OPINIÓN

De la gripe española de 1918 al coronavirus de 2020, lecciones y diferencias

Pedro Sánchez, de vuelta.
Pedro Sánchez, de vuelta.

La gripe es­pañola de 1918 no tuvo su origen en España, pero nos que­damos con el san­be­nito. Sí su­frió España sus efectos re­fle­jados por la prensa libre mien­tras que no su­cedía lo mismo en otros paí­ses. En efecto, EEUU y Inglaterra o Francia prac­ti­caron la cen­sura de prensa. La Gran Guerra había pro­vo­cado mu­chí­simas muer­tes, se había ex­ten­dido el hambre y la mi­se­ria, no era el mo­mento de más alar­mas. Así que la gripe de 1918 se quedó como la gripe es­pañola.

En 1993, un experto del instituto Pasteur afirmó que el virus matador de 1918 provenía de China y entró luego en los EEUU cerca de Boston y desde allí se extendió a Brest, Francia, a los campos de batalla de Europa y al resto del mundo. En 2014, el historiador Mark Humphreis argumentó que la movilización de 96.000 chinos para trabajar detrás de las líneas británicas y francesas…pudo ser la causa.

Wikipedia recoge estas informaciones afirmando que la responsabilidad de España fue nula. España sufrió la gripe y sus medios de comunicación lo explicaron y contabilizaron las muertes. En el resto de Europa, silencio. En Rusia, por el efecto de la segunda oleada de aquella epidemia, murieron 450.000 personas. Se acusó a los bolcheviques de aquel “disparo en la oscuridad”. La Revolución Soviética no tuvo nada que ver con esas muertes.

Muchos disparos en la oscuridad contra el actual gobierno por haber defendido la recentralización limitando las competencias de las Comunidades Autónomas. Otro gobierno "bolchevique" que, sin embargo, es escuchando y atendido en la Unión Europea. Pero en España, como dice un ilustre cirujano británico, al igual que en el resto de los países occidentales, los colectivos médicos y los gobiernos han desdeñado las alarmas porque procedían de un país lejano y distante.

Un periódico brasileño señala que la distancia entre Wuhan, Pekín o Shanghái es relativamente mínima, mientras Nueva York está a 12.000 kilómetros y Madrid a 9.000 del centro donde empezó el coronavirus. Efectivamente, Wuhan está cerca de Pekín donde reside la élite del partido comunista chino, y también cerca de Shanghái, centro económico del país y el gran puerto que comunica a China con el resto del mundo. ¿Quiere esto decir algo?

La rapidez con que se ha extendido el virus ha puesto en dolorosa tela de juicio a los servicios sanitarios de las democracias occidentales. Las residencias de ancianos, esa solución social ante la mayor duración de la vida y las dificultades de las familias modernas para atender a sus mayores, ha resultado un experimento trágico. La red y servicios sociales venían funcionando satisfactoriamente durante decenas de años.

Gobiernos de centro derecha y socialista se felicitaban por su amplia cobertura y su eficaz respuesta ante cualquier enfermedad. Incluso, residentes en España de otras nacionalidades europeas, elegían nuestro país por la excelencia del sistema sanitario.

El coronavirus ha resultado ser una fuerza arrolladora para la que no estábamos preparados. No había suficientes instalaciones sanitarias y material protector para una pandemia. Muchas empresas españolas habían desviado sus procesos productivos hacia aquellos países donde la mano de obra era barata y la disciplina laboral estricta. “Cuando se produce algún tipo de altercado -me comentaba un industrial catalán con fábricas en China-, basta con llamar al Alcalde”.

La manifestación del 8M, Vistalegre y otros eventos menores no son para estar orgullosos, pero qué decir de Francia y sus Elecciones Municipales. Tampoco ha sido, quizás, la mejor idea centralizar en un ministerio vacío de competencias, el Ministerio de Sanidad, la gestión de la crisis. Ha faltado cintura o quizá ha prevalecido el temor a ser acusado de condescendiente con la descentralización sin reivindicar las excelencias del centralismo. La idea de paralizar las actividades económicas, mientras no sean necesarias, no ha dejado de producir dudas y confusiones.

También la indeterminación sobre si al final de los ERTEs estará prohibido el despido, ha echado leña al fuego contra cualquier iniciativa del Gobierno, sin aceptar que se está corrigiendo el tiro.

Ninguna noticia, sin embargo, de que alguna región italiana o Lander alemán hayan levantado el hacha de guerra contra el gobierno central. Tampoco críticas de los partidos ultras en Italia o Alemania. Todas las fuerzas políticas atentas a la pandemia.

En 1918, la gripe no tuvo su origen en España, tampoco los efectos del coronavirus en 2020 tampoco deberían ser imputables al Gobierno de la nación. La cuarentena decretada, poco a poco, va produciendo efectos. Información y transparencia, como sucedió en 1918, con la esperanza de que todos los ciudadanos, como ya vienen haciendo, se sumen al esfuerzo común.

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