Remunerar a los ac­cio­nistas en la si­tua­ción ac­tual le­vanta am­po­llas en los círculos po­lí­ticos

Las grandes empresas cotizadas de Portugal rechazan aplazar el pago de dividendos

La banca es­pañola en el país ve­cino me­jora su imagen ha­ciendo gala de so­li­da­ridad

 Banco Portugués de Investimento
Banco Portugués de Investimento

La au­to­ridad bur­sátil por­tu­guesa CMVM tomó hace días una de­ci­sión iné­dita para un re­gu­la­dor: ha­cién­dose eco del clamor po­pu­lar, hizo una lla­mada a la sen­si­bi­lidad de los ges­tores y ac­cio­nistas de las em­presas co­ti­zadas para que antes de aprobar la dis­tri­bu­ción de los ha­bi­tuales su­cu­lentos di­vi­den­dos, tu­vieran en con­si­de­ra­ción tanto la dra­má­tica si­tua­ción pro­vo­cada por el Covid-19, como la imagen pú­blica y los riesgos de sos­te­ni­bi­lidad fi­nan­ciera.

Pero fue prácticamente lo mismo que hablar a una pared. A todas luces, algunas de las grandes empresas cotizadas del país tienen menos sensibilidad que una ostra. El mejor ejemplo de ello fue la eléctrica nacional EdP, que tuvo en el 2019 un beneficio neto de 512 millones de euros, un1% menos que en 2018. Pues resulta que más de 99% de los accionistas representados en la reciente junta, realizada vía Internet por la pandemia, votó a favor de la distribución de 694,7 millones de euros de dividendos.

Para EdP, todo lo del Covid-19 resultó ser un tema secundario. Indiferente al clamor público de rechazo, el CEO Antonio Mexia habló de la “resiliencia” del modelo de negocio de una compañía comprometida con la totalidad de sus “stakeholders” (inversores, trabajadores, clientela…), y, que al tener una sólida situación financiera, no tenía por qué cambiar ninguno de los objetivos del plan estratégico, cuyo plazo de ejecución expira en 2022.

Y haciendo gala de su buen conocimiento, reiteró que si EdP pensara exclusivamente en los resultados obtenidos por el negocio eléctrico en Portugal, de lo que se estaría hablando, con o sin pandemia, de dividendo sino de pérdidas: en 2019, y por segundo año consecutivo, el negocio eléctrico nacional tuvo un resultado negativo de 98 millones. Y subrayó que durante los dos próximos años EdP invertirá en Portugal más de 3.500 millones.

Inversión anual media

Cabe recordar, al respecto, que para financiar hasta 2022 una inversión media anual de 2.900 millones en la actividad renovable, EdP rebajará su exposición en la Península Ibérica, a través la venta de activos no estratégicos, como las seis centrales hidroeléctricas lusas vendidas al grupo francés Engie por 2.000 millones de euros, y también las centrales térmicas en España y en Portugal, donde EdP registró el último año casi 300 millones de pérdidas.

EdP tiene muy diluida la identidad lusa. Eso es lo que también subraya su CEO, para justificar el pago del dividendo: 40% del capital está en manos de Estados extranjeros, desde el 28,25% adquirido por la estatal China Three Gorges; un 4% de Impic (Abu Dabi), otro 2,7% de Qatar Autority, un 2,7% de Norges Bank (Noruega) y el 2,38 de la argelina Sonatrach. La eléctrica lusa apenas tiene un 11% de capital nacional. El segundo mayor accionista es el grupo español Masaveu, con un 7,19%.

Retroceso en Portugal

No es la primera vez que EdP tiene a la opinión pública en contra. Antes de la llegada del coronavirus, en relación con la remuneración de Antonio Mexia, que lleva 14 años al frente de la eléctrica ya provocaba escándalo. Desde 2016, sus ingresos brutos (entre salario fijo, bonos de productividad, plan de jubilación, etc.) han acumulado más de 10 millones de euros, lo que representa una media anual de unos dos millones, una cifra muy respetable para los salarios lusos.

