ANÁLISIS

Las Bolsas ganan por goleada a los Fondos de Inversión

Con o sin co­ro­na­vi­rus, los bajos tipos de in­terés hunden el ahorro clá­sico y mo­de­rado

Ibex 35
Ibex 35

Que ningún in­versor se alarme, de mo­mento, por el co­ro­na­vi­rus. Las co­ti­za­ciones de las ac­ciones bur­sá­tiles su­peran con creces los ren­di­mientos de las par­ti­ci­pa­ciones que un in­versor de­po­sita en un fondo de in­ver­sión o en­tidad de ca­pital riesgo. Todo ese mundo de la banca en la som­bra. Es el mo­mento en que los ac­tivos se co­tizan por su valor in­trín­seco y no por el alam­bi­cado juego de los de­ri­va­dos.

Italia es todo un paradigma. Las empresas familiares destacan incluso muy por encima de las cotizadas en bolsa. Beneficios fruto de una cuidadosa administración, una estrategia empresarial orientada a fortalecer y rentabilizar el negocio real. El futuro de las empresas prevalece sobre los rendimientos especulativos. Una revancha de la economía real sobre la economía financiera.

En el mundo actual de tipos de interés nulos o negativos, los vehículos financieros canalizadores de estrategias sofisticadas pierden su atractivo e incluso su propria razón de ser. Un adiós a los gurus, estas estrellas cuyas cotizaciones han resultado resultado escandalosas.

Una crónica aparecida en la Revista Consejeros compara los rendimientos de los patrimonios acumulados por las universidades estadounidenses con el índice S&P500. En efecto, “774 instituciones educativas públicas y privadas que gestionan unos 640.000 millones de dólares obtuvieron en los últimos 10 años una rentabilidad del 8,4% mientras que el índice S&P doblaba ese resultado con un 14,7%”.

Las instituciones educativas reúnen unos estimables patrimonios (endoument) cuya gestión corre a cargo de fondos de inversión y entidades de capital riesgo. Harvard reúne el patrimonio más elevado, 40.900 millones de dólares gestionado por un experto de las finanzas tan reconocido como Mohamed El-Erian (PINCO).

El patrimonio de Yale, 30.000 millones de dólares está administrado por otro gran inversor de prestigio David Swesden, coautor del modelo “Swesden – Takahashi”. Ahora bien, ni el gestor de Harvard, Yale, Stanford o Princeton han conseguido rentabilizar los patrimonios universitarios por encima de los índices bursátiles.

Desaparecida la volatilidad financiera se esfuman las estrategias de los gestores. La estrategia inversora es muy sencilla: compra directa de acciones de empresas rentables o para los tenedores de bonos cuya rentabilidad es positiva mantenerlos en cartera. Se compran más acciones y sube más la bolsa; se conservan los bonos siempre que su rendimiento esté por encima de cero.

En esta coyuntura salta la sorpresa del banco de Suecia. El Riskbank, el banco central más antiguo del mundo. Su director ejecutivo afirma que “los intereses negativos son una equivocación, fuerzan a la gente a ahorrar más y a consumir menos. Ahí esta el caso de los fondos de pensiones holandeses que solo evitaron rebajar sus prestaciones a los pensionistas gracias a las ayudas estatales”.

Los tipos de interés negativo han forzado a los bancos a colocar sus depósitos en los bancos centrales a tipos iguales a ceros o negativo. Lo que les obliga a buscar un rendimiento fuera de estas colocaciones. Su rentabilidad está en el mercado abierto. En efecto, los créditos préstamos hipotecarios en la Unión Europea han crecido a una tasa del 12% y del 3% los préstamos a empresas.

El español que consigue un crédito hipotecario a 20-30 años y paga un tipo de interés inferior al 2% anual tiene un gran incentivo para hipotecarse y comprar una casa. Las empresas con expectativa de desarrollo superiores a sus actuales posibilidades de liquidez pueden endeudarse a costes muy atractivos para desarrollar sus negocios. Lo mismo ha sucedido con los países. Ahí tenemos el ejemplo de Portugal, España e incluso de Grecia que ya coloca bonos a unos intereses que no hubiese soñado un par de años.

Y todo ello en espera de los efectos del corona virus sobre las bolsas de valores y el resto de los mercados financieros.

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