Las en­ti­dades han re­du­cido aper­turas y tra­bajo pre­sen­cial con el es­tado de alarma

Los niños pueden ir a las sucursales bancarias pero a los padres los mandan a Internet

El sector ban­cario es un ser­vicio esen­cial pero ajusta a mí­nimos su ser­vicio en red

Internet móvil, el tráfico de datos móviles casi se ha triplicado ...
Banca on line

Por des­co­no­ci­miento o im­pro­vi­sa­ción, el Gobierno había in­vi­tado a los pa­dres a que pa­searan con sus hijos hasta los su­per­mer­cados o las ofi­cinas ban­ca­rias. La me­dida, bien es cierto, se co­rrigió en cues­tión de ho­ras, aunque de la pri­mera for­mu­la­ción de la por­tavoz del Gobierno, María Jesús Montero, se des­prende hasta que punto la mi­nistra de Hacienda ig­nora que, apro­ve­chando el Estado de Alarma, la banca ha re­du­cido drás­ti­ca­mente la aper­tura de su­cur­sales y el ac­ceso a los clientes a las es­casas que per­ma­necen abier­tas.

Todo el sector financiero asumió que su actividad estaba incluido entre los servicios esenciales con la entrada del estado de alarma por la crisis del coronavirus. Eso sí, al mismo tiempo la mayoría de las entidades tomaron medidas para evitar aglomeraciones en sus sucursales, sobre todo en días puntuales como son los del cobro de la pensión.

Esas medidas se adoptaron, en la mayoría de los casos, desde los primeros días en los que se impuso el confinamiento a casi toda la población española, al igual que muchos bancos convirtieron en telemáticas sus respectivas juntas de accionistas anuales. Una vía que también se impone ahora con la presentación de los resultados del primer trimestre.

El Santander, por ejemplo, redujo casi a la mitad (de 3.124 sucursales a 1.736) la apertura de su red de oficinas en España, con horarios restringidos y con 100.000 empleados de todo el mundo realizando su trabajo en remoto. Por su parte, el BBVA tan sólo ha mantenido durante estas semanas el 10% de su plantilla con presencia física en sus oficinas.

La banca española ha desarrollado desde hace años distintos canales digitales que permiten a sus clientes mantener la operativa más básica. Aunque las sucursales físicas mantienen su importancia para el conjunto del sector, estos locales se han enfocado cada vez más al asesoramiento personalizado y a la comercialización de productos de valor añadido.

Desde que se decretara el estado de alarma, la mayoría de las entidades bancarias han invitado, por no utilizar verbos más imperativos, a que los clientes limitaran sus operaciones a los canales remotos (incluso los ya tradicionales cajeros automáticos) y a la petición de cita previa si tenían que acceder a la sucursal de su banco.

¿Clientes potenciales?

Ante todas estas medidas adoptadas desde hace algo más de un mes por parte de la banca española, algunos se han sorprendido de que desde el Gobierno se esgrimiera que los padres podían acudir a las sucursales en compañía de sus hijos menores de 14 años, junto a otras sugerencias como las de ir a la compra al supermercado.

Algunos responsables de los trabajadores de banca, como se pudo escuchar en la junta de Bankia celebrada el pasado 27 de marzo, ya reprocharon a su presidente, José Ignacio Goirigolzarri, que no se hubiera procedido a una disminución mayor del personal que trabaja en la redes de la entidad ante los riesgos de contagio. Goirigolzarri justificó el mantenimiento como servicio esencial y minimizó el riesgo ante una menor afluencia de clientes.

Jocosamente, algunos sospechan que las intenciones del Gobierno fueran las de familiarizar a los más pequeños con la operativa de una oficina bancaria para que el sector logre captar a los clientes más jóvenes, antes de que con el tiempo recurran a las fintech en detrimento del negocio de la banca tradicional.

Esa sospecha, sin embargo, resulta menos divertida si con el patinazo inicial del Gobierno se haya puesto de manifiesto el desconocimiento de cómo está operando la banca española desde hace más de un mes y sin visos de que se pueda volver a una cierta normalidad de sus empleados y clientes.

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