ANÁLISIS

Los países del sur de la UE, camino de la depresión tras el fracaso del Consejo Europeo

Pese a los con­troles ar­ti­fi­ciales para la cuan­ti­fi­ca­ción del paro, las ci­fras del primer se­mestre serán des­co­ra­zo­na­doras

Integración europea
Integración europea

“Haremos lo que sea ne­ce­sario para su­perar la cri­sis”, es lo que dice el co­mu­ni­cado del Consejo Europeo ce­le­brado por video con­fe­rencia el pa­sado jueves 25 entre los Jefes de Estado y de Gobierno de los 27 países de la Unión Europea en la pri­mera de sus siete pá­ginas de con­clu­sio­nes. Pero entre las ini­cia­tivas in­cluidas entre todo “lo que sea ne­ce­sa­rio”, de mo­mento al me­nos, se ha ex­cluido la crea­ción de fi­gura de los ‘coronabonos’.

Esta decisión hubiera supuesto haber enviado un mensaje decidido al mundo de que los países europeos están dispuestos a compartir los riesgos presupuestarios de los demás Estados miembros de la Unión. La oposición frontal, en especial de Alemania y Holanda, de momento los hacen inviables. Y las esperanzas no pueden ser grandes sin nos atenemos a la vaguedad del comunicado del propio Consejo.

Así, en el punto catorce del mismo, relacionado con la sección de ‘Como hacer frente a las consecuencias económicas’ de la crisis del coronavirus todo lo que dicen es que “tomamos nota de los avances realizados por el Eurogrupo. En esos momentos, invitamos al Eurogrupo a que nos presente propuestas en un plazo de dos semanas. Dichas propuestas han de tener en cuenta que la conmoción causada por la COVID-19 no tiene precedentes y afecta a todos nuestros países, y nuestra respuesta se reforzará, según resulte necesario, con nuevas medidas adoptadas de forma inclusiva, en vista de los acontecimientos, con objeto de ofrecer una respuesta global”.

Con esta imprecisión parece lógica la respuesta dubitativa de los inversores y de los mercados. Eso pese a las enormes medidas adoptadas por el Banco Central Europeo, en especial con el programa con el que comprará hasta 750.000 millones de euros en activos durante este año y, en caso necesario, incluso más allá de esa fecha.

Es cierto que el BCE cuenta con la posibilidad de comprar los activos de forma flexible, tanto a lo largo del tiempo, como a los activos que se van a adquirir, sean estos públicos o privados con independencia de la nacionalidad del emisor, lo que da a entender que el BCE tiene la posibilidad y el compromiso de no dejar caer a ningún país. Al menos en las actuales circunstancias.

Aunque se deja hacer esto al emisor europeo, en cambio Alemania y Holanda siguen rechazando dar su respaldo comunitario expreso a los riesgos que hoy tienen que asumir los países más endeudados del Sur de Europa como España e Italia, sin olvidar Francia que tienen unos niveles de deuda en porcentaje similares a los españoles.

Durante los próximos días, hasta la celebración del próximo consejo, el trabajo quedará en manos de los ministros de Economía. Será la oportunidad de Nadia Calviño de poder mejorar su intervención en la gestión de la crisis. A la espera de conocer los detalles concretos de sus propuestas al consejo de ministros, su negativa a reconocer que las consecuencias del coronavirus en la economía española serían muy relevantes hasta prácticamente hace tres días, no la dejan en el mejor lugar sobre la gestión de una crisis, que también por lo que respecta al ámbito económico y laboral deja mucho que desear.

Las últimas decisiones dadas a conocer por el presidente del Gobierno vuelven a evidenciar que estamos sufriendo las consecuencias de que antes no se han adoptado. Serias son las medidas de prevención sanitaria que facilitaran el mantenimiento del proceso de los principales sectores económicos no directamente afectados por la crisis del Covid19 como puede ser el turístico.

Frente al cierre casi general del proceso productivo del ya complejo entramado económico español, salvo los sectores considerados esenciales, se echa en falta que el ejecutivo no haya dotado de los necesarios equipos y medidas sanitarias a estos sectores para que las empresas puedan gestionar la crisis de forma más eficiente que como lo planteado hasta ahora.

El generalizado rechazo de la patronal a las recientes medidas anunciadas por el presidente del Gobierno en su intervención de este sábado evidencia que le está faltando diálogo con una parte de los agentes sociales tan afectados por la crisis.

A ello hay que añadir la desatención a una reivindicación tan urgente como la realizada por los representantes de los trabajadores autónomos de que se posponga el pago de las cuotas de los dos últimos meses. Al menos hasta conocer la evolución de los aspectos sanitarios de la crisis y las posibilidades de los trabajadores autónomos de poder volver a trabajar y facturar a sus clientes.

Según los expertos médicos, hemos entrado en la semana clave para el posible control de la epidemia. También estamos en el centro de las semanas clave de cara a adoptar medidas que palíen las enormes consecuencias en el ámbito económico y laboral de esta crisis.

Cada vez son más los especialistas que asumen que vamos a entrar en una depresión, lo que conlleva una contracción económica de al menos un año, superando así la recesión que quedaría reducida a solo dos o tres trimestres de contracción. Las consecuencias en el ámbito laboral serán devastadoras. La decisión del gobierno de prohibir los despidos durante las próximas semanas conseguirá retrasar el incremento de los inscritos en el paro y evitar el colapso de las oficinas y las cuentas de la Seguridad Social, pero habrá un momento en que llegará.

Pero si es necesaria una respuesta comunitaria en el ámbito de las garantías de los Estados miembros, actuaciones aisladas adoptadas a solas por el Gobierno de colación PSOE-Unidas Podemos, no son la mejor garantía para afrontar la gravedad de la situación en las mejores condiciones tal y como exige el interés general de la ciudadanía española.

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