BANCA

La pa­tronal ban­caria ce­lebra su asam­blea anual en un mo­mento de gran in­cer­ti­dumbre

Roldán (AEB) llega al ecuador de su segundo mandato entre el Popular y la pandemia

La ren­ta­bi­lidad del sector y su repu­tación están más en en­tre­dicho por la ac­tual si­tua­ción

José María Roldán, AEB.
José María Roldán, AEB.

El pre­si­dente de la Asociación Española de Banca (AEB), José María Roldán, en­cara la pró­xima se­mana la asam­blea anual de su aso­cia­ción justo a la mitad de su se­gundo man­dato, mar­cado entre la re­so­lu­ción del Banco Popular hace tras años y la in­cer­ti­dumbre exis­tente por la pan­demia del Covid-19, en la que la banca se juega algo más que se ya men­guada ren­ta­bi­li­dad. Son mu­chos los que aún cues­tionan el fun­cio­na­miento de los bancos ac­tuales y, por tanto, su mala ima­gen.

Al igual que ha ocurrido con las juntas de algunos de sus asociados o de aquellas entidades aún pertenecientes a la Confederación Española de Cajas de Ahorros (CECA), la asamblea anual de la Asociación Española de Banca (AEB) se ajustará dentro de una semana a las medidas de prevención sanitarias: telemática y sin contacto, aunque ya se haya iniciado la tan mencionada "desescalada".

El presidente de la patronal bancaria, José María Roldán, llega a la mitad de su segundo mandato al frente de las entidades asociadas a la AEB entre dos hitos que han situado a todo el sector en el punto de mira, aunque por motivos muy distintos.

Su nuevo mandato, por el plazo de otros cuatro años, se producía tras la resolución del Popular de la que ahora se cumple tres años y con algunas heridas aún sin cicatrizar por parte de algunos. La caída del grupo que entonces presidía Emilio Saracho era la primera que se producía entre los asociados de la AEB. Hasta entonces, la crisis financiera se ceñía a las cajas de ahorros mal gestionadas.

La resolución del Popular, que se produjo en la madrugada del 6 al 7 de junio de 2017, supuso una auténtica convulsión en todo el sector, aunque los problemas del grupo ya se evidenciaban desde muchos meses antes, entre el derrocamiento de Ángel Ron como presidente y la llegada de un Emilio Saracho que, desde el primer momento de tomar las riendas, parecía más dispuesto a la venta del banco que a su mantenimiento.

La adjudicación del Popular al Santander por el precio simbólico de un euro generó muchas polémicas que aún perduran ante los tribunales y algunos ámbitos de la sociedad. Pero sin la entrada en juego del grupo de Ana Botín, el perjuicio habría sido mayor por las pérdidas que se habrían tenido que encajar con dinero público.

El presidente de la AEB ha defendido esa misma tesis en varias ocasiones. José María Roldán recuerda de manera insistente que las ayudas públicas para el rescate bancario fueron las que se destinaron a las cajas de ahorros y destaca el papel activo de sus asociados para minimizar el impacto de la crisis de 2008.

Compromiso riguroso

Sin que todo el sector bancario se haya librado desde entonces de las quejas por el dinero público inyectado en la anterior crisis, la situación actual es también muy compleja para la mayoría de las entidades. Al margen de la presión de los tipos negativos, los bancos luchan por mantener una rentabilidad amenazada por la pandemia sanitaria y con su reputación también cuestionada.

Las entidades bancarias han tenido que asumir la canalización de los créditos con avales públicos, las conocidas como líneas ICO, para paliar los problemas de financiación del tejido empresarial, sobre todo de pymes y autónomos. Su concesión no ha estado exenta de polémicas.

Al mismo tiempo, y según los últimos datos del Banco de España, el sector ha atendido hasta finales de mayo 258.611 solicitudes de moratoria con garantía hipotecaria y casi 384.000 de créditos al consumo. La mayoría de las peticiones han sido atendidas.

Dichas moratorias no suponen "una subvención a fondo perdido", como ha sostenido recientemente el presidente de la AEB. Frente a los que exigen la condonación total de las deudas de los clientes, José María Roldán ha recordado que los créditos deben ser devueltos, sobre todo para poder responder ante los depósitos de otros clientes.

Es decir, la banca puede comprometerse en unos momentos tan complejos como los actuales, pero el rigor de la concesión crediticia o en la negociación de los préstamos ya otorgados es clave para que el menguado negocio de todo el sector bancario pueda mantenerse bajo la premisa esencial del mismo: captar dinero para prestar.

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