ANÁLISIS

El Acuerdo de Inversiones entre China y la Unión Europea, un logro para Merkel

España, por el con­tra­rio, sigue sin en­te­rarse de lo que se juega en Asia

China
China

Un se­gundo se­mestre co­mu­ni­tario bajo pre­si­dencia de Alemania car­gado de retos di­fí­ciles de ges­tio­nar: fondos eu­ro­peos, pan­de­mia, Brexit. Solidarias ini­cia­tivas in­tra­eu­ro­peas, que ponen a dis­po­si­ción de los Estados miem­bros, re­cursos man­co­mu­nados con los que afrontar las se­cuelas del co­ro­na­vi­rus. Una exi­tosa pre­si­dencia re­ma­tada con el Acuerdo de Inversiones con China.

El CAI (Comprehensive Investment Agreement), firmado en el límite de 2020, ya ha recibido severas críticas. En primer lugar, colisiona con el reciente rechazo de las autoridades alemanas a la venta de la empresa de alta tecnología en satélites, IMST, a una subsidiaria del conglomerado chino de armamento. También choca con la afirmación reciente de la presidenta comunitaria Ursula Von der Leyen sobre una “Comisión Europea Geopolítica”.

La firma del CAI responde al ideal de la Sra. Merkel, en virtud del cual los vínculos comerciales son el mejor estímulo para orientar un cambio político en Pekín. En 2020, el comercio bilateral chino-alemán ha alcanzado la cifra de 200.000 millones de euros. China es actualmente el primer comprador de automóviles y maquinaria de Alemania. Es también su mercado exterior más prometedor.

A las críticas desde los EEUU, en el último sopor de la Administración del lunático Trump, ta ha tenido la réplica comunitaria recordando la llamada Fase I del Tratado firmado por Donald Trump y el gobierno chino, sin consulta alguna a la UE. Críticas generalizadas al CAI por su “desviación geopolítica”. El pasado año, comenta Gideon Rachman, China ha aplastado las libertades en Hong Kong negociadas con el Reino Unido. A la vez ha intensificado la opresión en Xinjiang, mientras, por otro lado, sus soldados disparaban contra las tropas indias y aumentaban sus amenazas a Taiwan.

En definitiva, la firma del CAI es todo un éxito diplomático para la China y una demostración de la ausencia de iniciativas geopolíticas de la Comisión Europea.

Opiniones también contrarias en el interior de Alemania, que recuerdan cómo en 2016 se autorizó al conglomerado chino Medea, a adquirir por 4.500 millones de euros la fábrica alemana de robots Kuka sin que hubiese reciprocidad para inversiones directas alemanas en China.

Observaciones, también de orden geopolítico, después de que China haya promovido un Acuerdo Regional con otras naciones asiáticas, sin que sea descartable que todas ellas estrechen sus lazos económicos con los EEUU.

España, en el olvido

China es hoy día el principal suministrador de mercancías a España, incluso por delante de Alemania. Sin embargo, sus compras en España son inferiores a las que hace Marruecos y alejadísimas de las ventas a Portugal. Un desequilibrio en el tráfico de mercancías que determina y condiciona el déficit comercial de España con el resto del mundo. China tiene, efectivamente, una política comercial con España mientras que España carece de una política comercial con China.

Inútil pensar que el contencioso con China se plantee en una sesión parlamentaria. Asistiríamos nuevamente a un episodio más de reproches, como ocurrió al discutir el Presupuesto. La única alternativa para configurar una estrategia, no es otra que sea el propio gobierno quien la diseñe y ejecute.

Ahora bien, España como la UE no parecen dispuestos ni determinados para este tipo de decisiones geopolíticas. Alemania sí ha conseguido imponer su criterio al formalizar el CAI; sin embargo, le falta todavía la aprobación de todos los Parlamentos de los Estados miembros. Recordemos que el Acuerdo Comercial UE-Canadá tuvo sus más y su menos. El CAI es más comprometido.

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