OPINIÓN

Euskadi: el triunfo de la voluntad

Todas las en­cuestas apuntan a una vic­toria abul­tada del na­cio­na­lismo vasco en las elec­ciones de julio

Íñigo Urkullu, PNV.
Íñigo Urkullu, PNV.

Cincuenta años des­pués del Juicio de Burgos, cua­renta años des­pués de la apro­ba­ción del Estatuto de Autonomía, la so­ciedad vasca se dis­pone a pro­clamar este pró­ximo mes de julio el triunfo abru­mador del na­cio­na­lismo vasco en el Parlamento de Vitoria. Es el triunfo de la vo­luntad de unas fuerzas po­lí­ticas y so­ciales que han im­puesto su he­ge­monía con una eficaz com­bi­na­ción de as­tucia y fuerza, de per­sua­sión y de in­ti­mi­da­ción ante unos ad­ver­sa­rios des­ar­mados ideo­ló­gica y mo­ral­mente. Del Estado, que diría una na­cio­na­lista con­verso, no queda en Euskadi ni la raspa.

A menos de un mes de las elecciones autonómicas las formaciones políticas que defienden la independencia de Euskadi suman una cómoda mayoría según todas las encuestas. Si le suman los votos del otro partido que defiende el derecho a la autodeterminación, Podemos, podrían superar los dos tercios.

Una posición de fuerza que se ve, en parte, apuntalada, por la tendencia del Partido Socialista de Euskadi a apoyar los gobiernos nacionalistas. El camino recorrido por el socialismo vasco ha quedado reflejado recientemente en las palabras de un dirigente guipuzcoano en referencia a Felipe González y los GAL. La memoria también ha cambiado de bando. PP y Ciudadanos van abrazados a unas elecciones en la que esperan sobrevivir ante la avalancha nacionalista y compañeros de viaje.

Parece claro que el artífice de este éxito político y social es el Partido Nacionalista Vasco ((PNV) que pese ha haber sufrido una escisión importante y perdido el Gobierno de Vitoria en un momento dado, nunca ha dejado de tejer y ampliar sus redes en la sociedad vasca en los últimos cuarenta años.

Pero su éxito mayor, si cabe, lo ha tenido en el Madrid político, donde siempre se ha vendido como una solución incluso a los problemas que el mismo creaba. La derecha y la izquierda española han comprado en diferentes etapas el “mal menor” del nacionalismo del PNV, al que imaginaban conservador, católico y anglófilo. Y nunca han querido ni ver ni oír lo que le PNV nunca ha ocultado: su intención de construir una sociedad para la independencia.

Una de las señales inequívocas del vigor del nacionalismo vasco ha sido su avance en Navarra, territorio sagrado e irredento del nacionalismo, donde ha tocado el poder con la colaboración del Partido Socialista de Navarra. Recuerdo en el año 1981 la visita de un diplomático francés, yo era entonces delegado general de la Agencia EFE en el País Vasco, para interesarse sobre la situación del nacionalismo en Navarra.

Entonces parecía una preocupación irreal dada la situación por la que atravesaba la Comunidad Autónoma Vasca pero daba una idea de los intereses del país vecino. Con el avance del nacionalismo en Navarra se ha producido una curiosa pugna en la familia nacionalista por la designación del territorio. Euskadi o Euskal Herria.

Me acuerdo que hace unos años Iñaki Anasagati escribió en su blog su interpretación de esa polémica: “Yo he discrepado, discrepo y discreparé de esa iniciativa, profundamente antisabiniana que de la noche a la mañana y gracias al poderío de EITB y gentes vinculadas a la IA están tratando de que lo que durante ochenta años llamamos Euzkadi o Euskadi sea ahora Euskal Herria por mor de un miembro de ETA que decidió iniciar una campaña al efecto. Los comunicados de ETA pasaron de llamar a Euzkadi-Euskadi para denominarla Euskal Herria”.

Pero la margen de esas peleas simbólicas sobre la progenitura del movimiento, el triunfo del nacionalismo no es incompatible con las encuestas que reflejan poco interés en la sociedad vasca por la independencia. Tanto en le PNV como en Bildu parece existir la certeza de que la debilidad aparente del Gobierno central ante el desafío separatista del nacionalismo catalán, Ho tornarem a fer, se saldará con una crisis/acuerdo que modificará las relaciones del Estado con la comunidades autónomas. Y ahí el País Vasco, Euskadi o Euskal Herría, con sus mayorías, tendrá su momento para opinar y decidir.

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