La com­pañía man­tendrá el di­vi­dendo y se com­pro­mete a no au­mentar la deuda

Repsol afronta cuatro meses clave hasta la presentación del plan estratégico en noviembre

La ener­gé­tica re­fuerza un plan de choque ante el riesgo de un nuevo de­rrumbe de los pre­cios

Antonio Brufauy Josu Imaz, Repsol.
Antonio Brufauy Josu Imaz, Repsol.

Repsol afronta cuatro meses clave hasta la pre­sen­ta­ción del nuevo plan es­tra­té­gico en no­viembre pró­ximo. El primer se­mestre ha sido muy duro para la com­pañía por el Covid-19 y tiene por de­lante unos meses cru­ciales antes de tomar unas de­ci­siones que mar­carán el fu­turo de la pe­tro­lera hasta 2025. El precio del ba­rril Brent -actualmente en 43 dó­la­res- y una re­cu­pe­ra­ción de la de­manda de com­bus­ti­bles pueden ser cru­ciales para el de­venir del grupo que pre­side Antoni Brufau

El consejero delegado, Josu Jon Imaz, se ha comprometido ante los analistas que la compañía mantendrá invariable su política de dividendos de un euro por acción y no aumentar la deuda. Hasta el 30 de junio pasado, el endeudamiento ascendía a 3.987 millones de euros frente a los 4.478 millones del primer trimestre de 2020. La liquidez del holding se eleva a 9.762 millones, lo que supone 2,43 veces los vencimientos de deuda bruta en el corto plazo frente a 1,6 veces de finales de marzo.

Es decir, los resultados del primer semestre han dejado un panorama bastante gris pero, gracias a la rapidez con la que ha actuado la compañía en sus ajustes, permiten aventurar un segundo semestre bastante mejor siempre que la pandemia no vuelva a desmadrarse. Para empezar, la demanda de combustibles está en línea ascendente y el petróleo supera los 40 dólares, nada que ver con la media de 29 dólares registrados en el segundo trimestre.

Las cuentas no han sorprendido a los inversores y, según algunos analistas como Credit Suisse, la petrolera podría cotizar por encima de los 13 euros si no se complica la situación. Barclays coloca el valor en el entorno de los 10 euros, frente a los 7,16 euros de ahora.

El comportamiento de Repsol ha estado en línea con el resto de otras petroleras. La compañía ha perdido en el primer semestre del año unos 2.484 millones de euros, tras contabilizar un impacto de 1.088 millones de euros en los inventarios de crudo y un descenso contable de los activos upstream (exploración y producción) de 1.585 millones. En los seis primeros meses de 2019, registró, en cambio, un beneficio de 1.133 millones de euros. Si no se tienen en cuenta estos dos impactos, el resultado neto ajustado, que mide el desempeño de los negocios, ascendió a 189 millones de euros.

La situación provocada por el coronavirus provocó un desplome histórico de los precios del crudo y del gas que tuvo un impacto negativo de 1.088 millones de euros en los inventarios de la compañía. Además, ante esta caída, la compañía ha revisado a la baja sus hipótesis de precios futuros del crudo y del gas y ajustado el valor de activos upstream (exploración y producción), lo que se ha reflejado en unos resultados específicos de -1585 millones de euros.

Todo ello ha llevado a la petrolera a reforzar el plan de choque que había iniciado ya en el primer trimestre del año. Para dar respuesta a los efectos de los precios del crudo y del gas, la compañía está aplicando un plan de resiliencia que contempla reducciones adicionales en sus gastos operativos de más de 450 millones de euros y de más de 1.100 millones en las inversiones, así como optimizaciones del capital circulante próximas a 800 millones, respecto a lo presupuestado a comienzo del año.

“Estamos cumpliendo con los objetivos de nuestro Plan de Resiliencia, asegurando la robustez de nuestro balance y reiterando nuestro compromiso de liderar la transición energética y alcanzar las cero emisiones netas en 2050”, ha declarado el consejero delegado Josu Jon Imaz.

Gracias a estos ajustes, la deuda neta se redujo en el segundo trimestre hasta los 3.987 millones de euros, cerca de 500 millones menos del endeudamiento registrado en marzo pasado. La compañía dispone de una holgada liquidez, de 9.762 millones, que cubre en 2,43 veces los vencimientos a corto plazo.

Durante el primer semestre, reforzó su posición financiera mediante cuatro emisiones de bonos que ascienden a un total de 3.000 millones, de los que 1.500 millones corresponden a bonos perpetuos subordinados.

Situación sin precedente

La situación sin precedentes provocada por el coronavirus impactó en las cotizaciones del crudo y del gas de referencia internacional con fuertes caídas sobre todo en el segundo trimestre del año. Según la petrolera, el crudo Brent registró entre abril y junio un descenso medio del 57%, respecto a igual periodo del año anterior, con precios medios por debajo de los 30 dólares por barril. El gas contabilizó también una caída media del 40%.

En pleno pico de la pandemia en abril pasado, el precio del Brent del Mar del Norte estuvo por debajo de los 20 dólares y el West Texas Intermediate (WTI) de EEUU llegó a cotizar por debajo de los cero dólares por primera vez en la historia.

Los contratos de futuro del Brent para entrega en junio marcaron precios mínimos de unos 15 dólares debido al exceso de oferta en los mercados y el hundimiento de la demanda. Hubo momentos en los que no se pudo almacenar más crudo y hubo que echar mano de los superpetroleros.

Por su parte, la alianza de la OPEP+ acordó rebajar la producción en unos 10 millones de barriles diarios pues la demanda había caído hasta 30 millones de barriles/día. Fruto del estado de alarma y de la inactividad económica, el consumo de gasolinas y gasóleos en España llegó a descender más de un 70%. La demanda de gasolinas cayó incluso más de un 80%.

El valor de Repsol estuvo también por los suelos, con la acción el 19 de marzo a 5,92 euros y, aunque no ha recuperado la fuerza que se espera, cotiza por encima de los 7,16 euros, lejos de los 9 dólares que llegó a estar en junio pasado.

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