OPINIÓN

El joven Múgica: resistió al franquismo y a ETA pero no al fatal virus

Formaba parte como fun­dador a la per­se­guida Aula de Cultura de San Bernardo

Enrique Múgica.
Enrique Múgica 1932-2020.

Se pre­sentó un día del curso 1955-56 en aquella am­plia y des­tar­ta­lada ca­fe­tería si­tuada en uno de los lados del patio de la Facultad de Económicas de San Bernardo, en el que, cuando es­taba va­cío, o casi va­cío, ju­gá­bamos al fut­bol. Venía Enrique de Portugal, de Estoril. Nos habló de Don Juan de Borbón y de cómo un grupo de aris­tó­cratas y em­pre­sa­rios es­pañoles es­taban co­ci­nando una alianza para re­ins­taurar la mo­nar­quía y la de­mo­cracia en España.

Enrique consiguió organizar un Aula de Cultura en la que tuvo lugar destacadísimo el que luego fuera catedrático de Filosofía, Javier Muguerza. El Aula, como luego el Congreso de Escritores (finalmente prohibido), era la punta de lanza bien afilada por un grupo de brillantes jóvenes comunistas, Javier Pradera, Ramón Tamanes, Sánchez Dragó (más pro-chino que pro-soviético), entre otros cuyos nombres he olvidado...

El anzuelo monárquico democrático no era otra cosa que una invisible red de captación de adeptos lanzada al aire por el partido comunista. Algunos no caímos dentro, pero sí mantuvimos la amistad y seguimos testimoniándole la máxima atención a Enrique. Múgica era un profesional en un mundo de adolescentes deslumbrados por su sabiduría política.

También era un chico bien de San Sebastián, al que le hacia gracia el desparpajo de unos jóvenes madrileños anarcos o sociatas, lectores de Baroja o más partidarios de Koestler y su " Cero y el Infinito", que de Marx o Engels. Unos jóvenes un tanto descarados, que en más de una ocasión, más en broma que en serio, preguntaban Enrique si les prestaría su abrigo de cashmire beige porque querían deslumbrar a alguna chica.

Enrique convenció al rector magnifico, Don Pedro Laín, y se celebró el Aula de Cultura. Una pica en Madrid del partido comunista. En aquellos días de la preparación del Aula, se produjo una demostración de valentía y afirmación cuando en el curso 1955-56 algunos alumnos(¿ comunistas?) irrumpieron en las clases para leer, alto y fuerte, un manifiesto democrático.

Hubo una inmediata y durísima reacción de la Falange. Grupos organizados con porras de goma y guantes de acero tomaron la vieja Universidad de San Bernardo. Salida en masa de los universitarios, escaleras abajo cantado “sola se queda Fonseca, sola se queda la Universidad”. Manifestación estudiantil desde la calle de San Bernardo hasta Gran Vía y una brutal represión por grupos de extrema derecha.

Días después, los estudiantes se manifestaban ante la embajada del Reino Unido y el Embajador pedía al Ministro de la Gobernación: “no me hacen falta más guardias, pero por favor, no me mande más estudiantes”. El régimen reaccionaba . Habia muchos estudiantes dispuestos, todavía, a colaborar. Tambien habia jóvenes falangistas disponibles.

Enrique fue un activista hábil, inteligente, pero también decisivo a la hora de despertar una conciencia política en una Universidad sorda a los mensajes democráticos que el régimen del General Franco había conseguido adormecer.

El Rector, Laín Entralgo, y el Ministro de Educación, Ruiz Giménez, fueron apartados de sus cargos, sustituidos por defensores convencidos de las excelencias de un régimen autoritario. Sin embargo, el mensaje de Enrique Múgica, como hubiese dicho Unamuno, “en la eternidad y en los profundos” quedó esculpido en el corazón de muchos jóvenes.

El camino de la vida es juego largo y no es fácil pasar por el agudo filo de la navaja. Enrique ha sido un destacado miembro de la social democracia española y en el camino de la democracia vió como su hermano moría asesinado por ETA.

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