La brutal caída del con­sumo en EEUU y el des­bor­da­miento de los stocks pro­vo­caron la crisis

Las petroleras confían en una recuperación del crudo a partir del desconfinamiento

Los con­tratos a fu­turo apos­taron mal e hizo que hu­biera más pe­tróleo que la ca­pa­cidad de al­ma­ce­na­miento

Petroleo
Petróleo.

Las mul­ti­na­cio­nales pe­tro­leras no están es­pe­cial­mente asus­tadas por la caída en pi­cado que ha su­frido el precio del crudo. La ma­yoría piensa que es im­po­sible que puedan con­so­li­darse los pre­cios ac­tuales y es­peran que, en mayo, se calmen las aguas. El hun­di­miento de los úl­timos días del ba­rril lo atri­buyen a ope­ra­ciones tí­picas del mer­cado de fu­turos y no tanto al des­censo es­tre­pi­toso que se ha pro­du­cido del con­sumo por causa de la crisis eco­nó­mica mun­dial ge­ne­rada por el co­ro­na­vi­rus.

En toda la telaraña que se ha creado en torno al precio actual del crudo, hay varios elementos que están contribuyendo a esta situación que agobia sobremanera a las petroleras. Por un lado, están los contratos de petróleo a futuro que se firmaron cuando se produjeron los primeros retrocesos del barril por la pandemia y que han vencido o están a punto de vencer. Tal circunstancia ha provocado que haya exceso de crudo y ha generado esta hecatombe.

Fuentes consultadas reconocen que los movimientos a la baja de los últimos días -el precio del barril Brent, del Mar del Norte, ha llegado a estar por debajo de los 16 dólares y el West Texas Intermediate (WTI) de EEUU a cotización negativa de -40,1 dólares- son fruto de esas operaciones especulativas, más bien de errores sobre la evolución del consumo. Al igual que fondos de inversión compran en bolsa cuando los valores están hundidos, hay otros inversores que apuestan por las compras de barcos de crudo con vencimientos a futuro.

Sobresaturación de las reservas

Estas compras tienen un límite para ser colocados en el mercado. Si llegado ese momento, no hay demanda, los fondos o los inversores que han realizado tal compra tienen que desprenderse de ese cargamento como puedan. Esta sobresaturación de crudo ha pillado a la mayoría de los países con las reservas de combustibles a tope, sin poder seguir comprando, y ha generado que los precios se hayan hundido.

Por otro lado, todavía no se ha producido el recorte de producción de la OPEP+ que Arabia Saudí y Rusia acordaron realizar de entre 10 y 12 millones de barriles día, lo que quiere decir que los países productores siguen extrayendo las mismas cantidades. Hasta el mes de mayo, no entrará en vigor tal recorte, con lo que los precios se encuentran en los niveles actuales.

Los expertos consultados por Capitalmadrid consideran que, una cosa es el desplome del barril que se produjo antes de la reunión de la OPEP, cuando acordaron el pasado 9 de abril un tijeretazo sobre la oferta de 10 millones de barriles diarios. Y otra circunstancia totalmente diferente es el hundimiento de estos últimos días.

Los valores mantienen el tipo

De hecho, los valores de las acciones de las petroleras no se han resentido tanto como lo hicieron a mediados del mes de marzo pasado cuando Repsol, por ejemplo, llegó a estar el día 19 a 5,92 euros. Posteriormente, subió por encima de los 8 euros y ahora se encuentra a 7,4 euros. Es decir, Repsol ha recuperado y sigue subiendo lentamente.

Estas mismas fuentes reconocen que las compañías petroleras están adaptando su producción a la demanda actual. Las tres grandes, Repsol, Cepsa y BP están haciendo esta política de adaptación a las necesidades del mercado.

Antes de que el Gobierno levantase las restricciones a los sectores no esenciales -industria y construcción, fundamentalmente-, el consumo de gasolinas había bajado más de un 80% y los gasóleos más de otro 60%. Es decir, durante el confinamiento apenas se consumió combustible pues únicamente circulaban los servicios esenciales.

Revisar los planes estratégicos

Lo que sí hará el sector cuando se aclare la situación, la economía eche a andar, el petróleo se estabilice y pase la tormenta, es revisar sus planes estratégicos. En el último consejo de administración de Repsol, el consejero delegado Josu Jon Imaz dijo que el plan estratégico previsto para el 6 de mayo se aplazaba sine die. Durante ese tiempo, la compañía que preside Antonio Brufau se adaptará provisionalmente durante 2020 a un plan de resiliencia.

Esto ha provocado que las agencias de calificación hayan revisado ligeramente sus calificaciones crediticias. Fitch, por ejemplo, ha rebajado su perspectiva a “estable”, desde “positiva” que la tenía antes de la crisis del coronavirus y la caída estrepitosa del barril y de la demanda.

Fitch reafirma, no obstante, su calificación en ‘BBB’ y señala que prevé Repsol mantenga un perfil comercial y financiero “sólido” durante la etapa bajista de los precios y pronostica que el apalancamiento de los fondos operativos superará las 2,2 veces de forma sostenida. El negocio del downstream y del upstream, así como su diversificación geográfica y una posición “buena” de los costes, lleva a la agencia a mantener la calificación del grupo.

S&P Global ha rebajado igualmente su perspectiva a “estable”, desde “positiva”. Por su parte, Moody’s ha rebajado un escalón la nota de Repsol y lo ha situado en ‘Baa2’, aunque dentro del grado de inversión.

La petrolera anunció en su último consejo que abonará el dividendo de 0,55 euros comprometido en julio próximo -completará así el pago de un euro tras haber abonado ya 0,45 euros-, pero suspende la compra de acciones por un importe previsto del 5% del capital.

Artículos relacionados