La cre­ciente re­la­ción te­le­má­tica por la pan­demia in­vita a una mayor re­duc­ción

La banca aterriza en "la nueva normalidad" con un 47% menos de sucursales

Aunque la ofi­cina aún sea clave, la ten­dencia es clara en el tiempo según el sector

Sucursales bancarias.
Sucursales bancarias.

El sector ban­cario es­pañol ha adel­ga­zado en la úl­tima dé­cada de ma­nera con­si­de­ra­ble, tanto en la red de ofi­cinas como en el nú­mero de em­plea­dos. No obs­tante, la aguda crisis por la pan­demia y la uti­li­za­ción, casi a la fuerza para al­gunos clien­tes, de los ca­nales te­le­má­ticos avanzan una nueva poda de la di­men­sión de re­des, que ya se ha ajus­tado un 47% en los úl­timos años, mien­tras que la plan­tilla de los bancos es­pañoles es un 35% me­nor. Y sus di­rec­tivos sos­tienen que la ten­dencia es clara en el tiempo.

Si algunos bares o comercios se verán abocados a echar el cierre de manera definitiva como consecuencia del impacto económico de la pandemia, la "nueva normalidad" también conllevará un menor número de oficinas bancarias en las calles de España tras todo lo sufrido y lo que queda, desgraciadamente, por sufrir.

Más de uno habrá comprobado cómo la sucursal de determinada entidad acababa siendo cerrada, por la desaparición incluso del grupo al que pertenecían, y reconvertida en clínica dental o en comercio con cualquier actividad muy distinta a la bancaria que se prestaba hasta hace no mucho.

Según datos de la Asociación Española de Banca (AEB), el número de sucursales se ha reducido desde el inicio de la anterior crisis en 2008 en un 47%, hasta las 24.000 actuales, mientras que las plantillas de las entidades se han quedado en 177.000 empleados, un 35% menos en igual periodo.

El propio presidente de la AEB, José María Roldán, reconocía hace alguna semanas que esa es "una clara tendencia en el tiempo" y que se mantendrá a corto y medio plazo. Sobre todo, después de cómo se ha llegado a operar por canales digitales en los momentos del confinamiento por el estado de alarma.

Algunos clientes, poco familiarizados con las operaciones telemáticas, han tenido que recurrir a esos canales, bien de manera directa o con la ayuda de personas cercanas que les pudieran guiar en las operaciones que tenían que hacer con sus respectivos bancos.

De igual manera, la brecha digital ya no sólo se produce entre las personas mayores y los nativos digitales. En las actuales circunstancias, miles de hogares pueden carecer de los recursos necesarios, sobre todo monetarios además de técnicos, para poder conectarse con su banco por canales distintos a los de la oficina.

Prueba de ello son las largas colas de espera que se registran a las entradas de las sucursales que aún están abiertas, bien por la actual campaña de la Renta o por la tramitación de moratorias de aquellos clientes que se han visto en el paro o en alguno de los expedientes de regulación temporal de empleo (los ya famosos Ertes).

Exclusión forzosa

Desde el inicio de la actual crisis, aunque tan sólo hayan pasado poco más de 12 años, muchos colectivos habían advertido de la exclusión financiera a la que se condenaba a buena parte de los clientes bancarios, con el cierre de oficinas y su derivación a localidades apartadas para muchos de ellos. Es decir, la que se ha venido en definir como "la España vaciada".

Si se cumplen algunas previsiones, incluso por parte de los grandes grupos bancarios españoles, el sector aún podría acometer una reducción de casi la mitad de su actual red de oficinas, por lo que el total de sucursales quedaría en unas 12.000 en el conjunto del país.

En el caso de que se llegara a ese número, las dificultades ya no serían tan sólo para aquellos habitantes de pequeñas poblaciones prácticamente aisladas y desbancarizadas en la actualidad. Algunos núcleos urbanos se verían también afectados por el ajuste que llevarán a cabo los bancos españoles.

A todo ello se suma, por supuesto, la menor necesidad de empleados. Muchos consideran que el teletrabajo, tras todo lo vivido por la pandemia en los últimos meses, es otra "nueva normalidad". Al margen del personal a pie de calle, también deberían estar alertas en los servicios centrales de cada uno de los bancos.

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