El banco suizo Julius Baer se suma a quienes de­fienden la ac­ción pú­blica para salir de la crisis

Keynes se alza contra el virus con su medicina frente a las crisis

La re­ce­sión mun­dial por la pan­demia reac­tiva el papel del Estado como motor eco­nó­mico

Keynes
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La pri­mera crisis global de la his­toria ha cam­biado la vida de los ciu­da­danos en todos los países del mundo. Ha im­puesto el te­le­tra­bajo en gran parte de em­presas del sector ser­vi­cios, ha en­viado al des­em­pleo a miles de au­tó­nomos y ha puesto contra las cuerdas el sector pro­duc­tivo. La for­mi­dable mag­nitud de la crisis eco­nó­mica ha obli­gado a los países a em­plearse a fondo con todo tipo de me­didas de apoyo al mer­cado la­bo­ral, en un mo­mento en que las eco­no­mías se en­cuen­tran hi­ber­na­das.

El banco suizo Julius Baer considera que esta crisis ha acelerado un cambio profundo del régimen económico y ve inevitable la intervención gubernamental en la economía.

“A partir de ahora, los gobiernos ya no tienen otra opción que intervenir masivamente no solo en los mercados, sino sobre todo en la economía real, para evitar un escenario de desastre similar al de los años 1930”, ha asegurado el responsable de inversión del banco, Yves Bonzon.

Nos encontramos inmersos en la primera recesión global desde el final de la Segunda Guerra Mundial. Una situación que se desconoce cuánto puede durar y que muchos advierten que se prolongará al menos un año. Sea como fuere, la receta que propone Julius Baer no es otra que la que el economista británico John Maynard Keynes propuso en el balneario de Bretton Woods, al final de aquella contienda.

Keynes había percibido que la crisis de 1929 había provocado tal retracción de la demanda, que resultaba imprescindible estimularla de alguna manera, a través de una demanda extraordinaria que empujase de la producción para abandonar la recesión. Hasta entonces, los estados habían adoptado una estrategia no intervencionista, lo que había conducido al desastre en la Gran Depresión. Keynes formuló su teoría en la que abogaba por una intervención recurrente del Estado en la economía con el objetivo de restablecer el equilibrio entre la oferta y la demanda.

Keynes vuelve a estar de moda. Hace 74 años, tras su fallecimiento, una necrológica apuntaba que se trataba de “una pérdida sólo comparable a la de economistas del calibre de Smith, Ricardo, Malthus, Mill, Marx, Marshall y un puñado mas, cada uno de ellos autor de una aportación inmortal al pensamiento económico y al progreso del mundo entero, por su vigorosa argumentación y persuasión, por sus inmejorables escritos y por su interés en los asuntos de estado y en el bienestar de los pueblos”.

Con la crisis, el pensamiento de Keynes se encuentra más vivo que nunca. El Banco Asiático de Desarrollo ha establecido el coste mundial de la crisis en una banda entre los 1,8 y 3,8 billones de euros. ¿Quién va a pagar esta factura? En España, el Gobierno anunció un plan de estímulos de 200.000 millones de euros, de los que el Estado aportará 117.000 millones para combatir el desastre laboral que está suponiendo la caída en la actividad para el colectivo de trabajadores. Las empresas privadas aportarán 83.000 millones de euros fundamentalmente para préstamos avalados por el Estado.

La situación resulta similar en otros países. El Fondo Monetario Internacional ha vaticinado que la economía española sufrirá una contracción del 8% y que el desempleo se disparará hasta el 20,8% en este año. Para el conjunto de la zona euro, prevé que la economía registre una caída media del 7,5%.

El Financial Times, el medio abanderado del liberalismo, publicaba hace unos días un editorial en el que augura un papel más activo de los gobiernos en la economía. Un cambio en criterios entre los que estaría considerar los servicios públicos como inversiones, no como cargas. También preveía una redistribución de la riqueza y la aplicación de políticas como la renta básica y los impuestos a las rentas más altas. Tres cuartos de siglo después del fin de la guerra, el mundo abandera las ideas de Keynes.

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