El sector sigue viendo a las 'fintech' más como ame­nazas que como co­la­bo­ra­dores

La banca española pasa de puntillas por el primer año de los pagos electrónicos

Las en­ti­dades se li­mitan a cum­plir los re­que­ri­mientos mí­nimos de la nor­ma­tiva

Fintech
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La tras­po­si­ción en España de la re­gu­la­ción eu­ropea sobre ser­vi­cios de pagos elec­tró­nicos acaba de cum­plir un año. La nor­ma­tiva que ame­na­zaba con cam­biar todas las re­glas del juego y que puso al sector fi­nan­ciero es­pañol al borde de un ataque de ner­vios ha lle­gado a sus pri­meros doce meses con más pena que glo­ria. Los bancos han hecho lo justo para guardar las apa­rien­cias y han sal­va­guar­dado todo lo po­sible su in­for­ma­ción clave.

La PSD2 supone sobre todo que las entidades financieras tradicionales tienen que abrir a otras empresas llamadas 'Third Party Payment Service Providers' (TPPs) sus servicios de pagos. Es decir, compartir la información que hasta ahora estaba clasificada como 'top secret'. En la pura teoría, la aplicación de la normativa supone un fuerte aumento de la competencia porque nuevos 'players' se incorporan al negocio de pagos en igualdad de condiciones.

Pero la realidad es otra y dice que las entidades financieras españolas no están poniendo todo de su parte en esta nueva era del 'openbanking'. "Los datos financieros y de pagos son lo más preciado que tiene un banco y éstos los están ofreciendo con cuentagotas. Intentan respetar el espíritu de la ley, pero en la práctica persiguen que sus nuevos competidores avancen a la menor velocidad posible. Es la ley del mercado y ocurriría en cualquier sector", señalan fuentes financieras.

Se trata por lo tanto de retrasar todo lo posible lo inevitable, a la vista de las previsiones, que dicen que 8 de cada 10 europeos operará con su banco a través del móvil a partir de 2024. Y también que el mercado global de 'open banking' crecerá a un ritmo anual del 25% en los próximos seis. Resultará imposible poner puertas al mar de un movimiento sencillamente imparable, pero la banca intenta por todos los medios retrasar el proceso.

La realidad hoy, con la PSD2 en marcha, es que la relación de los bancos españoles con sus nuevos competidores no pasa de fría. Educada y cortés si cabe, pero fría. Los expertos creen que las entidades tradicionales están muy lejos de los niveles de colaboración que podrían ser considerados como razonables y aseguran que la experiencia de usuario en los movimientos que se han producido está muy lejos de ser satisfactoria.

"Sinceramente creo que es un error, máxime si se tiene en cuenta que el primer año de la PSD2 ha coincidido con el Covid-19, que está acelerando el aumento de la operativa bancaria a través de dispositivos electrónicos. El 'openbankig' es cada vez una realidad más palpable, y sería bueno que la banca tradicional entendiera que cuanto más colabore con los nuevos jugadores más y mejor podrá ofrecer nuevos servicios en un momento de cambio radical de comportamientos en el universo de los pagos", señalan en un competidor de la banca.

Fintech, al pairo

En conclusión, los bancos ven a las 'fintech' como una amenaza para su modelo de negocio o, dicho de otra forma, como un potencial captador de clientes que hasta ahora las entidades tradicionales tenían en exclusiva. Por eso, en la práctica, se están produciendo problemas con la información suministrada, que muchas veces es insuficiente. Y también deficiencias técnicas en las API, que son las plataformas que permiten el intercambio de datos.

Los expertos creen que aún falta mucho para que se cumpla totalmente el mandato de la nueva normativa. Primero, porque los bancos no están por la labor. Y también porque hay lagunas legales que impiden un desarrollo más rápido del 'openbanking', incluso en un escenario de máxima necesidad de nuevas soluciones por el impacto del Covid-19 en la vida de los ciudadanos europeos.

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