Los pre­cios de los arren­da­mientos bajan en las grandes ciu­dades y frenan la ac­ti­vidad

La compra de vivienda destinada al alquiler se apaga por la fuerte caída de los precios

Los in­ver­sores se toman un res­piro a que baje más aún el mer­cado in­mo­bi­liario

Viviendas de Sacyr Vallehermoso
Viviendas.

Las peores pre­vi­siones para el mer­cado del al­quiler de vi­viendas que los ana­listas tra­zaban allá por el mes de ju­nio, en pleno des­con­fi­na­miento, se están cum­pliendo punto por punto en los dos úl­timos me­ses. Las ci­fras están dando la razón a los que pen­saban que el precio de los arren­da­mientos ba­jaría más y mucho más rá­pido que el de venta de las ca­sas. Varios fac­tores ex­plican un fe­nó­meno que se desa­rrolla a mucha ve­lo­cidad y que tendrá dis­tintos im­pactos eco­nó­mi­cos.

Los últimos datos del portal Idealista dicen que el precio del alquiler en las grandes ciudades españolas bajó con fuerza en los meses centrales del verano. Respecto a los máximos de mayo, el descenso es del 4% en Madrid y del 9% en Barcelona. Las caídas han sido pronunciadas en las dos grandes urbes el pasado mes de agosto, y a ellas se han sumado ciudades clave por población e importancia económica como Sevilla, Valencia, Málaga o Bilbao.

"Se está produciendo un desfase entre las grandes capitales y el resto. Mientras en las primeras bajaron los precios significativamente entre el 0,5% y el 2% el mes pasado, en el resto hay mucha estabilidad. La razón es la enorme diferencia de liquidez entre unos mercados y otros. Donde hay más actividad y más oferta ya se están ajustando los precios a toda velocidad, mientras que en capitales con baja demanda el impacto es todavía muy inferior, porque los precios ya estaban mucho más ajustados", señalan fuentes del sector.

El primer impacto económico de este movimiento es que los inversores compradores de vivienda para su alquiler posterior están reduciendo al mínimo su operativa por el efecto combinado de la caída de las rentabilidades del alquiler y porque el precio de la vivienda no compensa en absoluto el efecto del retroceso de los arrendamientos. Un círculo vicioso que está provocando una fuerte caída del número de inmuebles nuevos o de segunda mano que se adquieren para invertir.

Hoy por hoy, el mercado de compra venta de vivienda sigue muy cerrado. Se avecina un otoño muy duro y como no hay liquidez no se está produciendo la esperada caída de precios que la dureza de la crisis hace prever. De hecho, Tinsa calcula que el precio de la vivienda nueva y usada en España subió un testimonial 0,1% en agosto respecto a julio. Su índice general se sitúa en 1.516 puntos, un 0,9% por encima del nivel de hace un año.

Unas cifras que también ejercen como elemento disuasorio para los inversores y que dejan bien a las claras hasta qué punto divergen la tendencia del precio de compraventas y de los alquileres. "Creo que este fenómeno puede continuar al menos durante todo 2020, porque mientras los arrendadores necesitan colocar su producto como sea, aún perdiendo rentabilidad, la mayoría de los propietarios aún puede esperar", señalan en una conocida tasadora.

Con estas cartas sobre la mesa, los compradores que adquieren casas para alquilar van a esperar a que empiece la caída de los precios de los inmuebles antes de recuperar la velocidad de crucero. "Preferimos estar en liquidez antes que acometer ahora operaciones a precios que no justifican las rentabilidades por arrendamiento posibles. De momento queremos seguir sondeando el mercado a la espera de que aparezcan las primeras oportunidades", señalan en un 'family office' especialista en compra de casas para su alquiler posterior.

En paralelo, todo apunta a que el ajuste de los precios del alquiler se mantendrá hasta un final de año que se antoja duro en el terreno social y laboral por la persistencia del ataque del Covid-19. Y apuntan a tres razones fundamentales para justificar dicha previsión: la reducción de la movilidad entre ciudades que comporta el auge del teletrabajo, la casi absoluta desaparición de los inversores extranjeros en el mercado de costa y el exceso de producto por la reconversión en vivienda de otros activos como los centros comerciales.

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