Monitor del Seguro

Los in­gresos por primas del se­guro es­pañol caen un 6,83% en el primer tri­mestre

Las correas de transmisión del Covid-19

El im­pacto se pro­duce por una doble vía: la crisis eco­nó­mica y la sa­ni­taria

Unespa
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El se­guro, a través de su pa­tronal Unespa, acaba de pre­sentar los re­sul­tados del sector ase­gu­rador del primer tri­mestre del año en medio de una crisis sa­ni­taria sin pre­ce­den­tes. Y como cabía es­pe­rar, las cuentas ya re­flejan el im­pacto de la si­tua­ción lí­mite, tanto eco­nó­mica como sa­ni­ta­ria, ge­ne­rada por el Covid-19. Con apenas quince días de im­pacto di­recto de la pan­de­mia, los in­gresos de las ase­gu­ra­doras por primas se si­tuaron en 16.699 mi­llones de eu­ros, un 6,83% menos que un año atrás.

“El descenso se debe, principalmente, a los efectos de la crisis sanitaria y al confinamiento decretado para hacerle frente el pasado 14 de marzo”, explican desde la Asociación Empresarial del Seguro, que también advierte de que el impacto “sobre el negocio será, en todo caso, más palpable en los datos sectoriales del segundo trimestre”. Pero, ¿cómo se traslada la crisis del COVID-19 a los números de la industria?

El impacto es doble. La crisis económica tendrá unos efectos, y la sanitaria otros. Lo cuenta Mapfre Economics en el informe ‘Panorama económico y sectorial 2020: perspectivas hacia el segundo trimestre’. Desde el punto de vista económico, lo primero que hay que tener en cuenta es que la actividad aseguradora está condicionada por varios factores macro. Entre ellos, el ritmo de la actividad, los tipos de interés y la volatilidad de los mercados.

Respecto a la actividad, en términos generales, cuando esta se expande aumenta la demanda de seguros y viceversa. Por tanto, el confinamiento y el parón económico que ha traído consigo se traducirá en un achicamiento del negocio asegurador. Además, también es muy probable que muchos ciudadanos que en estos meses de distanciamiento social (y probablemente también en los próximos) se han quedado sin los ingresos derivados de las rentas del trabajo recurran a su seguro de Vida, incrementándose los rescates y, por tanto, aumentando el riesgo de liquidez.

La situación también provocará el incremento de la siniestralidad en los ramos de No Vida. Será el caso de los seguros de viaje, los que cubren el desempleo temporal, los que amparan retrasos o interrupciones en la cadena de suministro de industrias, los seguros de crédito… Este aumento de la siniestralidad implicará una mayor tensión en la estructura de costes: “En especial, porque la caída de la demanda aseguradora podrá implicar un problema de escala en el corto plazo, al no poder reducirse los niveles de costes fijos de operación a una velocidad similar a la que caen los ingresos por primas”, explican desde Mapfre.

Si lo que se analiza es el efecto del contexto generalizado de bajos tipos de interés, el panorama no mejora. Si bien es cierto que en el caso de mercados como el español esta situación no es nueva. Este contexto afecta sobre todo a la demanda de seguros de Vida Ahorro y Rentas, “al menos hasta que los agentes económicos asuman los nuevos niveles como algo permanente y decidan entrar en instrumentos de ahorro a unos tipos inferiores, o bien opten por adquirir productos de riesgo en los que el tomador asume el riesgo de la inversión”, en referencia a los unit linked.

La variación de los tipos de interés afecta a la valoración de los activos en el balance de las entidades aseguradoras. Hay que recordar que en el caso de las aseguradoras españoles el activo protagonista es la deuda: un aumento brusco de las primas de riesgo de estos valores repercute directamente en su valoración, que cae también de forma acusada, tanto más cuanto mayor sea la duración de los bonos que tienen en cartera. No obstante, Mapfre recuerda que en los países en los que se han establecido sistemas de regulación de solvencia basados en riesgos, existen mecanismos que permiten corregir los efectos de repuntes puntuales de la volatilidad de los mercados. Además, explica que “el modelo de negocio de las aseguradoras hace que los vencimientos de las carteras de inversiones estén en gran medida alineados con la senda estimada de pagos derivada de los compromisos asumidos en los contratos de seguros, por lo que pueden mantener estos activos hasta su vencimiento”.

Hasta aquí el análisis del impacto de la crisis económica, falta abordar el de la crisis sanitaria, que se producirá en dos dimensiones: la siniestralidad de ciertos ramos por el aumento de las tasas de morbilidad y de mortalidad de la población; y una potencial selección adversa en el proceso de suscripción de nuevos riesgos. En el caso de la siniestralidad, hay que estar sobre todo atentos al efecto en el ramo de Salud. Desde Mapfre explican que los patrones de contagio de la enfermedad “podrían generar desviaciones respecto de los supuestos de frecuencia implicados en dichos productos, lo que, en el agregado, podría generar problemas de insuficiencia de las primas cobradas y, en última instancia, la necesidad de efectuar dotaciones adicionales de provisiones técnicas para este tipo de productos”.

Respecto a la suscripción de riesgos, la pandemia ha generado mucha incertidumbre respecto a datos esenciales para hacer una valoración técnica del riesgo derivado de este virus, como la tasa efectiva de contagios, la tasa de recuperación o la tasa de inmunidad en los pacientes recuperados. “Esta situación puede conducir a que la suscripción de nuevos riesgos se llegue a hacer a partir de primas que resulten insuficientes y que requieran de dotaciones futuras de provisiones técnicas contra el patrimonio neto de las aseguradoras, o bien, ante la incertidumbre, a una contracción de la oferta de aseguramiento en el ramo de Salud, con el consecuente efecto sobre el riesgo reputacional de las entidades”.

Y tras este análisis general de las múltiples correas de transmisión de la crisis, toca pronosticar la evolución del seguro español. El panorama no pinta bien. Este complejo entorno impactará tanto a nivel de negocio como de los balances de las aseguradoras. No obstante, Mapfre destaca, entre otras cosas, que “el sector asegurador español ha tenido, tradicionalmente, un carácter marcadamente conservador en sus inversiones, en las que los bonos soberanos españoles y de otros países de la eurozona son la inversión mayoritaria, los cuales, al haber quedado respaldados por los amplios programas de adquisición de activos aprobados por el BCE, tienen un riesgo más limitado”. Esta característica está permitiendo al sector hacer frente con solvencia a la compleja situación actual, apuntan.

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