OPINIÓN

El coronavirus deja en evidencia a irresponsables políticos pero abre una oportunidad

Pedro Sánchez, de vuelta.
Pedro Sánchez, de vuelta.

Parafraseando la con­traria del re­frán “no hay mal que por bien no venga” se abre ante nues­tros ojos un ho­ri­zonte iné­dito. Ojos de eu­ro­peos pero sobre todo de los ciu­da­danos es­pa­ñoles que no po­demos re­sig­narnos a ser súb­ditos de quien ni nos re­pre­senta fiel­mente ni guarda nues­tros in­tereses como de­biera, tanto los del cuerpo como los del es­pí­ritu (¿los ateos tienen es­pí­ri­tu?).

Esta crisis del virus, que desde hace varios meses se veía venir en un mundo tan globalizado y en un país tan turístico como el nuestro, nos ha estallado dentro sin que nuestros gobernantes hayan realizado ningún tipo de mentalización y simulacro al respecto, sino mas bien todo lo contrario con apoyo a actos lúdicos y manifestaciones donde el virus ha proliferado sin ninguna cortapisa.

Los enfermos y muertos, algunos evitables, quedarán para siempre sobre los hombros (dudo que tengan conciencia) de quienes por ineptitud, estrategia política o simplemente imbecilidad han usado como táctica la de “no hacer nada políticamente incorrecto” hasta que ha sido no ya necesario sino absolutamente imprescindible.

Estos gobernantes de una pésima preparación no ya política sino humana, que nos quieren convencer de su preparación técnica en algún campo mediante “plagios”, enchufes, masters de dudoso contenido, doctorados con tribunales sin ningún criterio creados “ad hoc” por los políticos, son los verdaderos responsables de los muertos que han llegado y los que desgraciadamente están por venir. Y como tales responsables deberían ser juzgados como el que conduce sin carnet o con carnet falsificado.

El hecho es muy claro y contundente : Hoy casi un mes después del primer caso se ha decretado el estado de alarma en el país, cuando se ha perdido una primera batalla al tener una buena parte del personal médico fuera de servicio por contagio. No es que se viera venir el problema, sino que ya se había experimentado en cabeza ajena los resultados de la gestión del mismo en China e Italia. Se trataba de copiar lo que había funcionado. A los plagiarios y copiones al menos se les debe exigir eso: saber copiar.

Ahora bien, una vez que el ciudadano como votante, después de esta crisis sanitaria y económica, se decante por unos gobernantes, quedará la solución económica de la misma, pues parece claro que no se podrán paliar los daños en una sola legislatura debido al agujero que en el PIB le va a suponer al país.

La petición de responsabilidades por la pésima gestión a los actuales debería de ser, además de política, la que se aplica en la Ley de Sociedades a los malos gestores que arruinan las empresas que les pagan en beneficio propio. De otra forma nunca habrá escarmiento para quienes acceden a la política por el pecunio que les ofrece, ya que fuera de la misma dicho pecunio les sería inalcanzable. Por eso Abalos dice eso de “he venido para quedarme”, que por cierto es la única verdad que ha salido de sus labios.

Lo normal según van las cosas con la dirección de orquesta que tenemos de estos “copiones y plagiarios” que nunca han trabajado en el mundo real (empres privada) es que nos dejemos algunas décimas del PIB en esta crisis y que aumentemos los costes sociales, vía paro, en un buen pellizco.

Como no soy economista estas cifras pueden resbalarme entre los dedos, pero no el concepto de donde podemos ahorrarlas para que disminuyendo el gasto, con los ingresos que tengamos en el futuro podamos cuadrar las cuentas sin tener que recurrir a mas deuda externa (por cierto una gran parte en manos de los chinos que con su capitalismo-comunista son los creadores del virus).

Este ahorro en el gasto tiene que soportarlo el Estado y sus componentes desde Presidencia hasta municipios pasando por Ministerios, Autonomías y demás sociedades públicas donde están colocados los políticos de carnet y sus acólitos.

Es decir, lo mismo que nos cueste la crisis en menor PIB y mayor paro debemos de sacarlo de la reducción del Estado, no ya sólo vía del cierre de las sociedades públicas creadas para “cementerio de elefantes” y “pagos por favores a ciertos personajes ministrables” sino del despido de funcionarios ineficientes e ineficaces que en su tiempo de estancia, que no de trabajo, se dedican a otros menesteres propios. Y cuando digo funcionarios me refiero a todos los niveles de la administración pública, así como sindicatos y demás pamplinas que comen de los PGE.

Con inclusión muy clara de los partidos políticos cuyos gastos deben de ser soportados única y exclusivamente por sus afiliados, y simpatizantes si los tienen.

Quienes no debemos de pagar NUNCA somos las víctimas de la estulticia de los gobernantes, que somos los gobernados en su doble afección de persona física o jurídica, pues en ese caso dejaríamos de ser ciudadanos para convertirnos en súbditos.

Juan José Muñoz Armagnac es Ingeniero de Obra Pública por la Universidad Politécnica de Madrid

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