La Comisión Europea urge a los países miem­bros a adoptar me­didas ur­gentes antes de li­berar re­cursos

No cumplir los acuerdos con Bruselas recortará hasta un 25 % los fondos previstos para España

El panel de ex­pertos del BCE es­tima una re­cu­pe­ra­ción más débil para la Eurozona en 2021

Comisión Europea
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La Comisión Europea ha ur­gido a los países miem­bros a tomar me­didas para que se puedan li­berar los 750.000 mi­llones de euros apro­bados para la re­cu­pe­ra­ción. No es la pri­mera vez que lo hace. Pero exige que se cum­plan sus re­co­men­da­cio­nes. De no ha­cerlo, de acuerdo con la norma co­mu­ni­ta­ria, están en juego hasta el 25% de las ayudas pre­vistas para los pró­ximos 6 años. En el caso de España pe­li­gran 37.000 mi­llones del Fondo de Recuperación ya que, tras las úl­timas es­ti­ma­cio­nes, España re­ci­biría más de 150.000 mi­llo­nes, frente a los 140.000 ini­cia­les.

Esta mejora no es porque España lo haya hecho bien, es porque las condiciones de nuestra economía son peores de lo que la Comisión y el Consejo habían previsto.

Por ello Bruselas ya advirtió a España para que cambiara de criterio cuando Nadia Calviño anunciaba el 23 de octubre que renunciaba a reclamar ahora los 70.000 millones en créditos europeos, por lo que inicialmente solo utilizaría las transferencias a fondo perdido para lanzar la recuperación. Ante esta posición, el Comisario europeo de Asuntos Económicos, Paolo Gentiloni, fue contundente, dentro de la cordialidad con la que siempre se manifiesta al proponer que se utilicen todos los recursos previstos ante la gravedad de la crisis.

Casi un mes después de aquellas declaraciones iniciales de Calviño a Radio Nacional, el 19 de noviembre, con ocasión de la jornada Capital Markets Forum Spain organizada por Bloomberg, la vicepresidenta tercera del Gobierno y ministra de Asuntos Económicos precisaba que España estaba estudiando utilizar íntegramente las ayudas de 140.000 millones de euros que le corresponden del plan de recuperación de la UE. Añadía Calviño que también ella esperaba que no hubiera retraso para poder poner en marcha el plan nacional a principios de 2021. Los datos apuntan a una recuperación más lenta de lo previsto.

La amenaza del paro

La ministra de Trabajo y Economía Social, Yolanda Díaz, ha repetido la pasada semana en varias ocasiones que los datos de paro, uno de los elementos que más preocupan a las instituciones comunitarias, no van a ser buenos en este mes de enero. Díaz lo justifica porque todos los meses de enero suelen ser malos, pero en esta ocasión se temen que van a ser nefastos.

Por ello, de nuevo Bruselas insiste en que no quiere que se pierda un solo día más, y ha vuelto a urgir a Madrid, como al resto de los Estados, para que le presenten los planes de recuperación lo más rápidamente posible. Los últimos datos del ejecutivo comunitario, similares a los del panel de expertos del Banco Central Europeo, estiman una recuperación más débil para la eurozona de lo previsto.

Las estimaciones las anticipaba el pasado jueves la presidenta del Banco Central Europeo, Christine Lagarde, sin ponerle concreción. Pero las previsiones genéricas le servían para urgir a que los Estados de la Unión apliquen los planes de recuperación y sus políticas de estímulo lo antes posible.

Un día después de comparecer en rueda de prensa, Christine Lagarde, el panel del Banco Central Europeo compuesto por analistas profesionales rebajaba, aunque es cierto que ligeramente, sus estimaciones de crecimiento para la eurozona este año, si bien revisaba al alza la previsión para 2022.

