ANÁLISIS

Comienza la desescalada con un rayo de esperanza y una tarea económica pendiente

"No hay mal que que 100 años du­re...", el pro­verbio es­pañol re­cor­dado por la re­vista Time

Mascarillas antivirus.
Mascarillas antivirus.

En el tor­be­llino de quejas y re­pro­ches por el ca­len­dario gu­ber­na­mental de la deses­ca­lada con­trasta, desde po­si­ciones geo­grá­ficas no pre­ci­sa­mente ami­gas, los edi­to­riales de La Vanguardia. “Bienvenida sea esta hoja de ruta mar­cada por la pro­tec­ción del riesgo y so­por­tada por la con­ducta de los es­paño­les… Pacto de Barcelona con la co­la­bo­ra­ción y con­senso de par­tidos po­lí­ticos con re­pre­sen­ta­ción mu­ni­ci­pal, pa­tro­nal, sin­di­ca­tos, uni­ver­si­da­des, gre­mios…”.

La revista Time, bajo el lema “Finding Hope”, incluye un comentario del futbolista del Liverpool, el egipcio Mohamed Salah, en perfecto castellano, recordando el proverbio español: “no hay mal que 100 años dure ni cuerpo que lo resista”. El presidente del World Economic Forum, Klaus Schwab, insiste en lo mismo bajo otro leguaje: “si queremos escapar sin demasiadas cicatrices al llegar al largo plazo, debemos colaborar en el corto plazo”.

El presidente Trump prometió solemnemente: “anyone who wants a test can get a test”. Una promesa fácil en el un país que gasta en Sanidad el 17% de su PIB (3,5 billones de dólares). Casi el doble que Alemania y otros países europeos. Y, sin embargo, no hay tests ni material sanitario y, además -y por ejemplo-, una institución hospitalaria de la costa este como Interfaith Medical Center tiene que despedir a su plantilla por falta de financiación, dejando desatendida a comunidades neoyorquinas de bajos ingresos como son las de Brooklyn o el Bronx, semilleros de infectados.

Los virólogos advierten que el comercio de mamíferos, principalmente en África, es un potencial riesgo en la medida en que pueden liberarse 750.000 variedades de virus. Una señal, una posibilidad de infección en el caso de poblaciones sin recursos hospitalarios, un riesgo incomparablemente mayor que cualquier atentado terrorista.

El ex presidente Gorbachev abunda en el mensaje de que “no dejemos que el virus infecte a la democracia”, recordando aquellos esfuerzos de cooperación internacional que permitieron reducir en un 85% los arsenales nucleares. La política, insiste, no debe fracasar a la hora de afrontar de manera global el reto de la epidemia.

“Prevenir es mejor que curar”, dice Christiana Figueres, directora ejecutiva de la Convención del Cambio Climático 2010-2016, a la vez que añade: “normal is never coming back”. Una normalidad en la que incluso esos riesgos de apalancamiento financiero, ruta mágica para ganancias especulativas y rescates públicos, tendrán que ser contenidos.

Ahora no son los bancos -puntualiza Martin Wolf- los más expuestos a crisis de liquidez y solvencia, sino los mercados financieros. Ventas apresuradas de activos por parte de grandes fondos de inversión para asegurarse liquidez y evitar la quiebra. Y, además, insiste Wolf, “un reto formidable, especialmente para Europa”.

También hay fogonazos de esperanza, como el anuncio de Astra Zeneca y la Universidad de Oxford para tener listas a fines de año 100 millones de vacunas contra el Covid-19. En la misma línea de la esperanza farmacológica, Glaxo-SmithKline, en colaboración con la francesa Sanofi, se unen en la carrera por poner a punto una vacuna.

En España, PharmaMar, en la comunidad de Madrid y otras empresas y laboratorios, cada uno a su escala, buscan denodadamente antídotos contra la epidemia. Baja la proporción de nuevos contagios, desciende el número de fallecidos y aumentan las disponibilidades hospitalarias, los requisitos para la desescalada.

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