­tencia ins­ta­lada para nuevas ins­ta­la­ciones eó­licas y fo­to­vol­taicas tiene todo los in­gre­dientes de un buen 'thriller': habrá ga­na­dores y per­de­dores en una puja llena de sor­presas que, sobre todo, es­ce­ni­fica un duelo entre las grandes eléc­tricas y el Gobierno. No se trata de quién des­en­funda pri­mero -lo hizo el Ejecutivo con su ha­chazo fiscal de 2.600 mi­llones de eu­ros- sino de ve­ri­ficar cuántas balas quedan en el car­gador de los con­ten­dien­tes.

Los grandes fondos nacionales e internacionales no perderán detalle del desarrollo de la subasta. Muchas de sus decisiones están supeditadas al grado de tensión entre las dos partes que dejará ver el resultado de la puja. De lo que decidan Naturgy e Iberdrola y Endesa -las dos primeras guardan sus cartas hasta el último momento y la tercera acudirá, ya se verá con cuánta potencia del fuego- sacarán los gestores muchas conclusiones para el corto y el medio plazo.

"Las eléctricas tienen un papelón. Si sacan su cara más amable, acuden y por lo tanto cumplen con los deseos del Gobierno, se puede entender como un acto de sumisión. Y si lanzan el gran desafío y pasan de puntillas por la subasta, no cabe duda de que harán oficial la ruptura. Son las dos caras de una misma moneda y ambas tienen pros y contras evidentes. La cuestión es cuál sería menos dañina a efectos de imagen del sector eléctrico y de la marca España.

Las eléctricas están por tanto en la encrucijada. Llegan a la subasta con mucho más aire en bolsa, después de que la semana pasada la vicepresidenta para la Transición Ecológica, Teresa Ribera, matizará sensiblemente su hachazo a los llamados 'beneficios caídos del cielo'. Se vería reducido si las 'utilities' suministran energía a las industrias "a precios razonables". Un alivio, sin duda, al que le falta todavía concreción. Pero es un alivio al fin y al cabo.

¿Se fían las eléctricas de que lo peor ha pasado? Fuentes del sector aseguran que el grado de indignación sigue siendo altísimo y dan por descontado que los socios de Gobierno de Pedro Sánchez seguirán metiendo máxima presión para imponer rebajas de ingresos a un sector que siente "demonizado". En los cuarteles generales de las eléctricas cunde la sensación de que acudir a la subasta de este martes se puede entender como un ejercicio de debilidad.

"Si no acuden o participan de forma testimonial, desde el Gobierno se dirá a las eléctricas que no han participado en una subasta cuyo objetivo es abaratar la factura de los precios de la electricidad cuanto antes -toda la potencia debe estar instalada antes del 30 de junio de 2024- y su imagen se verá socavada. Pero si van con todo, lo que se entenderá es que se quiere cerrar la batalla cuanto antes. Y eso puede ser un error por lo que pueda venir después", señala un veterano analista del sector.

Otros muchos expertos apuntan también en la misma dirección y creen que el sector debe hacer una demostración de fuerza para evitar que en el futuro inmediato puedan ser cambiadas de nuevo las reglas del juego. Para el Gobierno es muy importante que la subasta sea un éxito. En la celebrada en enero, se adjudicaron algo más de 3.000 MW eólicos y fotovoltaicos. En el primer segmento el gran vencedor fue Capital Energy, mientras que en fotovoltaica la parte del león fue para X-Elio e Iberdrola.

Por lo tanto, las dos partes se juegan mucho en el envite, también en Bolsa. El Ibex 35 es el peor de los índices europeos en lo que va de año, lastrado por un sector eléctrico que sigue en pérdidas en el parquet en lo que va de 2021. Un problema nada menor para la 'marca España'. Para las eléctricas, la cuestión es si deben o no hacer una exhibición de fuerza con el precio de la electricidad por las nubes. Se lo pide el corazón pero, ¿podrá más la cabeza?

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