Un 40% de las redes bra­si­leñas 2G, 3G y 4G uti­lizan tec­no­logía del grupo chino

Las telecos brasileñas rechazan la exclusión de Huawei del 5G por motivos ideológicos

Con el go­bierno di­vi­dido, el pre­si­dente Jair Bolsonaro tendrá la úl­tima pa­labra

Telefónica y Huawei
Telefónica y Huawei

Sin negar los riesgos po­ten­ciales re­la­cio­nados con la se­gu­ridad de la red 5G y de los da­tos, las te­lecos bra­si­leñas re­cha­zan, a gri­tos, que el des­pliegue de la nueva tec­no­logía se vea con­di­cio­nado por cues­tiones ideo­ló­gi­cas, re­la­cio­nadas con la na­cio­na­lidad de los pro­vee­dores de equi­pos. El pro­blema ra­dica en que el pre­si­dente Jair Bolsonaro, que fue un fiel se­guidor de Donald Trump, no pa­rece nada dis­puesto a imitar los países que, como España, re­chazan mar­gi­na­li­zar, y mucho menos aún, ex­pulsar a Huawei y a ZTE del mer­cado.

Quien más está dando la cara por el fabricante chino y líder mundial de la tecnología 5G, es la asociación patronal Sindi Telebresil (ahora Conexis Digital). Como representante de los intereses del sector, ofrece una imagen de unidad sin fisuras: todas las operadoras reclaman “libertad de elección”, a cambio de garantizar la seguridad de la red y de los datos, la calidad de la infraestructura, las mejores condiciones económicas y la capacidad de innovación tecnológica de los fabricantes.

Según la patronal, lo que está en juego, bajo el prisma financiero, tecnológico, operacional, las economías de escala, etc., va más allá del despliegue de la red 5G. La “libertad de elección” que defienden las operadoras tiene también mucho que ver con la realidad del sector. Huawei lleva en Brasil desde finales de la década de los noventa (llegó a la privatización del sector), y desde entonces más de un 40% de las redes móviles 2G, 3G, y 4G, lo mismo que la red fija, utilizan sus equipos.

De hecho, lo que más preocupa el sector, ante el riesgo de ver el gobierno de Bolsonaro, por razones ideológicas cerrar a cal y canto la entrada del país a los equipos fabricados en China, tiene mucho que ver con la perspectiva de quedarse sin apenas margen de maniobra. Las alternativas serían Ericsson y Nokia, que según los expertos no tienen la misma capacidad de innovación tecnológica del fabricante chino y cuyos equipos tienen unos precios y costes más elevados.

Preocupación del sector

La Federación Nacional de Infraestructuras de Redes de Telecomunicaciones (FNIRT) comparte dicha preocupación, advirtiendo, además, que, en el ámbito del comercio global, donde actúa Brasil, no es de recibo expulsar un fabricante líder de tecnología, por cuestiones ideológicas. FNIRT denuncia además que las exigencias relacionadas con la seguridad no tendrían por qué afectar a Huawei, que en todo el tiempo que lleva en Brasil nunca tuvo ese tipo de problemas.

No es solo el conjunto del sector que tiembla ante la perspectiva de ver a Jair Bolsonaro decidir por decreto, marginalizar y hasta expulsar a Huawei. Lo mismo pasa en el seno de su propio Gobierno. El vicepresidente Hamilton Mourao tomó cartas en el asunto, advirtiendo que la exclusión del fabricante chino solo podría justificarse en el caso que rechazara garantizar la seguridad de la red y la privacidad de los datos, todo lo contrario de la imagen que siempre cultivó en el país.

División interna

Quien se hizo cargo de contestar a Mourao, fue el ministro de Telecomunicaciones, Fabio Maria, que lleva tiempo tratando la cuestión con los responsables de Vivo/Telefónica, Claro/American Móviles y Tim/Telecom Italia, las tres princiapales operadoras. Sin desvelar sus intenciones, advirtió que el asunto es materia exclusiva de su departamento y, en cinsecuencia, no está pendiente de lo que digan el vicepresidente, la autoridad de la competencia Cade o la reguladora Anatel. En definitiva, que la última palabra la tendrá el presidente Bolsonaro.

