ANÁLISIS

El comercio exterior se salva en un oscuro entorno pero no deja de ser una quimera

La pan­demia oculta los pro­blemas his­tó­ricos de la ba­lanza co­mer­cial tanto es­pañola como eu­ropea

Trump vs.Biden.
Trump vs.Biden.

El re­ciente com­pro­miso de mí­nimos entre la UE-EEUU para no ex­tender las res­tric­ciones aran­ce­la­rias no es prueba muy con­clu­yente sobre el desen­lace de los con­ten­ciosos abiertos entre eu­ro­peos y nor­te­ame­ri­ca­nos.

Los EEUU se oponen tozudamente a que la UE grave con nuevos y mayores impuestos a sus compañías tecnológicas. Se trata de la controvertida tasa digital. Tampoco está resuelto el desenlace del gasoducto ruso hacia Europa; incluso los aranceles con que se protege al sector automovilístico europeo está todavía en discusión. Sin olvidar el "American First" de Donald Trump.

Entre el Covid19 y un tenebroso horizonte internacional, las exportaciones españolas en junio avanzaron con ruido de timbales un 29,3% sobre las del mes de mayo, situándose, incluso, por encima de los valores contabilizados en marzo.

Las ventas al exterior descendieron, no obstante, en tasa interanual un 9,2% sobre el mes de junio de 2019. No se recuperan todavía, y veremos cuando, las cifras de los tiempos previos al coronavirus, pero sí se van enderezando respecto a los tres meses anteriores a junio 2020.

Por la vertiente de las compras al resto del mundo las importaciones también progresan sobre los meses anteriores, confirmando, también, una recuperación de la demanda. Ahora bien, en tasa interanual las importaciones cayeron un 20%.

En este juego de importaciones-exportaciones, el tradicional déficit comercial de España, se ha transformado en superávit. Por cada 100 euros de importaciones, se vendieron mercancías españolas por 107 euros al resto del mundo. Un excelente indicador en estos tiempos difíciles para el turismo.

En el primer semestre del año se repite la mayor caída de las importaciones frente al también descenso de las exportaciones. En consecuencia, el déficit comercial se recorta prácticamente en un 50%. El intercambio de productos no energéticos pasa de registrar un saldo negativo en el primer semestre de 2019 a uno positivo en 2020.

Asimismo, el continuado déficit energético experimenta una corrección del 36% motivada tanto por el descenso de los precios del petróleo como del confinamiento de los automóviles nacionales.

La distribución de nuestras importaciones y exportaciones por áreas geográficas confirma un superávit comercial creciente con la UE y la zona euro mientras el déficit con el resto del mundo disminuye.

Los alimentos y bebidas encabezan la clasificación de los sectores exportadores con un 21% del total y la particularidad de un avance interanual del 6% respecto al primer semestre de 2019. Los bienes de equipo y la maquinaria ocupan un segundo lugar.

El subsector de bienes de equipo no está inerte, mantiene su presencia entre su clientela, lo que no le impide una caída interanual del 21,5%. El sector del automóvil se desploma en tasa interanual en un 29,2%. No obstante, sus ventas representan el 13% de los 124.101 millones de Euros que España ha vendido en el primer semestre al resto del mundo.

En la vertiente importadora el primer lugar lo continúan ocupando los viene de equipo, mientras automóviles y productos energéticos registran los más acusados descensos.

Más allá de los intercambios internacionales asoma amenazante el contencioso comercial entre América y Europa, añadido a la paralización que impone el coronavirus, una especie de ciclogénesis de la que saldríamos perdiendo norteamericanos y europeos, españoles incluidos.

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