OPINIÓN

La España vacía en tiempos del virus se resiste a perder su belleza

Paradores de España.
Paradores de España.

Sigüenza, Soria. Una in­vi­ta­ción fi­lial para los dos pa­ra­do­res. El tiempo apre­mia, el otoño ame­naza lluvia y el con­fi­na­miento está al caer. Abandonamos el re­fugio se­rrano. Carretera de Colmenar y luego, por el puente re­cons­truido, ca­mino de la R2. Autopista de peaje. Amplia, ex­ce­lente firme y a lo sumo tres au­to­mó­viles cir­cu­lando. ¿Qué o quién im­pide con­ver­tila en au­to­vía? Este es­plén­dido bien mos­trenco aca­bará de­te­rio­rán­dose sin haber co­no­cido el pál­pito del trá­fico.

Ultimo peaje pasado Guadalajara. En seguida la carretera, la de siempre, camino de Hita y Jadraque. El día es claro, el paisaje apero, rugoso, bellísimo. Alcores con apaches en lo alto y cerros con forma de volcanes.

Hita reconstruida. El emplazamiento dedicado a juntas y torneos ahora alberga capeas y conciertos roqueros. Las viejas bodegas abandonadas. Unos lugareños llamándose cristianos expulsaron a los judíos propietarios allá por el siglo XV y en su pecado vieron como la filoxera acababa con las vides en los siglos XIX-XX. Jadraque. Una terraza sombreada porque el sol pica.

Dos mesas más allá, mujeres de pueblo y hoy señoras de villa, se quitan y se ponen las mascarillas mientras se toman su aperitivo . Hacia Sigüenza el paisaje sigue siendo formidable, amenazante. Proximidades del rio Dulce y una transmutación de la naturaleza. Lo áspero y hostil se ha convertido en un apacible jardín inglés.

Colinas primorosamente rastrilladas, limpias de piedras y adornadas por encinas de copas circulares. Todo es posible. Sigüenza con su castillo destruido durante la guerra civil y hoy convertido en un soberbio Parador solicitado para rodar desde Juego de Tronos hasta otras epopeyas medievales. La Edad Media está de moda en las proyecciones de las cadenas televisivas.

El parador, desinfección meticulosa y ordenada. Los turnos de comedor bien medidos y respetados. La ocupación raramente ha bajado del 80%. En la parte baja de la ciudad una amplia plaza mayor limitada por una catedral soberbia con una capilla, la del Doncel, que es todo una invitación en sí misma. Viendo estas cosas, uno piensa que la Edad Media no fue una época oscura como se nos ha hecho creer.

En el trayecto parador-catedral, la casa del Doncel, y en una tapia unas letras de Baroja: “Sigüenza, sombría, las aceras cuando luce el sol se llenan de viejas y niños”. Se ven pocos niños ahora, pero si dos perros fantásticos. Uno negro y grandote y otro minúsculo, canela; caminan en paralelo, ellos solos, a un trote rápido hacia el centro urbano y al poco tiempo se les ve regresar al mismo trote y manteniendo el paralelo. Azorín lo habría coloreado mejor.

De Medinaceli a Soria por la autovía de Navarra. Las carreteras de antaño son autovías ogaño. El moderno parador de Soria está en lo más alto, oteando el rio y la ciudad, marcando el divorcio entre Soria y El Duero. Caminamos por la orilla hasta San Saturio, “donde traza El Duero su curva de ballesta en torno a Soria… Los olmos hendidos por el rayo no ofrecen ninguna rama florecida”. El hongo asesino recorrió la ribera.

Vuelta hasta San Juan del Duero. ¿Existe un claustro más bello testimonio de esta unión entre el románico y el oriente? Un claustro tan desatendido. En lo alto, el parador Antonio Machado, con un índice de ocupación superior al 90%. Lluvias al mediodia y tarde soleda. La ciudades es un enjambre de normalidad, paseantes, muchos, tiendas y terrazas abiertas. Se respetan las distancias y el uso de mascarillas.

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