Las com­pras en TPV su­peran el mi­llón hasta marzo y el uso del ca­jero cae un 17,72%

La crisis sanitaria fuerza a los españoles a incrementar el uso de tarjetas de crédito

Las me­didas pro­fi­lác­ticas y el cierre de su­cur­sales ace­leran los cam­bios en los há­bitos de pago

Tarjetas de crédito.
Tarjetas de crédito.

Los há­bitos en el pago de com­pras o ser­vi­cios han cam­biado de ma­nera ra­dical en las dos úl­timas dé­ca­das. El uso de las tar­jetas ban­ca­rias en los dis­tintos co­mer­cios han co­mido te­rreno a las re­ti­radas de efec­tivo en los ca­jeros au­to­má­ti­cos, sobre todo en los úl­timos años. Prueba de ello es que en el primer tri­mestre de 2020, cuando la crisis sa­ni­taria aún es­taba en un mo­mento in­ci­piente, el pago con tar­jeta ha re­pun­tado por en­cima del mi­llón de ope­ra­cio­nes, mien­tras que las re­ti­radas de efec­tivo se con­traen casi un 18% en la com­pa­ra­tiva in­ter­anual.

Cerca de 1,1 millones de pagos con tarjeta en los terminales punto de venta (TPV) en el primer trimestre de 2020, un 7,69% más que en el mismo periodo de 2019. El incremento del importe (2,26%) es menor, hasta casi 36.900 millones de euros.

Estos últimos datos del Banco de España reflejan que el uso del dinero de plástico gana terreno ante el uso de efectivo. Las retiradas en cajeros automático en ese mismo periodo caen un 17,72% en el número de extracciones y un 9,26% en el dinero en metálico extraído de los dispositivos.

Esta diferencia tan sólo confirma la evolución de las dos últimas décadas, en las que las operaciones con tarjetas han superado con creces a las retiradas de efectivo de los cajeros, aunque fueran para el pago en el establecimiento que hubiera al lado de la oficina bancaria aledaña.

Más significativo será el dato correspondiente en el segundo trimestre de 2020, ya que ha sido el momento en el que la mayoría de establecimientos o comercios han aceptado más el pago con tarjetas para evitar mayores contactos que las derivadas con el pago del dinero en efectivo. Incluso, con el incremento del margen para no tener que introducir la clave o PIN en la TPV en operaciones de hasta 50 euros.

Todo el sector financiero y de los medios de pago han tratado de dirigir a sus clientes y usuarios al uso de las tarjetas de crédito o débito en los últimos tiempos, aunque el uso del dinero en efectivo se ha mantenido en un buen número de transacciones o pagos.

Eso sí, la limitación al pago por efectivo, ya fijado en los 2.500 euros, se adoptó para evitar fraude fiscal y evitar el blanqueo de dinero negro que proliferó en los años de la burbuja inmobiliaria.

El pago con tarjeta deja un rastro del uso de sus titulares en sus operaciones, mientras que las extracciones en cajeros de determinado dinero en los cajeros automáticos impide saber el destino del efectivo retirado, aunque no implica en momentos alguno fraude fiscal en su utilización.

¿Fin del efectivo?

Responsables de algunas compañías de medios de pago achacaban el rechazo de algunos comercios o empresas al pago con tarjeta en importes bajos al interés de disponer dinero en efectivo que pudiera quedar fuera del control de los mecanismos de blanqueos de capital.

En el anteproyecto de ley contra el fraude fiscal, el grupo socialista ya planteaba rebajar el pago de efectivo desde los 2.500 euros actuales hasta los 1.000 euros para la desaparición de esta práctica, algo que habría seguido en mente del actual Gobierno según la información de El País este fin de semana.

No obstante, la eliminación completa del dinero en metálico es mucho más compleja. La tenencia de ese dinero tampoco implica intención alguna de fraude fiscal, ya que si es lícito tendrá constancia tanto en el caso de la retirada en cajeros o en ventanilla en los bancos del cliente de turno.

Desde luego, el dinero negro apenas circula por el circuito habitual de las entidades bancarias, sobre todo en el caso de las españolas. El fraude fiscal, en todo caso, utiliza otros canales que permiten la opacidad tanto de la procedencia como del destino del efectivo.

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