OPINIÓN

Quim Torra se resiste a fijar elecciones en Cataluña

Las pro­metió para des­pués de los pre­su­puestos pero la crisis del co­ro­na­virus le da alas

Quim Torra.
Quim Torra.

Una de las pro­mesas de Quim Torra, pre­si­dent de la Generalitat de Catalunya, fue que tras la apro­ba­ción de los pre­su­puestos anun­ciaría la con­vo­ca­toria de elec­cio­nes. Los pre­su­puestos –los pri­meros desde 2017 – fueron apro­bados el pa­sado día 24 de abril, con votos de Junts per Cat, ERC y la abs­ten­ción de los Comunes, pero el pre­si­dent es­quiva la pre­sión para fijar una cita elec­to­ral.

El riesgo es que Torra está pendiente de una eventual inhabilitación por parte de los Tribunales, por haber colgado pancartas electorales en el balcón de la Generalitat, y podría ser la ley quien acabe determinando el calendario electoral catalán.

La ruptura de facto entre Junts per Cat (Torra) y ERC (Aragonés) es un secreto a voces en los corrillos políticos y periodísticos catalanes. Ambos tienen en mente los escenarios post crisis Coronavirus y quien presidirá la Generalitat de Catalunya.

Además de las diferencias en el Govern, hay tensiones en comisiones parlamentarias y ayuntamientos, porque todos tienen la mirada puesta en una agenda electoral que está por determinar. Es probable que, sin la crisis, Quim Torra ya habría anunciado los comicios. Pero, amparándose en la lucha contra el virus y su impacto económico y social, pide unidad de acción y dejar las urnas para cuando él – o los Tribunales – decidan.

El president de la Generalitat saca redito político a una crisis que le ha dado perfil propio, alejándole del protectorado del ex president Carles Puigdemont, confiando en Waterloo, mientras PDECat buscan superar las diferencias internas y promocionar un futuro líder capaz de frenar el auge de ERC.

Sin embargo, las diferencias continúan como muestra la reciente decisión de formar un nuevo partido, Partit Nacionalista de Catalunya (PNC), donde hay varios ex PDECat, que seguiría los pasos y la táctica del PNV vasco. Es decir, más pragmatismo y menos nacionalismo, aunque la independencia continúe como objetivo.

Entretanto Esquerra Republicana de Catalunya (ERC), formación a la que todos los sondeos continúan dando la mayoría relegando a la sopa de siglas de PDECat – Junts per Cat y, quizás, PNC – son quienes apremian para que el president fije elecciones en Catalunya. El dilema es ¿para cuándo?

Quim Torra sabe que resistir es rentable, al menos por el momento. Él es quien ha ido presionando el calendario de confinamiento – y ahora desconfinamiento – ante el gobierno de Pedro Sánchez. Él es quien reclama que se restituyan las competencias autonómicas. Él es quien ve como ERC (Gabriel Rufián) debe corregir posiciones en el Parlamento, en Madrid, arrastrado por el “No” habitual del PDECat (Laura Borrás).

Él es quien espera que fracase la Mesa de Negociación entre el Gobierno y la Generalitat, quemando las posiciones de su principal adversario: Esquerra Republicana de Catalunya. Sobre todo, que no pasa desapercibido el giro estratégico de Inés Arrimadas (Ciudadanos), que ha entrado en el corrillo de la “geometría variable” del gobierno que preside Sánchez.

Y, si Ciudadanos incide en la gobernabilidad, léase aprobación de presupuestos nacionales, el principal perjudicado pueda acabar siendo ERC, porque poco cabra esperar de la mesa de diálogo entre socialistas, menos dependientes de ERC, y nacionalistas catalanes.

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