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El dis­po­si­tivo avisa al usuario con una vi­bra­ción cuando está a punto de to­carse la cara

Immutouch, una pulsera inteligente contra el coronavirus

Conectada al móvil a través de una app, está equi­pada con un ace­le­ró­metro capaz de rea­lizar 10 me­di­ciones por se­gundo

Coronavirus.
Coronavirus.

Aparte de los buenos há­bitos hi­gié­ni­cos, una de las pre­ven­ciones más im­por­tantes para evitar el con­tagio por co­ro­na­virus es abs­te­nerse, en la me­dida de lo po­si­ble, de lle­varse las manos a la cara, ya que en esta parte del cuerpo están las zonas más sus­cep­ti­bles de asi­milar el pa­tó­geno: las mu­cosas de la boca, los ojos y la na­riz. Pero nadie con­sigue evitar este gesto, tan na­tural como inevi­ta­ble.

Para ayudarnos en esta tarea, el mercado de 'gadgets' ofrece Immutouch, una pulsera inteligente diseñada para impedir que el usuario se manosee el rostro mediante condicionamiento pavloviano.

Tocarse la cara es algo que el común de los mortales hace sin darse cuenta, como un acto reflejo. Ahí es donde interviene el dispositivo, diseñado por la empresa Slightly Robot: su acelerómetro interno, capaz de realizar hasta 10 mediciones por segundo, detecta los movimientos de la mano dirigidos a las zonas sensibles y emite una vibración que permite al usuario percatarse de su acción, involuntaria o no, y detenerla. De este modo, se reduce el riesgo de infección.

Condicionamiento contra el contagio

El sensor interno de la pulsera está vinculado a una app de smartphone en la que se pueden realizar las configuraciones necesarias para adaptar el funcionamiento del accesorio a los tics y el ritmo de cada individuo. La meta es que el cerebro elimine de forma inconsciente el hábito de tocarse la cara, de forma similar al famoso experimento del perro de Pavlov. Es, por tanto, un ejemplo de condicionamiento psicológico clásico.

En Slightly Robot, la firma tecnológica detrás del invento, recuerdan que las personas nos tocamos la cara 23 veces de media cada hora. "Un problema de la magnitud del Covid-19 exige que todos pongamos de nuestra parte, sea grande o pequeña; y en este caso estábamos excepcionalmente bien posicionados y sentimos que era nuestro deber al menos intentarlo", afirman.

Lo paradójico es que el diseño original de la pulsera nada tenía que ver con los protocolos de prevención de pandemia alguna. La idea que llevó a su desarrollo era ayudar al comprador a deshacerse de manías como morderse las uñas, rascarse zonas del cuerpo infectadas de acné o hurgarse las orejas.

La reinvención del 'gadget' como herramienta de lucha contra el contagio del Coronavirus ha abierto a los desarrolladores insospechadas posibilidades de negocio. La empresa sale al paso de las acusaciones de oportunismo alegando que el precio del producto (45 euros aproximadamente) equivale prácticamente a su coste de fabricación, para maximizar su disponibilidad al público.

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