El panel del BCE sitúa ahora un incremento del 4,4 % el crecimiento de la eurozona, lo que supone 9 décimas por debajo de la estimación inicial del PIB en 2021. Por el contrario, para 2022 llevan el crecimiento económico previsto hasta el 3,7%, 1,1 puntos porcentuales por encima de lo estimado por ellos con anterioridad y una vez que se hayan generalizado en toda la Unión Europea los efectos de la inmunidad prevista de las vacunas. Para 2023 estiman una caída del crecimiento del 1,9%.

Contrastan estos datos del panel de consultores externos del BCE con los de los propios economistas de la institución quienes establecían en diciembre sus previsiones con un crecimiento estimado para este año del 3,9% y del 4,2% para el 2022. Habrá que esperar al próximo mes de marzo, como ha prometido Lagarde, para conocer si aceptan un cambio tan drástico como el que calculan los propios expertos contratados por ellos.

España en recesión

Es lógica la preocupación de Bruselas. Ante un panorama tan poco halagüeño, estamos hablando de recuperaciones sobre la caída prevista para el año pasado del orden del 7,8 % en la zona euro, donde España habrá registrado los peores datos, con una recesión del 12,4 %, que el Gobierno español sitúa en el entorno de una caída del 11, 5 %.

Por ello Bruselas sigue con todo detalle cómo vaya aplicar España el conjunto de recomendaciones realizadas tanto por la Comisión como por el Consejo con respecto a la recomendación que hicieron en los dos pasados años. Sin olvidar que también la Comisión está muy interesada en alcanzar un acuerdo con Madrid para que a partir del 2022 se vayan teniendo en cuenta las medidas relacionadas con el control del déficit y la deuda pública.

Aunque el control de estas últimas solo volverá a introducirse una vez que se reincorporen las normas comunitarias de disciplina fiscal, previsiblemente en el 2023 para analizar lo sucedido ya en el 2022, desde las instituciones comunitarias se recuerda que el incumplimiento de las mismas podría suponer que un país se viera privado de hasta el 25 % del conjunto de las ayudas comprometidas. Mucho dinero como para comprender lo importante que será acertar en las proyecciones en esta ocasión y en hacer que las mismas se cumplan.

Bruselas ha enfatizado en las últimas semanas que por primera vez cuenta con una herramienta poderosísima de miles de miles de millones de euros, para hacer cumplir sus recomendaciones y las del consejo. En esto coincide con el Gobierno, que debe servir para modernizar la economía de los países, sobre todo la de los que más lo necesitan, como es el caso de España.

La Comisión trata de hacerlo todo con diálogo. En las dos últimas comparecencias del comisario de Asuntos Económicos, Paolo Gentiloni, ha insistido que éste es constante. Y aunque ha hablado de exposición brillante y exhaustiva del programa español de recuperación, también ha incidido en que hay que seguir hablando.

La Comisión quiere que España le presente su proyecto de reforma del mercado laboral, de sostenibilidad del sistema de pensiones, de mejora de las ayudas a las familias. Y quiere también que se clarifique el sistema de coordinación entre las diferentes administraciones públicas. Además, quiere conocer las reformas para terminar con las deficiencias en la unidad de mercado por las distintas legislaciones de las distintas comunidades autónomas sobre bastantes materias.

Entre otras, en cómo se va a distribuir la inversión en innovación y eficiencia energética, por lo que respecta a la transición ecológica y digital. Según lo aprobado por el Consejo Europeo, que aprobó dotar con 750.000 millones el Fondo para la recuperación, a ellas se debe destinar el 37 % y 20 % respectivamente.

Para que no haya duda del interés del Ejecutivo comunitario por estimular el inicio de la aplicación de los programas, a partir de este mes, todas las semanas habrá una sesión para analizar la agenda de los avances. Las previsiones de una recuperación económica menor a la prevista inicialmente tendrán repercusión directa en los niveles de paro, y en el caso de España es sencillamente, preocupante. Como le preocupan las disensiones internas del Gobierno de Pedro Sánchez sobre los planes a aplicar sobre todo en el ámbito de las pensiones y la reforma laboral debatir. Merecerá una próxima reflexión.

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