Monitor de Latinoamérica

Es el país más dañado por la pan­demia en tér­minos sa­ni­ta­rios y fi­nan­cieros

El Covid-19 sitúa a Ecuador al borde del abismo económico

La caída del PIB en 2020, su­pe­rior al 6%, in­quieta a las em­presas es­pañolas

Lenín Moreno, pte. Ecuador.
Lenín Moreno, pte. Ecuador.

Ecuador apenas se re­com­ponía de una de­bi­lidad eco­nó­mica que forzó su pe­ti­ción de ayuda del FMI cuando se vio za­ran­deado por la crisis de la pro­testa so­cial de oc­tubre de 2019. Y apenas in­ten­taba salir del ato­lla­dero eco­nó­mico, po­lí­tico y so­cial cuando acaba de su­frir un zar­pazo del COVID-19 que lle­vará al país a la mayor re­ce­sión re­gional tras Venezuela. Ecuador es uno de los países que más su­frirá la pan­demia y el golpe viene por todos la­dos.

A las firmas españolas, que tienen invertido allí un stock de 1.800 millones, que ya habían extremado la cautela tras el optimismo de 2017, y que pisaron el freno inversor por el conflicto social, la realidad de 2020 las sitúa en ‘stand-by’.

Para Ecuador el golpe es brutal, sanitario y económico. El FMI prevé que el PIB se desplome el 6,3% en 2020, debido a la pandemia y al desplome del precio del crudo. Es una recesión superior a la media regional (-5,2%) y la mayor tras el -15% de Venezuela, cuando en 2019 se oteaba un avance del 0,2%. La previsión del BM en 2020 es similar (-6%), pero espera un rebote del 3,2% en 2021. Y Cepal prevé una caída del 6,5%, cómo México y Argentina. Ecuador anotará su mayor recesión reciente desde el -4,7% de 1999 y el choque más duro desde 1967. El país decreció el 0,2% en 2019 tras avanzar el 1,4% en 2018 y el 2,4% en 2017 y registrar una caída del PIB del 1,2% en 2016.

La fuerte caída del crudo pone también contra la pared a una economía ya asfixiada: Quito cifra las pérdidas en 2.500 millones, con una caída del ingreso petrolero del 40%. Y el sector exportador no petrolero perderá un 20% de sus ingresos en 2020. Ecuador, ‘de facto’, está al filo de una quiebra que solo impide la ayuda internacional. Una situación que Lenín Moreno tilda del “momento más crítico de la historia del país”. Quito afronta un “descomunal reto” para mantener a flote unas finanzas que hacen aguas y una economía a la deriva, algo de lo que acusa a la deuda legada por Correa: 65.000 millones.

El apoyo internacional, fundamental

Ya antes de la llegada del coronavirus, Ecuador estaba en una situación fiscal precaria, con bajo crecimiento, inflexibilidad monetaria por el esquema de dolarización y un Gobierno debilitado por la situación económica y las protestas de octubre. Un cóctel se al que se suman el efecto del virus, la caída del crudo y la alta informalidad laboral. Las cifras de empleo muestran que seis de cada diez ecuatorianos no tienen trabajo formal o están desempleados. En los últimos dos meses se han perdido 110.000 empleos formales y el subempleo supera el 54%. Así las cosas, respetar el confinamiento es difícil.

Quito es consciente de que la dolarizada economía ecuatoriana no tiene espacio fiscal, ahorro público, reservas internacionales ni acceso a mercados para abordar la crisis. Y que la urgente liquidez para afrontar la crisis sanitaria y la reactivación de la economía dependerá de recursos desde el exterior, del esfuerzo colectivo y del recorte de gasto público. Los entes globales están dando especial apoyo a un país que corre riesgo de no cumplir sus compromisos financieros e ir a ‘default’ y sobre el que el BM avisa de que es uno de los países del área con menor espacio fiscal contra la crisis y que requerirá medidas extraordinarias y estrategia específica. Y la ayuda está llegando: el país ha recibido créditos multilaterales superiores a 1.400 millones.

El FMI ha aprobado un crédito por 643 millones para ayudar a combatir los efectos de la pandemia; el BM ha otorgado 500 millones; CAF, un crédito de 350 millones y el BID prestará 700 millones. El propio FMI admite que el virus ha tenido un ‘impacto devastador’ en Ecuador, junto a la caída del crudo y de la demanda de exportaciones y ha elogiado la búsqueda por Quito de un pacto integral de reestructuración de deuda y una consolidación fiscal sostenida a medio mientras asegura un alivio adicional de la deuda. Quito espera además, recibir de China 580 millones. La meta es lograr 2.000 millones en total.

Tormenta perfecta

Ecuador logró a fin de abril un aplazamiento del pago de intereses de bonos de deuda por 811 millones que vencen entre 2022 y 2030, tras llegar a un acuerdo con los tenedores privados. En marzo, devolvió 321 millones como gesto a los mercados y logró en febrero de 2019 préstamos por más de 10.000 millones de FMI, BM y BID para afrontar los problemas de deuda y sanear finanzas. Además de la dolarización como factor protector, Quito cuenta con el apoyo financiero clave del FMI, decisivo en 2019, cuando acudió en apoyo con una línea de crédito de 4.200 millones vinculada a ajuste fiscal y a reformas.

En Ecuador hay más de 160 firmas españolas establecidas y otras 13.000 exportan al país. El aumento del interés surgido tras la llegada de Moreno, por su apuesta por la inversión y la apertura comercial, se ha aplacado en los últimos dos años. Con todo, España es el segundo país europeo que más invierte en el país, con presencia en energía, infraestructura, hidrocarburos, vialidad y turismo. Allí están Repsol; Acciona, Telefónica; ACS, OHL, Globalia, Sacyr, Mapfre, CAF, Isabel, Pescanova, Indra, Iberia, Inditex o Mango.

Quito ha lanzado un plan de ‘Resistencia’ ante lo que llama “triple crisis sanitaria, económica y social”. Y una Cuenta de Asistencia Humanitaria para afrontar el gasto de la crisis que requerirá de firmas y ciudadanía aportes solidarios por ingresos, lo que ha sido criticado por trabajadores y empresarios. Este fondo de emergencia traslada el peso del rescate a firmas y trabajadores, que deberán contribuir a él.

Quito teme que 500.000 personas pierdan el empleo y 233.000 entren en la informalidad y plantea un “acuerdo entre partes” para reducir el choque de la parálisis empresarial, “acuerdo que será la norma y clave para que opere la economía”. Pero, en plena crisis, Quito ha diseñado un plan de ajuste fiscal, alza de impuestos y reforma laboral, apoyado por el FMI, que ha puesto en pie de guerra a las empresas por el aumento impositivo.

En el ámbito sanitario no van mejor las cosas en un país que en su esfuerzo por ajustar el gasto, redujo fondos para la salud. Ecuador se situó en el foco mundial en abril, con imágenes del colapso hospitalario y gente muriendo en la calle en Guayaquil (epicentro de la pandemia y con un tercio de sus habitantes contagiados). Es quizá el país de Latam con más fallecidos por el virus, en un recuento con gran polémica. Los datos oficiales hablan de 3.642 fallecidos (confirmados y probables), cifra que los expertos elevan a entre 6.000 y 10.000 mientras la Fiscalía investiga negligencias en la identificación de fallecidos.

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