La im­po­si­bi­lidad de cal­cular el im­pacto de la ac­tual crisis des­ba­rata cual­quier pre­vi­sión

La banca era feliz hace apenas dos meses y no lo sabía

Las me­didas del Gobierno que afectan al sector se asumen pese al riesgo que con­lleva

Manuel Menendez
Manuel Menendez, Liberbank.

Si la cua­ren­tena afecta a buena parte de la po­bla­ción, los planes de ne­go­cios de los bancos es­pañoles tam­bién han en­trado en con­fi­na­miento. El arranque del ac­tual ejer­cicio había sido po­si­tivo para el sec­tor, según re­co­nocen al­gunos de sus má­ximos di­rec­ti­vos, pero el es­tado de alarma de­cre­tado ha ge­ne­rado una ra­len­ti­za­ción del ne­gocio y la pro­lon­ga­ción de dicho es­tado afec­tará aún más. Mientras, la mo­ra­toria hi­po­te­caria y otras me­didas se asumen por la banca pese al riesgo que po­dría con­lle­var.

Las desérticas juntas de accionistas de los bancos ya han supuesto un termómetro de cómo el sector financiero está afrontando la crisis del coronavirus, cuyo impacto es muy complejo evaluar en estos momentos y mucho menos sin saber a ciencia cierta la duración del estado de alarma decretado por el Gobierno de Pedro Sánchez.

Si la consejera delegada de Bankinter, María Dolores Dancausa, ya advertía del complejo escenario en el que se va a desenvolver su negocio, su homólogo en Liberbank ha sido mucho más contundente en la junta de accionistas de su grupo. "La evolución del primer trimestre estaba siendo muy positiva hasta la declaración del estado de alarma", ha reconocido Manuel Menéndez que ha tenido que suplir a su presidente, Pedro Rivero, "por motivos personales".

En una línea muy similar se mostraba hace unos días el presidente de Bankia, José Ignacio Goirigolzarri, al responder a la intervención conjunta de los representantes sindicales presentes en el grupo en manos del Estado. Ante el mantenimiento de apertura de diversas oficinas, Goirigolzarri justificó esa decisión para ofrecer el servicio necesario a sus clientes aunque afirmó que se había producido "una fortísima reducción de clientes durante estos días" en sus sucursales.

Los máximos responsables del Sabadell también reconocían en su encuentro telemático con los accionistas del banco que en 2020 tendrían que hacer algún que otro sacrificio, como anunció su presidente José Oliu. Por su parte, el consejero delegado del Sabadell, Jaime Guardiola, advertía, aunque aún "es pronto para evaluar el impacto", aunque en el último ejercicio de su actual plan estratégico "incorporaremos los ajustes necesarios".

Tras el aplazamiento sine die de la junta de CaixaBank, la cita anual del Santander con sus accionistas será la próxima referencia de la situación que se vive o se vislumbra en el sector bancario.

Su presidenta, Ana Botín, habitúa a incluir en sus discursos, al menos durante los últimos años, algunos mensajes sobre los retos políticos o económicos que se tenían que afrontar cuando, por ejemplo, era casi imposible formar un Gobierno estable en los últimos tiempos.

Bajo vigilancia

Toda la banca, no sólo la española, está en el punto de mira tanto de los supervisores como de distintas firmas de análisis ante cómo puede impactar la crisis sanitaria y económica por el virus. Por ejemplo, Goldman Sachs ya ha recortado en un 27%, unos 120.000 millones de euros, el beneficio del conjunto de la banca europea.

Moody's también ha lanzado algunas advertencias sobre el riesgo a largo plazo para los bancos. Entre ellos estarían algunas medidas, como la moratoria de pago de préstamos, que "podrían debilitar la calidad de los activos" de las entidades, aunque el Gobierno ha llegado a ofrecer garantías de hasta el 80% en algunos de esos créditos.

La agencia Fitch, por su parte, ha alertado respecto a la "presión en la rentabilidad por menos negocio" y un aumento significativo de los impagos, ante la situación crítica en la que incurran algunos sectores del tejido empresarial.

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