La com­ple­jidad de las redes de de­litos fi­nan­cieros frena la ac­ción de la jus­ticia

Ricardo Salgado, el 'ex dueño de Portugal, procesado por extorsión y prácticas mafiosas

Levantada la veda para la caza de po­lí­ti­cos, em­pre­sa­rios y ban­queros co­rruptos

Ricardo Salgado, ex BES.
Ricardo Salgado, ex BES.

Hace unos días, la no­ticia de que los má­ximos ges­tores de la eléc­trica Electricidad de Portugal (EDP) es­taban bajo i nves­ti­ga­ción por co­rrup­ción y por lo tanto tu­vieron que dejar sus car­gos, cayó como una bomba en el país. Lo mismo pasa ahora con la con­fir­ma­ción de que Ricardo Salgado, que al frente del Banco Espirito Santo (BES) era co­no­cido po­pu­lar­mente como “DDT” (el dueño de todo el país), uti­lizó su enorme in­fluencia eco­nó­mica, so­cial y po­lí­tica para crear una tu­pida 'organización cri­mi­nal', de­di­cada a todo tipo de ex­tor­siones fi­nan­cie­ras.

El banquero de la familia Espirito Santo no estará solo en el banquillo. A su lado tendrá un montón de presuntos cómplices. Empezando por Amical Pires, que como director financiero del BES colaboró con el alma mater del grupo y de la operación, para que otros gestores, los controladores, auditores, accionistas y acreedores no llegaran a enterarse del aparente 'objetivo social' de la entidad: fabricar información falsa, destinada a las autoridades de supervisión (CNMV, BdP), comunitarias y de los países donde actuaba el grupo.

El BES era la parte más visible del imperio que llevaba el nombre de la familia Espirito Santo. Una marca con casi 150 años de historia, pero que tras la quiebra y el proceso de resolución comunitario solo pudo quedarse con activos tóxicos. Los considerados “buenos”, pasaron al Novo Banco (NB) que poco tiempo después fue adquirido por el fondo norteamericano Lone Star, que con un 75% del capital tomó el control absoluto, y con una garantía estatal de 3.900 millones para cubrir futuras pérdidas, a cargo del Fondo de Resolución (FR), con una participación del 25%.

Según el acta de acusación, lo que mejor hacían Ricardo Salgado y sus cómplices era sacar el máximo provecho de la extrema complejidad de los negocios de la familia, para manipular las cuentas y la información contable y financiera del BES. Hasta el punto de que en momentos difíciles para el sector, cuando los rivales CGD, BCP, BPI necesitaron en 2012 una ayuda estatal de 12.000 millones, el BES tenia los acreedores, los auditores y los supervisores como hipnotizados, y solo cabía elogios para la gestión de Ricardo Salgado al frente del banco.

La cosa viene de antes

Sin embargo, al inicio de la década de 2000, ya se hablaba en el sector de la “promiscuidad” entre el BES y el GES, y también de extrañas complicidades con el poder político. De hecho, hubo una época en la que prácticamente no se hacía ningún gran negocio en el país sin la participación del “DDT”, que actuaba con manos largas, para comprar favores. En el 2008, por ejemplo, pagó unos 12 millones a un intermediario financiero muy cercano al entonces primer ministro socialista Jose Sócrates, que siegue pendiente de un proceso por corrupción.

Fue por esa época cuando empezó el descalabro del imperio Espirito Santo. Descapitalizado, el GES ya no podía seguir distribuyendo los mismos suculentos dividendos de antes, y para financiar su expansión realizó polémicas emisiones de deuda comercializadas a través de la red comercial del BES (son miles los clientes defraudados que reclaman la inversión perdida). Además, para camuflar tanto el origen de los fondos como la identidad de los beneficiarios, todo se hizo a través operaciones cruzadas, entre la tupida telaraña formada por les empresas del grupo.

Y todo fue a peor a partir de junio 2011, tras la pérdida de la cobertura política que tenía garantizada con Sócrates. Llegó una nueva mayoría conservadora dirigida por Passos Coelho, que se puso bajo la supervisión de la “troika” FMI/BCE/UE, a cambio de una ayuda de 78.000 millones. Para sorpresa de muchos analistas, en abril de 2014 el BES aun realizó un aumento de capital de 1.000 millones, exigido por el Banco de Portugal. Salgado utilizó su encanto para engañar a los inversores, pero pasados solo tres meses, llegó el golpe definitivo, y tuvo que renunciar.

Más de 25 acusados en el banquillo De hecho, según la Fiscalía, que en esta primera fase del proceso sentara en el banquillo 25 acusados, a los cuales imputa una extensa lista de delitos financieros (corrupción activa en el sector privado, fraude fiscal, blanqueo de capitales, entre otros), que provocaron pérdidas por un total de 11.800 millones, tres años antes de la renuncia forzada de Salgado, cuando ya tenía el BdP y la CNMV pisándole los talones, el GES llevaba ya 5 años en situación de quiebra, con 2.700 millones de fondos propios negativos.

