ANÁLISIS

Sánchez reclama a Casado apoyo ciego al programa de recuperación europeo

PSOE y PP en­tran en una guerra de des­ca­li­fi­ca­ciones pre­vias al primer de­bate en el Consejo Europeo

Integración europea
Integración europea

Controlada la crisis sa­ni­ta­ria, al menos de mo­mento, la nueva fase de la guerra per­sonal entre Pedro Sánchez y Pablo Casado se va a po­la­rizar a partir de ahora en el de­bate en torno al Fondo de Recuperación para res­ponder a la crisis de la COVID-19 y el nuevo pre­su­puesto mo­di­fi­cado de la Unión Europa para el pe­ríodo 2021-2027 de los que España es­pera salir como uno de los prin­ci­pales be­ne­fi­cia­dos.

Como ha dicho el presidente del Consejo, el liberal belga Charles Michel, la propuesta es un paso muy importante que contribuirá a dirigir el apoyo hacia los sectores y las regiones más afectados por la pandemia.

Pero las ayudas procedentes de Bruselas tendrán, además de un componente económico determinante para poder superar el período de depresión económica en el que ha entrado España, un poder político que podrá resultar decisivo de cara a las próximas elecciones, con independencia de cuando se celebren estas. Y la guerra entre los dos principales partidos políticos españoles ha comenzado ya.

Los socialistas critican a los populares de utilizar Europa para hacer oposición y les han dejado completamente al margen de las negociaciones que se están realizando, tanto con las instituciones, como con los principales Gobiernos de la Unión.

Esto es así hasta el punto de que el presidente, Pedro Sánchez, no ha llamado en ningún momento al líder del Partido Popular para explicarle cuál será la posición española de cara a la celebración del próximo Consejo Europeo que se celebrará el próximo viernes por videoconferencia. De cara a la permanencia de su gobierno, el acercamiento que Pedro Sánchez ha conseguido de Ciudadanos a sus tesis y el apoyo que le ha dado para el mantenimiento de los distintos tramos del período de alarma, dan una estabilidad al Gobierno de coalición que deshace parte de la estrategia de oposición de los conservadores.

Los populares, que han visto como las instituciones comunitarias tienen previsto rebajar las condiciones a los países miembros para que reciban las multimillonarias ayudas que se están preparando, se ven obligados a aceptar que su objetivo de hacer caer al Gobierno de coalición por la presión europea se diluye.

Consideran desde Génova, la sede del Partido Popular, que en este sentido, el fondo de rescate es sobre todo el fondo de rescate de Pedro Sánchez. Sus expectativas de poder derrotarle en las urnas quedarán muy reducidas y dependiendo de dos aspectos muy difíciles de poder controlar en el debate público como es la responsabilidad del Gobierno en el fallecimiento de las 30.000 personas por el Coronavirus y la crisis en el mercado laboral que puede dejar en España a unos tres millones de personas sin empleo por esta causa.

Teóricamente las condiciones iniciales de las que hablan las instituciones comunitarias para que los países más afectados por la crisis del coronavirus puedan recibir las ayudas económicas difícilmente pueden servir para hacer caer el Gobierno de coalición de Pedro Sánchez con Pablo Iglesias.

Las exigencias de Bruselas, si se mantienen los términos avanzados a día de hoy, son muy asumibles. Las cuatro recomendaciones, además son suficientemente abiertas como para no tener que provocar una crisis de Gobierno. Bruselas no puede introducir unas condiciones muy exigentes una vez que también Italia, pero sobre todo Francia, también van a recibir este tipo de ayudas.

En cuanto a las exigencias, en primer lugar, el Gobierno debe enviar de nuevo el programa de estabilidad recogiendo las recomendaciones incluidas en los documentos elaborados por la Comisión y por el Consejo y que se hicieron públicas el pasado mes de mayo.

En segundo lugar, España debe comprometerse a ampliar el período de vida laboral de los trabajadores para tratar de hacer viable el sistema de las pensiones, del que tanto la Comisión como el Eurogrupo han advertido que en las actuales condiciones es insostenible.

Bruselas exige en tercer lugar que, pasada la crisis actual, se introduzcan las medidas adecuadas para devolver los niveles de déficit a la senda de la estabilidad.

Finalmente, las instituciones comunitarias exigen que no se haga la contra reforma de la Reforma laboral concebida por Fátima Báñez y aprobada en el Congreso de los Diputados en marzo del 2012 por 197 votos a favor y 142 en contra, sin ninguna abstención.

Pese a que alguna de las condiciones, como la de no echar atrás la reforma laboral del Partido Popular, están en contra de lo defendido por Unidas Podemos, no parece que esta sea una causa suficiente como para romper la coalición del PSOE con Iglesias.

Desde dentro del Gobierno, siempre se pueden seguir adoptando otras medidas que compensen la admisión de no eliminar por completo la reforma laboral de Mariano Rajoy, como era su objetivo.

Con la estabilidad del Gobierno medio garantizada, los populares tienen que buscar sus nuevos argumentos para poder dar un vuelco a sus expectativas electorales.

Pese a la criticada gestión por parte del Gobierno de la crisis del Covid-19 y la difícil situación económica y laboral que afronta España con las peores previsiones de caída económica para este año de todos los países desarrollados, el PP está todavía muy por detrás del PSOE en expectativas electorales.

Pero la depresión económica y la catastrófica situación en el ámbito del empleo en que estamos entrando, obligan a populares y socialistas a un entendimiento. No es una cuestión de partido. Es una cuestión de Estado.

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