Monitor del Seguro

La pér­dida de valor de los ac­tivos es el im­pacto que más preo­cupa a corto plazo

¿Están preparadas las aseguradoras para afrontar la crisis del coronavirus?

Las bazas de las es­paño­las: perfil de riesgo con­ser­vador y téc­nicas de ca­sa­miento de flujos

Aseguradoras
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Durante la crisis fi­nan­ciera de 2008 la in­dus­tria ase­gu­ra­dora aguantó muy bien. De he­cho, es algo que se han en­car­gado de re­cordar muy a me­nudo desde el sector para tomar dis­tancia de lo ocu­rrido en otras en­ti­dades del sector fi­nan­ciero, como los ban­cos, que ne­ce­si­taron mi­llo­na­rios res­cates para se­guir ade­lante. ¿Podrá el se­guro man­tener igual de bien el tipo en esta crisis ge­ne­rada por el COVID-19?

“La gestión del balance y del negocio con una visión de largo plazo, propia de la actividad aseguradora, singularmente pero no solo del ramo de Vida, permite encajar con mayor flexibilidad en el tiempo que otros sectores los efectos adversos que se derivan de la caída de la actividad, el aumento de los spreads crediticios y la mucho mayor volatilidad y contracción, en general, del valor de los activos con los que respaldan sus obligaciones futuras”, asegura Analistas Financieros Internacionales (AFI) en su último informe sobre el sector.

Estos expertos consideran que el nivel de solvencia se manifestó en aquella ocasión suficiente, y en esta podría también aportar bastante tranquilidad, entre otras cosas porque incluso se ha reforzado con Solvencia II. No obstante, salir indemne va a ser imposible: “Los impactos individuales sobre las compañías pueden ser en todo caso significativamente distintos en atención al ramo en el que operan, la estructura de sus carteras de inversión, el perfil de riesgo de la entidad, y la utilización o no de técnicas de gestión de cobertura mitigantes de los riesgos asociados a la extrema volatilidad de los mercados”.

La primera línea de impacto deriva del parón de la economía (la de España, la de Europa, la de EE.UU., la mundial) al que obliga la crisis sanitaria generada por la pandemia. Desde AFI aseguran que la industria sufrirá un impacto severo, pero también recuerda que “parte de una situación globalmente sólida tanto en términos de solvencia como de rentabilidad, que en el caso español supera los dos dígitos en los últimos años”.

Los canales por los que se verá afectado son de distinta naturaleza: siniestralidad, reducción de los ingresos (primas) como consecuencia de la caída de la actividad económica y de la intensificación y prolongación en el tiempo de los tipos de interés reales negativos y, por último, pérdida de valor de las carteras asociada a la ampliación de los spreads crediticios y al desplome de las cotizaciones de la renta variable.

Es este último canal de impacto el que más preocupa a AFI en el corto y medio plazo. Considera que “el aumento de los spread soberanos, mucho mayor aún de los spreads de las emisiones corporativas que recogerán con toda probabilidad con el tiempo una progresiva migración hacia ratings de peor calidad crediticia y, finalmente, la drástica reducción experimentada por la valoración de las exposiciones en renta variable tendrán un doble efecto: su traslación a los resultados de las compañías, y un impacto directo también en el valor económico de sus recursos propios, con afección en definitiva a sus ratios de solvencia”.

Este impacto será mayor en el negocio de Vida que en el de No Vida. Pero el golpe variará en función de la estructura de las carteras de inversión, la cual es muy diferente dependiendo de los países. Según el último Financial Stability Report de la autoridad supervisora europea de seguros y fondos de pensiones (Eiopa), en España domina la inversión en deuda gubernamental (58,6% del total), especialmente en bonos del Gobierno español, mientras que la exposición a renta variable es reducida (5,7% frente a una media del 15,1% de los principales países de la Unión Europea).

Desde AFI destacan que ese perfil de riesgo más conservador “se ve acentuado adicionalmente por la utilización en el ramo de Vida de técnicas de gestión muy orientadas al casamiento (matching) de flujos. Sin duda, ello atenúa también, parcialmente, los efectos indeseados de graves alteraciones en las condiciones de mercado como las que ahora han tenido lugar”.

Por tanto, según se desprende de este análisis, aunque la situación es grave y dejará huella en las aseguradoras, en el caso de las compañías españolas los efectos serán menos dañinos que en otras de nuestro entorno por el perfil de riego de las carteras y por la técnicas de gestión utilizadas. Lo que no significa que no vayan a sufrir.

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