ANÁLISIS

El Gobierno rectifica: más vale tarde que nunca

Las acu­sa­ciones de la mi­nistra de Trabajo de que los em­pre­sa­rios se apro­ve­chan de la cri­sis, fuera de lugar

Alberto Garzón y Pablo Iglesias
Alberto Garzón y Pablo Iglesias

Era cues­tión de co­rregir y pronto. Miércoles 1 de abril y martes 31 de marzo, el vi­ce­pre­si­dente se­gundo, la mi­nistra Portavoz y la mi­nistra de Economía. Había que qui­tarle hierro -y rá­pi­da­mente- a las acu­sa­ciones gra­tuitas de la mi­nistra de Trabajo a los em­pre­sa­rios en el sen­tido de que “aprovechaban la crisis para des­pe­dir”. Todo porque aque­llas em­presas que se hayan aco­gido a un ERTE (el Estado se hace cargo de 70% del sa­lario de co­ti­za­ción) no pueden des­pedir a ningún tra­ba­jador du­rante la du­ra­ción del ERTE ni tam­poco en los 6 meses si­guientes a su ter­mi­na­ción.

Pero, ¿por qué se van a aprovechar las empresas? Ante la pregunta de los medios de si se puede flexibilizar la prohibición de despedir durante los 6 meses siguientes al ERTE, la ministra de Trabajo respondió secamente: “No, eso es lo que está regulado”. Es decir que, si pasado el ERTE, la actividad productiva no le permite a la empresa mantener a su plantilla inicial, la única salida que se le ofrece es el concurso de acreedores y, eventualmente, el cierre.

En el terrero más general, más político, se preguntó a los tres comparecientes las razones de esa declaración tan apresurada sobre el cierre de actividades no necesarias. Ninguna consulta a otros organismos del Estado como las CC.AA o las formaciones políticas que votaron a favor de la prórroga del estado de alarma. La ministra Portavoz justificaba las prisas por las otras alarmas, que no cesan, las sanitarias.

Ataque a los empresarios

La presencia del vicepresidente Segundo tenía, entre otras interpretaciones, como la de justificar su condición de miembro del gobierno, la de corregir el tiro al corazón del empresariado de la ministra de Trabajo. Con suavidad aparente, el vicepresidente pretendió cerrar heridas. Todos colaboramos, todos.

La ministra de Economía ha remachado insistentemente la colaboración de empresas y gobierno. No hay antagonismo sino complementariedad frente a la pandemia. El gobierno no ha decretado el cierre en el caso de aquellas empresas, las metalúrgicas vascas o asturianas, necesitadas de mantener el fuego vivo de ciertas actividades que una vez apagadas retrasan la puesta en actividad del proceso productivo. El gobierno vasco ya había reclamado competencias por la especificidad del tejido industrial de su autonomía.

La ministra Portavoz insistió en las alarmas sanitarias. Cortar la expansión de los contagios. El fuego de la epidemia necesitaba mucha agua y sin demora. No obstante, insistió en que, superada la emergencia se reanudará, naturalmente, el diálogo con CCAA y las formaciones políticas. ¿También con los representantes empresariales?

Los empresarios entienden y aceptan la necesidad de acortar la duración de la epidemia. La victoria sanitaria es vital para la recuperación económica. Si la epidemia sigue extendiéndose, la capacidad hospitalaria y la disponibilidad de todo tipo de medios de contención será insuficiente. Nadie querría entonces acudir al trabajo ante el temor a contraer la enfermedad.

Buena noticia para los autónomos. Anuncio de retrasar la formalización de sus cotizaciones a la Seguridad Social. Suspensión temporal que llega con tardanza pero que afortunadamente es un oportuno balón de oxígeno para el colectivo.

¿Por qué no, entonces, aplazar también la formalización de la declaración del IVA? Arañar unos puntos de ingresos fiscales en estas circunstancias quizá provoca más incertidumbre que garantías presupuestarias. Las arcas del Estado van a resentirse, precisamente cuando en Europa se crece el consenso para aprobar un coronabono que haga de la Unión Europea una alianza más fuerte y el euro una moneda más sólida. Miren las autoridades hacia lo que está sucediendo en los EEUU.más deuda federal y el dólar firme. Un ejemplo.

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