Cabría pensar que para entonces -con Donald Trump ya fuera de la Casa Blanca y un Joe Biden menos sectario y quizás más dispuesto a hablar con Pekín- que el líder brasileño ya podrá mostrarse más sensible a las preocupaciones del sector. Sin pasar por alto las cuestiones relacionadas con la seguridad de la red (unas eventuales puertas traseras destinadas al espionaje chino), está el tema de los costes económicos que tendría el conflicto, para el sector y para los usuarios.

La clave está en Bolsonaro

Bolsonaro podrá, así, tener muchos motivos para ponderar mejor las consecuencias que supondría su veto a la utilización de tecnología china. Además de los intereses del sector, está también la fuerte presión ejercida por Pekín, que lleva tiempo advirtiendo a Brasil -quizás con mayor insistencia que la utilizada en otros países en la misma situación– que la expulsión de Huawei afectaría a las relaciones sino-brasileñas, muy importantes para la economía nacional brasileña.

En todo o caso, la operadora Claro, de América Móviles, que lleva desde 2019 denunciado los riesgos que tendría par el sector una eventual expulsión de Huawei, decidió pasar al ataque. Para sus primeros tests 5G, en el Estado Minas Gerais, tuvo como invitado de honor al CEO de Huawei Brasil, Sun Baocheng, que mostró la utilización de “inteligencia artificial”, con tecnología china, realizada a título experimental en una explotación agroalimentaria de Rio Verde.

Telefónica tiene alternativas

Al contrario de Telefónica, que como alternativa a Huawei anuncia la implementación masiva del Open Ran (redes de acceso abierto y con varios proveedores) a partir de 2022, y con el objetivo de alcanzar en 2025 un nivel de cobertura de 50%, América Móviles no cree que eso sea posible en Brasil. Su tesis es que Huawei no es solo RAN (redes de acceso), del mismo modo que 5G no es solo antenas, con que no cree que pueda substituir la tecnología china.

Según Carlos Slim, dueño de American Móviles, lo que habrá que hacer será tratar todos los por separado, desde la importancia clave atribuida a la tecnología de Huawei para el despliegue de la red 5G en Brasil a la alternativa de la implementación masiva de Open Ran disenada por Telefónica. Nadie duda de que Open Ran no tenga futuro, pero para según Slim no se podrá reparar los daños provocados por la eventual expulsión de Huawei.

Existen además otras alternativas. Según algunos expertos, el desarrollo en Brasil del Open Ran en 5G, podrá pasar por NEC y Fujitsu, que operan en el país. Eso dijo el responsable de la diplomacia japonesa, Toshimitsu Montegi, que, en visita oficial a Brasil, propuso parcerías de empresas japonesas y operadoras brasileñas, subrayando, al respecto, que si NTT (con 33,7% de capital público) entró en NEC, fue con el objetivo de crear espacios cibernéticos libres, justos y seguros, sin ningún tipo de ataduras, de cara al 5G.

Tim, de Telecom Italia, que se quedó con la mayor parte de la clientela y del espectro móvil de Oi (activos repartidos igualmente entre Vivo y Claro), también solo ve riesgos en la aplicación de medidas hostiles a Huawei. Empezando, por los enormes costes y los daños en cascada que tendrían las operadoras, en el caso de que tuvieran que cambiar prácticamente un 50% de tecnología utilizada actualmente, y buscar nuevos proveedores de equipos e infraestructuras.

Hay que tener en cuenta, además, la enorme dimensión del mercado brasileño y los retos pendientes. Representa casi 300 millones de conexiones móviles activas, pero 47 millones de brasileños (un 22% de la población) siguen sin Internet. Lo que reclama el sector no son vetos ideológicos, sino todo tipo de remedios para que el despliegue de la red 5G opere con seguridad y como motor de la revolución tecnológica y del crecimiento económico y social que requiere el país después de la pandemia.

Los expertos del sector ponen como ejemplo el modelo español, sin vetos a priori, y en el que las operadoras deberán realizar cada dos años análisis de ciberseguridad, disenar estrategias de diversificación de fabricantes de equipos y de proveedores de servicios, etc. O sea, en línea con las preocupaciones de Bruselas, que pese a defender el principio de estrategias comunes no cuestiona la libertad de elección de las telecos. Al contrario, pues, de lo que pasa en Brasil.

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