ANÁLISIS

Sánchez se queda solo ante el fondo de rescate tras el fracaso de Calviño en el Eurogrupo

Cita de los lí­deres eu­ro­peos el viernes y sá­bado en Bruselas para aprobar el plan de re­cu­pe­ra­ción

Rescate europeo.
Rescate europeo.

Pedro Sánchez se en­frenta en so­ledad a una se­mana clave para el fu­turo de sus le­gí­timos in­tereses po­lí­ticos per­so­nales y, lo que es más im­por­tante, para poder ob­tener los me­dios ne­ce­sa­rios para el sa­nea­miento de la eco­nomía es­pañola, una de las más du­ra­mente gol­peadas en el mundo por la crisis de la COVID-19.

Los jefes de Estado y de Gobierno debaten en Bruselas, en esta ocasión de forma presencial, un acuerdo sobre el Marco Financiero 2021-2027 y sobre el Fondo de Recuperación para superar la crisis del coronavirus.

Lo hace después de que Nadia Calviño fracasara en su intento de presidir el Eurogrupo, el foro de ministros de Economía y Finanzas de los 19 países de la eurozona, que ha supuesto un importante golpe para la imagen internacional de España.

La derrota de Calviño en la lucha por hacerse con la presidencia del Eurogrupo ha supuesto un grave tropiezo para España en este momento decisivo para el futuro de la Unión Europea. Fuentes diplomáticas alertan de que España no ha sabido trabajar la segunda votación en la que fue maestra en los momentos clave de la transición española cuando llegó a presidir o dirigir los principales organismos internacionales.

Pese a tratarse de un organismo informal, sin poder ejecutivo, en la práctica el Eurogrupo diseña las líneas maestras de la política económica europea que, con posterioridad, suele adoptar el Ecofín, donde se reúnen los 27 países miembros de la Unión Europea.

Aunque cuenta con un solo voto a la hora adoptar las decisiones, como el resto de los 19 países que han adoptado el euro, el presidente del Eurogrupo es el responsable de fijar el orden del día de las reuniones, prepara y dirige los debates, y se convierte en el interlocutor con los jefes de Estado y Gobierno tanto en las cumbres europeas así como a la hora de preparar las grandes decisiones de política económica y social. Además, representa a la eurozona en los foros internacionales entre ellos el BCE o el FMI.

La responsabilidad de la pérdida de esta batalla es de Nadia Calviño y de Pedro Sánchez, pero las consecuencias las va a sufrir España en un momento de escasa representación de nuestros intereses en los puestos relevantes del Ejecutivo comunitario.

España, que habitualmente ha contado con 4 directores generales en la Comisión Europea, como ocurre con los principales países de la Unión, en la actualidad solo cuenta con un director general, Daniel Calleja, quien, tras fracasar en su intento de hacerse con la secretaría general de la Comisión, ha conseguido la relevante dirección de asuntos jurídicos. Hemos pasado de ser como Francia, Alemania o Italia a ser como Chipre.

Como recuerdan los mencionados diplomáticos que participaron en las negociaciones para la consecución de altos cargos internacionales para representantes españoles, España no ha sabido negociar en esta ocasión la oportunidad que supone ir a una segunda ronda de votaciones.

España tiene amplia experiencia en la materia. En su momento ocupó la presidencia del Parlamento Europeo, la Secretaría General de la OTAN, la presidencia de la Comisión Europea, la secretaría general del Consejo de Europa, consiguió la celebración de las Olimpiadas y de la Exposición Universal.

Hasta el último expresidente soviético, Mijaíl Gorbachov confesó a Felipe González su deseo de conseguir algo similar para Rusia, empeño que el expresidente del Gobierno le expresó sería imposible, porque mientras España se había convertido en el país modelo del tránsito a la democracia, no era el caso de la Federación de Repúblicas Socialistas Soviéticas.

El fracaso de Calviño debe servir de acicate al presidente del Gobierno para que España logre en la Cumbre, en la que los Jefes de Estado y de Gobierno de la Unión Europea afrontan el reparto de los recursos del presupuesto para el septenio 2021-2027 y del Fondo de Recuperación para afrontar los gravísimos problemas que está generando la crisis del coronavirus, lo que no ha conseguido en el eurogrupo.

Es muy pertinente el viaje del presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, junto al primer ministro portugués, Antonio Costa, de este lunes a La Haya, para intentar convencer al primer ministro holandés, Mark Rutte, para que dé el visto bueno al Presupuesto y al Fondo.

Holanda dice que no

Sánchez y Costa conocen de antemano la respuesta de Holanda. Los holandeses han reiterado que no tienen prisa alguna por aprobar el Fondo de Recuperación en la cumbre del próximo 17 y 18 en Bruselas, no están dispuestos a dar dinero gratis, y las ayudas tienen que ir acompañadas de compromisos de reformas nacionales del país que las reciba.

Es el mensaje que ha repetido Rutte en dos ocasiones en los últimos 10 días. La última el pasado viernes, tras el encuentro con el presidente del Consejo de Ministros italiano, Giuseppe Conte. Parece que el vencedor del encuentro fue Rutte, pues el primer ministro italiano se apresuró a confesar que Italia ha comenzado a hacer las reformas.

Tras la cenar en un conocido restaurante en la Haya, Conte escribía en su cuenta de tuiter que “Italia ya ha comenzado a trabajar en la perspectiva de reformas estructurales e inversiones que conducirán a una recuperación. No hay duda de que debemos asegurarnos de que el plan de recuperación sea efectivo y real porque si lo infligimos con condiciones que tendrían el efecto de ralentizar la recuperación, podrían volverse ineficaces, pero este no es el espíritu de este proyecto. Debemos evitar quedar atrapados en una burocracia que la hace menos efectiva, cuando todos los países trabajan para reducir la burocracia”.

¿Qué dirá Pedro Sánchez tras el encuentro conjunto que mantendrá con Costa con el primer ministro holandés líder del club de los sobrios?

Para el presidente, tan importante como convencer a los holandeses será explicar en el ámbito interno la parte que acepte aprobar de las exigencias planteadas por Rutte a cambio de las ayudas europeas.

¿Qué parte de las reformas fiscales exigidas por Holanda, Dinamarca, Austria y Suecia está dispuesto a aceptar y explicar a la ciudadanía española? ¿En qué medida son compatibles el cumplimiento de las exigencias de los sobrios con los acuerdos alcanzados con sus socios de Gobierno de Unidas-Podemos, cuyo mensaje más repetido en los últimos días de la campaña de las elecciones gallegas y vascas era que el acuerdo era gastar, gastar y gastar?

Son tantas preguntas y con tantas repercusiones que ni siquiera la ampliación del consejo europeo hasta el sábado servirán para responderlas. Pero Sánchez sabe que para recibir el dinero tendrá que empezar a irlas respondiendo.

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