ANÁLISIS

Cataluña: el cuento del espía jubilado

Oriol Junqueras de ERC
Oriol Junqueras de ERC

Permítanme que les cuente un cuento, con un tanto por ciento de fic­ción lo que le im­pide que sea una cró­nica y le acerca a lo que vul­gar­mente se co­noce como un su­ce­dáneo de in­for­ma­ción. Algo muy fre­cuente. Pero tal vez con­tenga más no­ticia que la ma­yoría de los aná­lisis y casi todas las opi­nio­nes.

Max es un viejo espía jubilado, de pasaporte danés, creo, que sestea frente al Mediterráneo y al que los sucesos de Cataluña han alterado algo su tranquilidad. Nuestra vieja amistad le permitieron ofrecerme algunas confidencias. Este es un breve resumen.

La pugna entre las dos facciones independentistas es real y casi llega a lo personal. Estas diferencias no ponen en peligro la aprobación de los presupuestos que está pactada, pase lo que pase.

La llamada “desinflamación del conflicto”, en lenguaje de la Moncloa, es real. La reciente cancelación del congreso de telefonía móvil, un escaparate mundial, les han deprimido y devuelto a la realidad un poco más. Saben que no ha sido por el virus.

Dan una cierta importancia al mítin de Perpiñán, ya que gran parte de sus esperanzas no confesadas están en la benevolencia de Francia. Max dice que en la documentación sobre la “desconexión” con España está escrito que la defensa del territorio se encomendaría al vecino del norte. Y el Barca jugaría en su liga, como el Mónaco. Un protectorado. En su opinión, Francia nunca ha considerado a España como un socio -como considera, por ejemplo a Alemania o a Italia- y probablemente nunca lo hará. Su actitud dependerá siempre de sus intereses, y me recordaba la posición francesa ante el ingreso de España en en el entonces Mercado Común, por no hablar de otras cosas más sangrientas.

Last but not least. España también limita al sur con Francia, potencia ex colonial de Marruecos y Argelia que han movido últimamente sus fronteras marítimas respecto a España. Por no hablar de la situación de Ceuta y Melilla. Marruecos en el tablero internacional es una pieza de primer orden y si el Gobierno de Madrid, tan penetrado por la izquierda internacionalista, se descuida se le puede abrir un frente muy delicado con tanto pacifista como abunda en sus filas.

Max comparte con Felipe González la idea de que la mesa de diálogo es una performance, pero para las dos partes. Sánchez quiere alargar la negociación para darle normalidad y, sin grandes concesiones, amansar a la opinión pública española hostil a las negociaciones. Mientras se aprueban los presupuestos.

Los nacionalistas, al menos ERC, no tienen prisa. Aspiran a ganar las próximas elecciones en Cataluña y no pretenden una acción unilateral a corto plazo. Aspiran a nuevos avances en la “desconexión” con España. En ocho años, dos legislaturas, los niños que hoy tienen diez y se educan en el modelo nacionalista irán a votar. Y del electorado se habrán retirado por ley de vida votantes reacios a las aventuras. El tiempo, creen, está con ellos.

Max no cree en el tiempo ni el destino y sabe que los cisnes negros existen. Y que pueden ser terribles.

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