ANÁLISIS

ERTEs (algunos): entre el fraude presupuestario y la competencia desleal

Qué tipo de so­cia­lismo hay aquí: el de­mo­crá­tico o el po­pu­lismo fas­cis­toide

Trabajo duro,
Trabajo y Ertes.

Las crí­ticas a los ERTEs son hoy mo­neda de cambio entre mu­chos me­dios de co­mu­ni­ca­ción y de­fen­sores de la li­bertad del co­mer­cio. Pocas y ocultas las de­nun­cias, mu­chas o po­cas, por los fraudes que se están co­me­tiendo en la apli­ca­ción de los ERTEs os­cu­re­ciendo el libre juego de la com­pe­tencia em­pre­sa­rial.

¿Ha sido todo limpio desde el lado empresarial en la utilización de los ERTEs? Existen indicios desvelados desde las autoridades de la Inspección de Trabajo de la existencia de algunos fraudes, sisas empresariales insolidarias.

Una extensa nota aparecida en El País digital no ha sido reproducida por esta publicación en letra impresa ni tampoco ha merecido la atención de los comentaristas. Hay empresas que se han apuntado a los ERTEs mientras sus trabajadores han continuado haciendo sus tareas habituales. Las empresas defraudadoras se ahorran salarios y contribuciones a la Seguridad Social, mientras que mantienen su actividad y su facturación.

Algunos sindicatos e inspectores laborales han empezado a levantar la liebre, pero las autoridades superiores, quizá por miedo al destino de los trabajadores, han mirado hacia otro lado. Una piedad temeraria, sin embargo, para el proprio trabajador.

Trabajador corresponsable

En el supuesto de fraude por parte de la empresa, el trabajador es corresponsable y si la Inspección del Trabajo formalizase una denuncia, por cobrar indebidamente un ERTE mientras la empresa continúa con su actividad, vendrían obligados a devolver al SEPE las prestaciones recibidas y, además, enfrentarse a una posible multa o incluso a una sanción penal.

En resumen, multas para empresas y trabajadores por las prestaciones recibidas indebidamente por la plantilla y por el ahorro en la cuota empresarial a la seguridad social. Penas de entre seis meses y tres años de prisión (articulo 307 del Código Penal que ratifica el fraude a la Seguridad Social). La empresa es responsable en primer lugar, pero el trabajador puede ser un colaborador necesario.

El Estado y el conjunto de la ciudadanía salen directamente perjudicados. Más gasto público. Innecesario. Menos ingresos y en ultima instancia un déficit que compromete la solvencia del Estado español.

Competencia desleal

Ahora bien, y de esto no se ha hablado nada, el fraude crea una competencia desleal para todas aquellas empresas que cumplen con la legislación. Sin duda una gran mayoría. Los espabilados defraudadores recortan costes y mejoran su competitividad. Ayudas de Estado encubiertas y un fraude adicional a la libre competencia.

Los medios de comunicación han silenciado estas eventuales desviaciones fraudulentas, así como tampoco han dicho nada sobre esas vacaciones con trabajo a domicilio que soportan un buen número de empleados y que no es otra cosa que un trabajo no remunerado y adiós a las vacaciones por este año.

La inspección de Trabajo y los servicios de la competencia han hecho la vista gorda, quizá para no levantar alarmas en Bruselas que podrían desencadenar expedientes contra las ayudas de Estado. También existe el temor a ser tachado, todavía más, de social-comunista que de defensor de la competencia. El gobierno tiene sus temores. El ruido de las caceroladas ha llegado incluso hasta la lejana Argentina.

Un artículo en El Diario “La Nación” firmado por el periodista y escritor argentino Jorge Fernández Díaz (no confundir con el exministro español), alerta sobre “la filtración en el gobierno español de incontenibles idolatras de Perón y Evita”.

Tras un arranque tan porteño del autor de “El Puñal”, cuyo desenlace tiene lugar en nuestra geografía, Fernández Díaz serpentea sus afirmaciones. Invoca la personalidad de Antonio Escohotado perseguido por un juez argentino a propósito de una charla en Buenos Aires sobre las propiedades de la marihuana.

Tras este alto en el camino se recuerdan comentarios del filosofo e historiador español, Escohotado, acerca de las acusaciones catastrofistas de muchos de nuestros compatriotas: “la prosperidad de España es tan grande que no se dan cuenta”. Esto lo ha visto el autor de “El Puñal”, que vuelve sobre Escohotado a propósito del Covid-19: “ojalá esta crisis nos ayude a que se pueda ser progresista sin ser miserable o tonto”-

Los cacerolos y caceroleras harían bien el leer, mientras soportan el insoportable confinamiento, al menos el primer tomo de “Los enemigos del Comercio” y reflexionar sobre una de las ocurrencias de Escohotado: "hay dos socialismos: el democrático, que afortunadamente es liberal y el otro que, como el populismo fascista, nazi, comunista o el mesianismo religioso, maldice a los ricos y a los comerciantes auténticos".

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