Los ex­pertos ad­vierten de que la caída de la li­quidez traerá más irre­gu­la­ridad a los pre­cios

Las bolsas auguran un verano caliente de volatilidad y alta tensión

Los ex­tra­or­di­na­rios ban­dazos de las co­ti­za­ciones ahu­yentan a los in­ver­sores es­ta­bles

Bolsas
Bolsas

La bolsa se adentra en el tramo final de una de las pri­ma­veras más ca­lientes de la his­toria mo­derna. Ese gran cisne negro lla­mado co­ro­na­virus ha puesto patas arriba los mer­ca­dos, que tienen que con­vivir con unos ni­veles de in­cer­ti­dumbre y vo­la­ti­lidad que por mo­mentos son, en pa­la­bras de los pro­fe­sio­nales del mer­cado, "sencillamente inacep­ta­bles". Uno de ellos se pro­dujo el pa­sado jue­ves, cuando el Ibex 35 perdió el 5% de su va­lor.

El verano asoma ya la patita y las bolsas mundiales no ofrecen signos de relajación. Pueden combinar subidas y bajadas estratosféricas, en cualquier caso no aptas para cardíacos, y siguen hipersensibles, demasiado hipersensibles... Que la Reserva Federal estadounidense pintara el miércoles un escenario económico incierto y que Estados Unidos registrara un repunte de los casos del coronavirus no podía ser descartado por nadie. Pero cotizó como si de una gran sorpresa se tratara.

"Estamos en unos mercados muy especulativos, con más operaciones de puro 'trading', de muy corto plazo, que de inversores finales. La caída del 5% del jueves demuestra que el fondo de mercado es muy débil. La situación es de enorme inestabilidad, lo que explica que el Ibex 35 pueda pasar de luchar por los 8.000 puntos a defender el soporte de los 7.000 sin solución de continuidad. En estas condiciones es imposible mantener la calma", señalan fuentes bursátiles.

Por lo tanto, el mercado se mueve a golpe de impulsos. En concreto de los que imponen los inversores especulativos, que entran y salen a velocidad de vértigo de los valores. Su impacto es extraordinario incluso en valores grandes, como los bancos. El sector es capaz de subir un 25% en poco más de una semana y de caer un 15% en tres días inmediatamente después. Es un paraíso para los operadores a corto, pero una tortura para quienes toman posiciones a medio y largo plazo.

Demasiados cambios de rumbo

"¿Qué inversor puede aguantar semejantes cambios de rumbo? Sólo quien tiene muy poca aversión al riesgo y un corazón a prueba de bomba. Y de esos hay muy pocos entre los gestores y los inversores particulares españoles. Muchos se han perdido el rally de las seis primeras sesiones de junio y es muy dudoso que vayan a entrar en bolsa aprovechando la corrección que está en marcha ahora. A simple vista, parece una opción razonable", señalan fuentes financieras.

Los expertos no creen que la situación vaya a dar un vuelco en las próximas semanas. El descenso de la actividad que provocan las vacaciones veraniegas tendrá efectos sobre la liquidez del mercado. Y, por lo tanto, redundará en la volatilidad. Los expertos esperan un verano muy caliente, de continuos cambios de orientación y movimientos muy bruscos en los precios. La razón es que seguirá habiendo noticias contradictorias sobre el coronavirus y las economías mundiales seguirán muy tocadas.

"Va a ser un verano difícil, la antesala de un otoño que será previsiblemente muy duro en lo económico y en lo social. Creo que habrá muchas tensiones en las bolsas, que además han corrido mucho, demasiado, en el arranque de junio. Ahora se está produciendo una limpia, pero ya veremos hasta qué punto es suficiente. Los precios no son ahora tan atractivos como cuando acabó mayo", señalan en una gestora nacional que está haciendo acopio de liquidez.

Muchos inversores podrían hacer lo mismo en la antesala de un verano que promete ser movidito. Tal y como están las cosas, es posible que numerosos bolsistas cierren más posiciones de lo normal para irse de vacaciones tranquilos. La Reserva Federal, su advertencia de que el camino hasta la recuperación será lento y su intención de mantener los tipos en el 0% hasta finales de 2022 son sólo el último 'warning'.

Artículos relacionados