OPINIÓN

Torra pretende convertir su inhabilitación en unas elecciones plebiscitarias

Tendrán lugar antes de fe­brero de 2021, con el ob­je­tivo de que los proin­den­pen­den­tistas su­peren a los cons­ti­tu­cio­na­listas

Torra se despide deu su sillón.
Torra se despide deu su sillón.

La ra­ti­fi­ca­ción por una­ni­midad por el Tribunal Supremo de la sen­tencia del Superior de Cataluña que in­ha­bi­li­taba al pre­si­dente de la Generalitat de Cataluña, Quim Torra, por su desobe­diente ne­ga­tiva a quitar las pan­cartas po­lí­ticas del balcón de la sede del Gobierno ca­ta­lán, du­rante el pe­riodo elec­to­ral, aboca la si­tua­ción en la co­mu­nidad au­tó­noma a la ce­le­bra­ción de unas elec­ciones an­ti­ci­pa­das. “Tendrán ca­rácter ple­bis­ci­ta­rio”, re­clamó Torra, en su úl­timo acto ins­ti­tu­cional antes de aban­donar la Generalitat.

Es la primera vez que el alto tribunal, a partir de la propia sentencia del Tribunal Superior de Justicia de Catalunya, inhabilita de sus funciones a un presidente de una comunidad autónoma. A partir de este martes le sustituye el vice-presidente, el republicano Pere Aragonés, que ejercerá las funciones como interino, hasta que el Parlament de Catalunya nombre a un sustituto, o, en caso contrario por falta de candidatos o de mayoría parlamentaria, deje transcurrir los plazos previstos y queden convocadas automáticamente las próximas elecciones, que deberían ser antes de finales de febrero de 2021.

Quim Torra ya había anunciado, a primeros de este año, que convocaría a las urnas una vez aprobados los Presupuestos catalanes. Sin embargo, ya con las cuentas aceptadas, utilizó el impacto de la crisis del coronavirus para alargar su mandato.

Ahora ha sido una decisión judicial la que deja a Torra sin capacidad para ir a las urnas, convirtiéndolo, a ojos de los pro independentistas, en una víctima más de la tensión política originada tras el referéndum del 1 de octubre de 2017, del que se cumplen ya tres años, con varios de sus protagonistas encarcelados y a la espera de un indulto, sin olvidar los fugados al extranjero, o los más de 2.800 implicados en causas judiciales derivadas de aquel referéndum.

Si logran su anunciado objetivo de colcoar la próxima cita electoral en la imaginada órbita de un plebiscito, los pro independentistas buscarán, aunque divididos, superar la barrera mítica del 50 % de los votantes, que en las últimas se quedaron a las puertas, con un 47,8 %, lo que les daría más fuerza para plantear sus aspiraciones.

Llegarán a las urnas divididos. Con la presión del ex president Carles Puigdemont quien, desde Waterloo (Bélgica), mueve los hilos y espera ganar con las siglas de Junts per Catalunya (JxC), que tan buenos resultados le dieron en la última cita electoral, en diciembre de 2018. No obstante, JxC ha entrado en pleito judicial con PDCat (surgido de la antigua Convergencia, de Jordi Pujol) por el uso de estas siglas y es muy probable que acudan separados a las elecciones. Sin olvidar otras formaciones de aquel árbol caído, como el Partita Demòcrata de Catalunya, que lidera Marta Pascual, ex presidenta del PDCat.

En medio de esta sopa de siglas ex convergentes, todas las encuestas dan ganador a Esquerra Republicana de Catalunya (ERC), liderada por Oriol Junqueras, que cumple condena en la cárcel de Lledoners. Su delfín, Pere Aragonés, tendrá ahora la ocasión de demostrar su liderazgo presidiendo, aunque con carácter interino, una Generalitat que andará con muletas, ya que ni puede presentar ni aprobar nuevas leyes, hasta que las urnas clarifiquen el panorama político.

Ya hace meses que Cataluña vice su precampaña electoral y la diferencia es que ya tiene fecha límite. La gran incógnita está en si los partidos pro independentistas en su conjunto superarán, o no, la barrera simbólica del 50 % del voto.

Artículos relacionados