Su de­pen­dencia de México y Turquía ge­nera pa­vor, mien­tras que España está fa­mé­lica

BBVA urge integrar a un competidor antes que una fusión lo ponga mirando a Ankara

El caso FG-Villarejo im­pide a Carlos Torres pre­sen­tarse como un 'príncipe azul'

FG y Carlos Torres
FG y Carlos Torres

El pre­si­dente del BBVA, Carlos Torres, tiene ante sí la ené­sima dis­yun­tiva desde su lle­gada al cargo hace casi dos años. La anun­ciada fu­sión entre CaixaBank y Bankia, deja a su grupo en una si­tua­ción muy com­pli­cada para man­tener el tipo en el mer­cado do­més­tico, ya mer­mado en el se­gundo tri­mes­tre, y sus prin­ci­pales ne­go­cios in­ter­na­cio­na­les, México y Turquía, ponen los pelos de punta al más pin­tado. Las de­ri­vadas ju­di­ciales del caso FG-Villarejo tam­poco ayudan a se­ducir a otra en­ti­dad.

Fusionar o ser fusionado. Esa parece la cuestión que debe de reflexionar desde hace algunos días el presidente del BBVA, como un Hamlet de las finanzas en estos tiempos tan convulsos. El anuncio de la fusión entre CaixaBank y Bankia complica aún más su papel en un mercado nacional que ha perdido peso abruptamente.

El beneficio atribuido al grupo de la Unidad en España ha pasado desde el 19,9% en marzo a tan sólo representar un 7% al cierre del segundo trimestre. El propio Carlos Torres, mientras que los supervisores pedían más fusiones para mejorar la rentabilidad, garantizaba que el BBVA mejoraría de manera significativa su posición en España. Y todo ello, por el crecimiento orgánico.

Según los datos del primer semestre del año, el 73% del beneficio proviene de sus negocios en México y Turquía, dos países considerados emergentes y cuya evolución genera serias dudas entre algunos expertos, ya que el impacto de la pandemia se ha notado después que en otras economías, incluida la española.

Además, Turquía no deja de ser un permanente dolor de cabeza para los responsables del BBVA, a pesar de su firma apuesta por ese mercado. "El repunte económico de Turquía se ha detenido de forma brusca en 2020", sentenciaba en un reciente informe Crédito y Caución.

Según los expertos de esa firma del Grupo Atradius, las medidas de confinamiento han supuesto un grave impacto tanto en la demanda interna como externa, lo que conllevaría una contracción del PIB del 5,1% en el conjunto del año. "El deterioro del riesgo crediticio y el rendimiento empresarial de algunos sectores clave se acelerará en los próximos meses debido a la profunda recesión", añaden.

Ese informe también alerta de que "una mayor depreciación de la lira [la divisa turca] aumentaría la presión sobre un sector empresarial altamente endeudado. El nivel de la deuda externa, que en su mayor parte está en manos de bancos y empresas privadas, aumentará por encima del 200% de las exportaciones de bienes y servicios en 2020".

Pocas opciones

En el mercado se especula que el movimiento de fusión, desde una posición de dominio, podría ser la del BBVA y Banco Sabadell. El resultante de la operación permitiría igualar por total de activos a la operación anunciada por CaixaBank y Bankia, con menos números de oficinas (4.360) y de empleados (46.479). Eso sí, las duplicidades serían bastantes en Cataluña, después de que el BBVA incrementara su presencia en este territorio al quedarse con Unnim y Catalunya Caixa.

Más allá del Sabadell, las opciones restantes en el mercado doméstico son poco significativas. Si intentara un acercamiento a Kutxabank, con un beneficio al cierre de junio de 137,6 millones de euros (frente a los 88 millones cosechados por el BBVA), permitiría una sede social conjunta en Bilbao.

Otra cuestión es que algunos de los directivos del grupo bancario vasco recibieran a los bebeuves de Carlos Torres con la intención de arrojarles a la ría, después de mantenerse al margen de todos los movimientos de consolidación más allá del territorio natural de las tres antiguas cajas de ahorros vascas (con la excepción de la integración de la cordobesa Cajasur por BBK, entonces aún en solitario).

El presidente del BBVA también puede optar por una posición más pasiva, a la espera de nuevos acontecimientos. Pero esos deberían llegar desde otros competidores internacionales que, por el momento, parecen poco interesados en tomar posiciones en el sector bancario español. El Santander, con la lenta digestión del Popular, está poco para más comilonas.

Artículos relacionados