OPINIÓN

Diciendo adiós a la epidemia: su efecto no ha sido tan devastador

¿Por qué es no­ticia de pri­mera pá­gina la caída de la pro­duc­ción in­dus­trial? ¿Es que había al­guien que lo du­daba?

Muchas em­presas y ne­go­cios han echado el cie­rre, pero esos mismos y otros ya em­piezan a le­van­tarlo. La pan­demia no está re­sul­tando ser tan de­vas­ta­dora como se pudo temer a me­diados de marzo. Hemos so­por­tado una en­claus­trada pri­ma­vera, pero, eso sí, sal­pi­cada de llu­vias abun­dan­tes. El campo es un pri­mor: flores y hierba verde y co­lores blan­cos, ro­jos, ama­ri­llos, mo­ra­dos.

Actividades de proximidad con falta de mano de obra. ERTEs y Seguro de desempleo: excelentes prevenciones para no doblar el espinazo y embolsarse un dinerito. Empresas activas y a la vez beneficiarias de los ERTEs: dos veces ganadoras, más ingresos y menos gastos salariales, menos cotizaciones a la Seguridad Social. ¡Ya veremos como salen las cuentas públicas! Por lo pronto el manto protector de la UE y su brazo armado el BCE tapan agujeros e inyectan liquidez.

Ninguna sombra de chalecos de colores, ningún rechazo empresarial al diálogo con el Estado. Buenas noticias para el gobierno. Tranquilidad en las calles y ruido confinado al Parlamento. Remontada y recuperación sin paliativos. Señales, y no pocas, apuntan en esa dirección. Las trifulcas parlamentarias tienen su eco en las teles y periódicos, pero la clientela de tales noticias ni es tan extensa ni tan crédula.

Brotes empresariales y aumento en el número de cotizantes a la Seguridad Social. Todo un mensaje para las señorías parlamentarias si dejasen de taparse los oídos. El C´s de Garicano reclama concordia y dedicación.

Natural y desgraciadamente se cometen meteduras de pata, no tanto imputables al funcionamiento de las instituciones, como a las salidas imprudentes de contados dirigentes. Ahí esta el caso de la Guardia Civil. Cuando se cesa a quien ocupa un cargo de libre designación, se le cesa sin más, sin dar explicaciones. También cuidado con esa generosidad a la hora de nombramientos en presencia de una abúndate oferta de funcionarios públicos que ya cobran del Presupuesto y saben de lo suyo, si, naturalmente, se les deja.

La crisis del coronavirus no ha tenido un efecto tan devastador que obligue a comenzar de cero; si ha dado una fuerte sacudida al andamiaje productivo y provocado una anchísima brecha en las cuentas públicas. ¿Serán necesario mas robots que no contaminan para realizar muchas operaciones mecánicas?; ¿Más teletrabajo y también más impuestos? Estos y otros muchos interrogantes que solo el paso del tiempo irá despejando.

En cuanto a las cuentas públicas bien está lo que se ha hecho, con esos ERTEs a discreción. Ahora bien, y desde ahora mismo, se impone la máxima exigencia en la composición del gasto público. Ni un euro de más cuando se puede actuar con lo que se tiene. El rigor es la primera línea en la página de la eficacia porque la factura que aguarda es de aúpa. ¿Somos de verdad “un gran país” o seremos en el futuro un “Estado fallido”?

Estamos saliendo del estupor y del miedo. ¿Y acaso esos campos otrora yermos y hoy reverdecidos, ese aire ciudadano cristalino no son una calurosa invitación para tejer una economía más limpia y menos autodestructiva de nuestro planeta? Ambiciones estas más fáciles de desear que de cumplir. ¿Alguna reflexión por parte de nuestros legisladores? ¡Miremos todos hacia delante, por favor!

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