Pero, según el polémico CEO, su remuneración no tiene nada de extraordinario. Su tesis es que sus ingresos están al mismo nivel de lo que gana un futbolista de segunda clase mundial; que sigue a años de luz de las sumas colosales que las grandes eléctricas europeas y norteamericanas pagan a sus CEO; y que a la hora de la verdad, si EdP alcanzó la dimensión que tiene hoy en el mundo, como eléctrica de referencia, fue mucho gracias a su gestión.

Para Mexia, lo retroceso registrado por EdP en su mercado de origen es lo de menos. Pese a tener aun casi un 78% de la clientela doméstica en el mercado reglamentado (un millón de consumidores), su “share” por consumo bajó al 41%, casi al mismo nivel alcanzado por la competencia española de Endesa (17,7%) e Iberdrola (16,2%), que ya suman también casi a partes iguales un 13% del mercado liberalizado, que cuenta unos 5,3 millones de clientes.

Otras remuneraciones

En todo o caso, otros dos CEO´s de grandes cotizadas portuguesas tienen muy poco que envidiar a Antonio Mexia: Pedro Soares Santos, al frente del grupo de distribución Jerónimo Martins (JM) , y Carlos Gomes da Silva, que dirige Galp Energía, ya suman, respectivamente, cifras parecidas de ingresos brutos. Y llama la atención, que tanto la gestión de JM como la de Galp, no están a favor de aplazar el pago del dividendo.

La decisión al respecto corresponderá a las respectivas juntas de accionistas, que también serán virtuales: Galp votará el 24 de abril un primer pago parcial de 318 millones (lo remuneración total asciende a 580 millones), mientras que JM, con un dividendo previsto de 216 millones, aun no fijo la fecha de la Junta. Lo mismo harán REN (controlada por State Grid China con un 25% del capital), Sonae SGPS y otras cotizadas, que dejaron la decisión a los accionistas.

Las españolas, excepción

De hecho, según un informe de Allianz Global Investores, las veinte mayores empresas cotizadas lusas (PSI20), son la “vice-campeonas de Europa”, en términos de voracidad de sus accionistas, que sólo sería superada en Rusia. Tomando 2019 como referencia, dicho informe situó el volumen de dividendos distribuidos en 2.400 millones de euros, equivalente a un 69% de los resultados, con unos “yelds” de escándalo, situados entre el 3,45% y el 9,90%.

Sin embargo, en relación con el enorme drama sanitario, social y económico provocado por el Covid-19, cabe subrayar la manifestación general de solidaridad por parte de la gran banca. El Santander Totta, cuyo presidente Antonio Vieira Monteiro fue una de las primeras víctimas mortales del coronavirus, aplicará la decisión dictada por Ana Botín al Grupo Santander: no se pagará ningún dividendo sobre los resultados del 2019 y del 2020.

Y lo hizo, junto a otras entidades, antes de que el Banco Central Europeo (BCE) "recomendara" limitar o incluso anular la distribución de dividendos durante el periodo extendido de reestructuración económica de los efectos de la pandemia.

El grupo CaixaBank/BPI, antes de anunciar el aplazamiento sine die del dividendo (en línea con el dueño español), el presidente Pablo Forero, que es el único extranjero al frente de un banco en Portugal, mantuvo un pequeño forcejo con el Banco de Portugal (BdP), que comparte con el Banco Central Europeo (BCE) el poder de tutela sobre el BPI. Es que pese a tener 100% del capital en manos de CaixaBank, BPI opera como una sucursal de derecho portugués.

El que tuvo también una actitud ejemplar fue el BCP con un 27,5% de capital chino (Fosum) y que disputa con el Santander Totta el liderazgo de la banca privada portuguesa: siguiendo las instrucciones del BdP y del BCE, fue el primero a renunciar al pago del dividendo durante este año y el próximo, calculando que con ello, su capacidad de concesión de crédito a las empresas y a los hogares víctimas del coronavirus, se verá incrementada en unos 8.000 millones de euros.

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