La carga de aten­ción por em­pleado se dis­pa­rará a má­ximos si­mi­lares a los de Grecia

Los ajustes pendientes de la banca minimizan el nivel de bancarización en España

El nú­mero de ofi­cinas por cada 10.000 ha­bi­tantes será de tan sólo cuatro

Varias sucursales de Bancos y Cajas
Varias sucursales de Bancos y Cajas

España se en­ca­mina a ser uno de los países menos ban­ca­ri­zados de la Eurozona, en con­tra­po­si­ción con la si­tua­ción en la que se en­con­traba antes de la an­te­rior cri­sis. Aunque los su­per­vi­sores y los pro­pios ban­queros des­cartan el riesgo de ex­clu­sión fi­nan­ciera, todos los datos apuntan a una más com­pleja re­la­ción de los clientes con las en­ti­dades por las re­duc­ciones de plan­ti­llas y re­des. Tanto las ya rea­li­zadas en los úl­timos años, como las pre­vistas para el pró­ximo ejer­ci­cio.

El tan necesario ajuste de la capacidad instalada en la banca española ha conducido a España a ser uno de los países menos bancarizados de la Eurozona, en niveles similares a los de Grecia y que podrían igualarse con los planes anunciados por varias entidades, tanto derivados de procesos de fusión como por planes internos para mejorar la eficiencia y la rentabilidad.

Así lo advierte el sindicato CCOO, mayoritario en el sector bancario, con los datos de su último informe sobre la evolución del empleo. El grado de bancarización, que mide el número de empleados por cada 10.000 habitantes, se situará en menos de 35 bancarios para ese grupo de población.

Esa evolución también tendrá consecuencia en la carga de atención, ya que cada empleado de banca tendrá que hacerse cargo de las necesidades de más de 300 habitantes. Esta variable supone una mayor presión laboral que ya se había disparado al cierre de 2019 hasta los 270,6 habitantes por cada trabajador.

Los máximos responsables de los bancos justifican esa dimensión de las plantillas, ya que los clientes operan cada vez más por canales digitales. Una operativa que se ha disparado en este aciago 2020 como consecuencia de la pandemia.

Sin embargo, no todos los clientes disponen de los medios y los conocimientos para operar por canales remotos. La necesidad de acudir de manera presencial a la sucursal también se complica con las limitaciones que algunas entidades ya imponen para determinadas operaciones, como la retirada de efectivo en caja.

Menos red y más equilibristas

A esa compleja relación presencial de los clientes con su banco se suma una acentuada reducción del número de oficinas en los últimos años. Sin en 2007 había disponibles hasta 10 sucursales por cada 10.000 habitantes, la previsión es que sean tan sólo cuatro las oficinas para el mismo grupo de población.

El sector bancario español ha pasado en los últimos años de estar muy por encima de la media de la Eurozona a situarse en torno a las cinco oficinas a finales de 2019, según el ya indicado informe de CCOO. De esta manera, España se equipara con Francia pero por encima del promedio europeo (3,8).

Desde que se iniciara todo el proceso de ajuste de la banca española, mucho más intenso en el sector de las cajas de ahorros que en los bancos pertenecientes a la Asociación Española de Banca (AEB), muchas voces, y no tan sólo sindicales, han advertido del peligro de la exclusión financiera.

Algunas de ellas han vuelto a advertir de ese riesgo en los últimos días, como en la junta extraordinaria de accionistas de CaixaBank. El grupo resultante tras su fusión con Bankia contará con presencia en 2.200 municipios de España y en 290 de ellos será la única entidad bancaria con presencia. Sus responsables se han comprometido a su permanencia en esas localidades.

Las zonas rurales han sido las más perjudicadas por este proceso de reducción de red por parte de los bancos, pero también ya se ha comenzado a detectar el efecto en algunas zonas urbanas por el solapamiento de oficinas como consecuencia de las fusiones o por la baja rentabilidad de algunas sucursales.

CCOO se cuestiona en su informe los argumentos de los directivos de la banca al respecto, ya que en los últimos 25 años se ha multiplicado por cinco tanto el total de activo como el volumen de crédito por empleado, con crecimientos entre un 25% y un 33%, respectivamente, desde el estallido de la crisis de 2008.

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