Ha lan­zado un men­saje de for­ta­leza a pesar de tener muy cu­biertas sus ne­ce­si­dades

Santander pone en fila a la competencia en un mercado de deuda casi cerrado

La en­tidad apro­vecha la buena aco­gida a los re­sul­tados para hacer una de­mos­tra­ción de po­derío

Ana Botín con José Antonio Álvarez, Santander.
Ana Botín con José Antonio Álvarez, Santander.

Algunas veces el cómo y el cuándo im­porta más que el cuánto, in­cluso en cues­tiones tan pro­saicas como una emi­sión de deuda. Lo que im­porta es ex­hibir músculo y poner a los com­pe­ti­dores a la cola, como ha hecho Banco Santander la se­mana pa­sada me­diante la co­lo­ca­ción de 1.500 mi­llones de deuda no pre­fe­rente. Una ope­ra­ción que no era es­tric­ta­mente ne­ce­sa­ria, porque el primer banco es­pañol ya había car­gado la car­tera, y mu­cho, antes del co­ro­na­vi­rus.

Santander ha reabierto el mercado europeo de deuda, de la misma manera que fue el último en emitir antes de que la crisis del Covid-19 redujera a cero la actividad. Lo ha hecho a modo de test, con objetivos inferiores a los 2.500 millones de euros vendidos en febrero en cédulas hipotecarios. Y, sobre todo, se ha probado el 'look' después de unos resultados del primer trimestre atípicos pero que han demostrado bastante resistencia en un entorno muy difícil.

Sin contar los millonarios cargos extraordinarios provocados por el 'shock' del Covid-19, el beneficio atribuido ordinario en el primer trimestre de 2020 fue de 1.977 millones de euros. Subió por lo tanto un 1% más, una cifra que quiere decir que Santander salvó los muebles. Y los inversores se lo han premiado devolviendo la acción en Bolsa por encima de los 2 euros (precio de saldo en cualquier caso) y ofreciendo más de 5.000 millones de euros por su deuda.

La demanda ha sido alta, muy alta, teniendo en cuenta las grandes dificultades a las que se enfrenta el sector con los márgenes bajo máxima presión y negocios clave como el crediticio tocados tanto por la vía de la actividad como por la de la solvencia en un escenario de demolición de las cuentas públicas. Pero Santander ha recibido el apoyo incondicional de los inversores haciendo valer sus dos grandes armas: el tamaño y la diversificación geográfica del negocio.

Dependencias del mercado

"Los inversores quieren deuda de empresas grandes que no dependan de un sólo mercado. Estaba siendo así desde que soplaron los primeros vientos de desaceleración en Europa, pero la crisis del coronavirus lo cambia todo. Un 75% de los emisores habituales hasta enero van a ver como se les cierran las puertas del mercado de deuda, por los menos hasta la vuelta del verano. Sólo los grandes van poder financiarse, incluso a precios razonables", señalan en la mesa de deuda de un banco español.

Las previsiones son pesimistas. Morgan Stanley ya avisa de un desplome histórico del 45% de los beneficios de las empresas cotizadas europeas, que se materializará este mismo año. En este escenario dantesco, Santander ha asumido una prima de nueva emisión muy competitiva de poco más de 10 puntos básicos para emitir los primeros 1.500 millones de euros de la era Covid-19. ¿Quién está en disposición de conseguir condiciones similares?

Para el resto de los bancos españoles no será fácil, aunque a su favor tienen que sus necesidades reales de conseguir nueva liquidez son casi inexistentes, con el Banco Central Europeo (BCE) regando de liquidez el sistema con subastas sin techo. Pero de lo que se trata es de lanzar al mercado al mensaje de poderío en un momento en el que todo está entredicho. Parece obvio que sólo un pequeño grupo de bancos europeos puede repetir la jugada.

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