Fiscalía manipulada

Aunque deberá responder por un total de 65 delitos, Ricardo Salgado sigue proclamando su inocencia. Su tesis es que la Fiscalía fue manipulada por el ex gobernador del BdP, Carlos Costa, que agotó hace poco su último mandato, y cuyo sucesor Mario Centeno, hizo los últimos años de “Ronaldo de las Finanzas” en el gobierno socialista de António Costa. Pero, además del enorme peso de las pruebas, la acusación tendrá de su lado antiguos banqueros como el ex CEO del BPI Fernando Ulrich y hasta dos primos de Salgado, António y José Maria Richiardi.

En la media docena de años que la Fiscalía necesitó para culminar su investigación, que suma más de 3.000 folios, Ricardo Salgado siguió llevando una vida normal, como si nada tuviera que temer y fuera todavía dueño y señor del país. De hecho, aunque tenga los bienes inmovilizados, no sabe lo que es una cárcel, mantiene un “staff” de alto nivel (“chauffeur”, tres secretarias, tres asesores de prensay seguridad), tiene libertad para viajar al extranjero y sigue viendo al ex Chef del Estado Cavaco Silva, cuya segunda campaña presidencial (2011) recibió financiación del GES.

Este proceso es el primero de los ocho que la Fiscalía tiene levantados contra él ex banquero. Y caben posibilidades de que los juicios previstos no lleguen nunca a buen puerto: además de su proverbial lentitud, la justicia portuguesa deja a los acusados una gran margen de maniobra para multiplicar los recursos, con que, con ayuda de un ejército de abogados, son muchos y hasta la mayoría los que quedan por el camino, por prescripción legal. Lo mismo pasará con las multas: Salgado fue ya condenado a pagar una de 3,7 millones, pero está recurrida.

Se libran de la cárcel

Tratándose de banqueros condenados, lo normal en Portugal es que no lleguen nunca a pisar la prisión. Y cuando lo hacen, es solo de paso: pese a que en términos relativos la banca lusa es en Europa una de las que provoca mayores costes al Estado, por prácticas ilícitas y gestión lamentable, el país no tuvo nada parecido a lo que pasó en España con Mario Conde, Rodrigo Rato, y quien sabe si Francisco González. Lo mas parecido fue la condena de 15 años dictada contra Oliveira e Costa, tras su paso por la presidencia del antiguo BPN, pero que no fue nunca aplicada.

Antiguo ministro de Cavaco Silva, antes de ser juzgado y condenado Oliveira e Costa pasó 2 años en prisión preventiva, sacando el máximo provecho de los recursos judiciales y de los plazos de prescripción, y pese a que la condena por falsificación de documentos, blanqueo de capitales, abuso de confianza, etc., fue ratificada dos veces, el exbanquero llevó una vida normal en su domicilio, hasta su reciente fallecimiento, a los 84 años. El daño provocado al Estado alcanzó los 5.000 millones y podrá superar los 10.000 millones.

El caso más reciente fue el de Joao Rendeiro, que fue procesado en 2013 y 2016 por un buen puñado de delitos financieros al frente del antiguo BPP donde acumuló ingresos ilícitos por un total de casi 50 millones de euros. ¿Y qué pasó al final? Pues que fue condenado a 5 años de prisión, pero con pena suspendida, porque el BPP no tenía gran peso en el sector y sobre todo porque el condenado lleva ya una vida normal y tiene demostrada su “reinserción social”.

Este criterio de la “reinserción social” benefició igualmente a Jardim Gonçalves, que estuvo 14 años al frente del mayor banco privado del país, el BCP, donde cometió delitos tan serios como alteración de los mercados, fraude, falsedad documental. Por todo ello fue condenado a dos años de cárcel, que no tuvo que cumplir porque según los jueces, además de estar muy bien integrado a la sociedad, fue pena suficiente la vergüenza que pasó ante la opinión pública. Además, ganó al BCP un juicio para seguir cobrando su pensión mensual de 167.000 euros.

Lo cierto es que el panorama que ofrece hoy la banca lusa no está para calentar el corazón de los patriotas portugueses, ya que solo queda una gran institución financiera con un 100% de control nacional, la estatal CGD. Todo lo demás pasó bajo control extranjero, principalmente español; eso sí poniendo dinero y capitalizando las entidades. Tras la adquisición del Totta en la época del Banesto y Central Hispano, el Santander sumó BNP y Banif; CaixaBank tiene el control total del BPI; los mayores accionistas del BCP son chinos y angoleños; y Lone Star sacó renta del colapso del BES par quedarse con 75% de NB.

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