ANÁLISIS

Los eurobonos en el alero y el BCE en la mesilla de noche

Holanda sería el prin­cipal país per­ju­di­cado si se hunde el co­mercio in­tra­co­mu­ni­tario

Eurogrupo
Eurogrupo

Dos eco­no­mis­tas, María J. Rodriguez y Paul Magnette, han pu­bli­cado un ar­tículo en el pe­riodo francés "Le Soir" re­cla­mando un New Deal para Europa. El virus está afec­tando a unos países eu­ro­peos más in­ten­sa­mente que a otros. Esta es la única asi­me­tría evi­dente. Enormes di­fe­ren­cias entre los países nór­dicos y los me­di­te­rrá­neos. Diferencias me­nores entre Noruega, con­fi­na­miento y menos muer­tes, y Suecia, sin con­fi­na­miento, menos pa­rados y más muer­tes. Respuestas no uni­formes ante la cri­sis. ¿Con cuál se que­da­rían los im­pa­cientes crí­ticos es­paño­les?

Los dos economistas, portuguesa y francés, señalan que esta asimetría, si se prolonga y extiende, se convertiría en simétrica para toda Europa, incluida la eurozona, que es la más integrada. Además de las tres libertades, mercancías, capitales y personas, funciona con una moneda común.

Los holandeses, no todos ni mucho menos, pero quienes representan al país en los órganos de la UE oponen una sólida resistencia a la hora de dar un paso al frente en la mutualización de riesgos. Poco o nada cuenta para esos austeros políticos con voz y voto en las Comunidades Europeas, que el valor de las exportaciones de su país a la eurozona represente algo más de un tercio de su PIB frente a la quinta parte que representa en Alemania o España. ¿Quién saca más partido a la eurozona?

Tampoco les importa esa negligente liberalidad con que tratan a los inversores extranjeros. Una discriminación fiscal frente a sus socios europeos; una discriminación doble, por un lado, sustraen recursos de sus socios si no existiese un régimen fiscal discriminatorio y por otro olvidan que esas inversiones no llegarían a Holanda si desde esa cabeza de puente no les permitiese acceder al ancho y próspero mercado común de la eurozona e incluso hasta las fronteras de los hasta ahora 28 Estados miembros.

Holanda se aprovecha de los países de la eurozona con independencia de cuales sean sus virtudes proprias y sus niveles de productividad y competitividad (el euro bloquea cualquier apreciación de una virtuosa moneda nacional). Y todo ello mientras reclama disciplina presupuestaria y echa en cara a los demandantes de eurobonos que, cuando las cosas marchaban mejor, no hiciesen los oportunos ajustes presupuestarios.

También, entre los nuestros, hay quien reclama disciplina. Olvidan que en el 2008 España tenía un superávit presupuestario del orden del 2% del PIB, pero que la caída de ingresos y la elevación de los gastos, generó un saldo negativo del orden del 10-11% del PIB. La UE acudió con un rescate bancario que, no era otra cosa que un rescate, para aportar liquidez y evitar la insolvencia de los negocios.

En aquel entonces el equilibrio presupuestario se hundió, pero no por un virus externo, sino interno: los extravagantes excesos de las instituciones de crédito en su financiación a la construcción. Pero en aquel entonces no íbamos bien. Ahora contamos con un déficit presupuestario del 2,2% del PIB, pero con un modelo productivo eficaz y competitivo que se refleja en ese superávit del 2% del PIB en nuestros intercambios de mercancías y servicios con el resto del mundo. Ahora prestamos al resto del mundo, entonces el déficit de la balanza de pagos llegó a ser del 11% del PIB. Un modelo productivo insostenible el de ayer, viable y saludable el actual. ¿Qué más se nos puede pedir?

No todos los holandeses están felices con los impertinentes rapapolvos de sus autoridades gubernamentales; reprochan su insolidaridad y de alguna manera alientan la sospecha de que esa ortodoxia no sea un tupido velo para ocultar el discurso contra la inmigración. El país abierto y tolerante que fue Holanda, va cerrando sus puertas y ventanas a quienes reclaman algún tipo de asilo.

Criticas también en Alemania, ante la negativa de su canciller a los eurobonos. Criticas de altura: “Kohl no lo hubiese hecho”. El veto, antes unánime, de los asesores económicos del gobierno a la creación de eurobonos, está ahora muy dividido.

Martin Wolf en su crónica de los miércoles en el Financial Times insiste en colocar la salud por encima de la economía, pero también, sitúa en lugar muy preferente la potencia de fuego del BCE frente a la instauración de los eurobonos. Apuesta Wolf por acudir al helicóptero monetario que, en definitiva, también significa más deuda publica y menos rigor presupuestario. Aquí, mientras el gobierno, mal o bien, va gestionando la pandemia, hay más gente en los balcones que banderas, como dibuja El Roto.

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