Rajoy con­virtió el Ministerio de Industria del so­cia­lista Sebastián en una simple se­cre­taría de­pen­diente de Economía

Sánchez quiere resucitar criterios industriales que fracasaron con sus predecesores

Algunos grandes sec­tores re­claman ahora con­ver­tirse en mo­tores del fu­turo cre­ci­miento

Industria bienes equipo
Industria bienes equipo

Bajo el pa­ra­guas del viejo re­frán cas­te­llano que ase­vera “que sólo nos acor­damos de Santa Bárbara cuando true­na”, al Gobierno de Pedro Sánchez se le están ocu­rriendo las mismas ideas de rein­dus­tria­li­za­ción del país que fra­ca­saron con al­gunos de sus mu­chos pre­de­ce­so­res, sobre todo los de corte so­cia­lista, pre­ci­sa­mente por la total y ab­so­luta falta de com­pe­ti­ti­vidad del sector pri­mario de la eco­nomía es­pañola. Pero, de re­pente, el co­ro­na­virus se ha ins­ta­lado en la Moncloa de Sánchez, aunque sólo sea en la in­dus­tria quí­mica y far­ma­céu­tica.

Estos dos subsectores deberían haber sido el motor de la investigación del país, pero los elevados costes sociales y unos salarios muy superiores a los de China y otros del mundo en desarrollo lo impidieron. De haber sido de otra manera, España no estaría ahora a las órdenes de empresas exteriores más agresivas en precios.

El Ejecutivo ha reiterado que quiere crear una industria nacional que garantice el abastecimiento y la soberanía nacional. Demasiado tarde para la que tenemos encima. Aunque, eso sí, hay que denunciar que el abandono de la industria no es de este gobierno y sí del resto de dirigentes que han precedido, tanto del PSOE como del PP.

En el Ejecutivo de Mariano Rajoy, siendo ministro de Economía, Industria y Competitividad, Luis de Guindos, el Ministerio de Industria fue separado entonces de Energía y se convirtió en una simple Secretaría General. Esa decisión fue duramente criticada por los sindicatos y por las federaciones del ramo como Feique que se vieron, en ese momento, como los grandes olvidados del Gobierno.

La bofetada de Guindos a la industria

La mayoría pensaba entonces que había sido una gran bofetada del nuevo Ejecutivo hacia un sector que, precisamente, en su conjunto, genera el 50% del PIB industrial y más de cuatro millones de empleos en el país.

Además, los datos mostraban ya la caída que había sufrido la industria con la crisis desde 2008. Desde entonces hasta 2016, se habían perdido unos 800.000 empleos en el sector industrial y unas 46.500 empresas habían desaparecido del mapa.

Actualmente, la industria productiva española supone el 13% del Producto Interior Bruto (PIB) y lo que necesitaría este sector es que, al menos, representase el 20% para ser competitivos con los países punteros europeos. Genera el 12% del empleo directo, si bien sus efectos indirectos e inducidos, alcanzan el 43% de la riqueza y el 30% del empleo.

En aquel momento, todas las federaciones empresariales y sindicales exigían a Rajoy una Secretaría de Estado y no depender del Ministerio de Economía, pues veían que al ministro Luis de Guindos le interesaba bastante poco el sector industrial. Recuerdo que fue duramente criticado por no acudir a la firma de una Declaración en la que empresas y sindicatos reclamaban a los partidos políticos un Pacto de Estado por la Industria.

Al acto, asistió únicamente la secretaria general de Industria y de la Pequeña y Mediana Empresa, Begoña Cristeto, pero fue destacable la ausencia del ministro en una convocatoria en la que estuvieron presentes los máximos representantes de sectores estratégicos como el automóvil (Anfac), química y farmacia (Feique), cemento (Oficemen), siderurgia (Unesid), papel (Aspapel), alimentación y bebidas (Fiab).

Con la llegada al poder del PSOE, Pedro Sánchez ha vuelto a crear el Ministerio de Industria pero hay que destacar que con escaso apoyo a las empresas y poca inversión destinada a programas de investigación y desarrollo.

Ahora, en plena crisis del coronavirus, estas mismas asociaciones además de AOP (productos petrolíferos) han pedido al Gobierno un plan progresivo que impulse las actividades industriales y el sector de la construcción, adoptando medidas “urgentes” que estimulen la demanda y la competitividad de las empresas.

Estimular la competitividad y la demanda

Exigen que la vicepresidencia Económica y el Ministerio de Industria activen un programa de medidas de rápida implantación apoyados en cinco ejes: Inversión pública en infraestructuras, vivienda pública y rehabilitación; estimular la demanda del automóvil y reducir de forma coyuntural las cargas impositivas de los sectores sometidos a la competencia internacional.

Asimismo, reclaman una reducción en los costes de los precios de la energía, tales como la suspensión del impuesto de generación o la garantía de compensación de los costes indirectos de CO2 y promover medidas que favorezcan el acceso a los mercados internacionales y protección de la actividad exportadora.

El presidente de Feique, Carles Navarro, sostiene por ejemplo que “el crecimiento del sector químico no depende exclusivamente del posicionamiento estratégico de las empresas, sino también -y en algunas áreas de forma decisiva-, de las decisiones de los diferentes poderes públicos para configurar unas condiciones de competitividad atractivas para la industria en general y para el sector químico en particular”.

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