La es­tatal china CCCC entra con un 30% en la cons­truc­tora líder lusa Mota Engil

China pone en jaque a las constructoras españolas en Portugal y en el mundo

Duelo de alta in­ten­sidad entre Sacyr y Mota Engil por una ad­ju­di­ca­ción hos­pi­ta­laria

Sede Monte Engil en Oporto.
Sede Monte Engil en Oporto.

Frente a la cruda ame­naza de re­pre­sa­lias nor­te­ame­ri­canas y las pal­pa­bles re­servas de Bruselas, el Gobierno de Lisboa pa­rece mirar hacia el fir­ma­mento res­pecto a su aper­tura al ca­pital chino, que está di­ri­gido fun­da­men­tal­mente a em­presas de sec­tores es­tra­té­gicos como la ener­gía, la banca y las in­fra­es­truc­tu­ras. Sin duda, el ob­je­tivo prin­cipal del go­bierno de Pekín no es el mer­cado do­més­tico por­tu­gués, que apenas cuenta con 10 mi­llones de con­su­mi­dores y una renta per cá­pita de 20.000 eu­ros, sino uti­lizar la puerta la­teral lusa como 'caballo de Troya' para en­trar en la Europa co­mu­ni­taria y otros mer­cados más am­plios en América Latina y África.

A cambio, la idea de las empresas portuguesas, que se encuentran muy descapitalizadas, es ganar nervio financiero para resistir la gran competencia comunitaria y sobre todo española que soportan, y no solo en Portugal sino también en el exterior.

Prueba de ello es la operación concretada hace unos días por la constructora y concesionaria lusa Mota Engil, que a cambio de apenas 175 millones de euros y la emisión de 100 millones de nuevas acciones, cederá un 30% de su capital (y seguramente mucho más poder de decisión) a la constructora estatal china CCCC (China Communications Construction Company) que, con datos de 2019, ocupa la cuarta posición en el “ranking” mundial del sector, precedida por otras tres chinas.

Grandes diferencias

El contraste de la empresa china con Mota Engil es abrumador. La empresa lusa alcanzó su volumen récord de ingresos el pasado el pasado año y apenas superó los 2.800 millones, frente a los más de 60.000 millones de la oriental. Pero la atención del nuevo accionista chino se centra en la dimensión internacional de la constructora lusa, que realiza el 70% de su negocio en el continente africano (36%) y en Latinoamérica (34%), regiones a las que apunta CCCC. Apenas el 30% de su actividad corresponde al mercado doméstico y al del Reino Unido, Polonia, Irlanda, República Checa y en nichos de mercado en Francia y en España.

De ahí el sobreprecio pagado por CCCC para entrar en Mota Engil: 175 millones ingresados por la Familia Mota, que tras la emisión de 100 millones de nuevas acciones aun seguirá como mayor accionista, con el 40% del capital, pero con menos poder de decisión, y que situarán el valor de mercado de la constructora lusa en torno a los 750 millones de euros. Más del doble del valor bursátil, que las últimas semanas, cuando ya se daba por la entrada de CCCC, se revalorizó casi un 25% en Bolsa. La explicación es sencilla: el accionista chino llevará la voz cantante en la definición de la estrategia de expansión y en la gestión de la constructora portuguesa.

La operación tuvo a todas luces el apoyo implícito de las autoridades lusas, que rechazaron ceder a la presión del embajador norteamericano en Lisboa, George Glass, que en una entrevista a la revista Expreso, advirtió que CCCC figura en la lista negra de Washington, como la “Huawei de las infraestructuras”.

Así, aunque tenga los días contados en Lisboa, ante el cambio de la Administración de Donald Trump, Glass habló de represalias norteamericanas, situando la entrada de CCCC en Mota Engil al mismo nivel que la eventual utilización de tecnología 5G de Huawei y de la posible adjudicación del futuro terminal gasista de Sines a un operador chino.

Operaciones de gran envergadura

De hecho, antes de abrir su capital a CCCC, Mota Engil ya había realizado operaciones de gran calado en el exterior con el grupo chino. A principios de año adquirió a CCCC un proyecto de 270 millones de euros en Colombia, juntamente con otro grupo chino implantado en Portugal, China Three Gorges (CTG), que controla la eléctrica lusa EDP. Después, en abril, al frente de un consorcio con CCCC, se hizo con el primer tramo del emblemático Tren Maya, en México, por 636 millones de euros. Lo misma pasó en Nigeria, donde Mota Engil y CCCC ganaron un concurso de 1.900 millones para la construcción de un puente en Lagos.

Lo más probable, por lo tanto, es que Mota Engil y su accionista chino se cruzarán muchas veces con las constructoras y concesionarias españolas, no solo en Portugal, sino también -y principalmente– en aquellos 38 mercados de referencia, tanto en Latinoamérica (Colombia, México, Chile), como Europa (Reino Unido) y África, donde, según SEOPAN, ACS, Ferrovial, FCC, Sacyr, OHL y Acciona realizaron durante los últimos 5 años el 97,5% de su negocio: unos 61.066 millones de euros, frente a solo 1.577 millones (2,5%) en España.

Duelo con Sacyr

En todo o caso, llama la atención el momento elegido por Mota Engil y CCCC para anunciar la operación de entrada de la poderosa empresa china en la portuguesa, al margen de las reticencias de Bruselas. Mota Engil está en pleno duelo Ibérico con la constructora española Sacyr en torno a la adjudicación del proyecto del nuevo Hospital Lisboa Oriental (HLO). Para hacerse con el proyecto, Sacyr presentó la mejor propuesta financiera (293 millones), superando de largo a Mota Engil (333 millones, solo 1 millón menos que el precio de referencia del concurso). Sin embargo, aún no está nada decidido y las espadas siguen al alto, a la espera de la “best and final offer” de ambos grupos.

El argumento de la empresa lusa es que, ahora, al tener a CCCC como accionista de referencia, Mota Engil tendrá mayor flexibilidad financiera para rebajar el precio de su propuesta. Ocurre, además, que, al contrario de los habituales duelos ibéricos, donde el 70% de los contratos más importantes caían en manos españolas, en esta ocasión el precio computará por un 40%, frente al 60% atribuido a la calidad técnica, un asunto subjetivo obviamente.

Sacyr habla sin tapujos de “guerra sucia” por parte de la constructora lusa, que también compite en España. Es que pese a tener mayor experiencia en el sector, donde gestiona 2.500 camas en España, Chile, México y en Portugal (donde ya opera dos hospitales), no le falta razón al denunciar que no es lo mismo competir en igualdad de condiciones con Mota Engil que hacerlo con todo el Estado Chino.

Con 875 camas, HLO concentrará los servicios de media docena de vetustos hospitales, y según los responsables del proyecto, representará para las arcas públicas del país vecino, un ahorro anual de 70 millones de euros. La operación público-privada tendrá un plazo de ejecución de 30 años –3 años para la construcción del complejo de 130.000 m2, y 27 años para la concesión, que llevaba sobre la mesa desde 2008, antes de la llegada de la “troika” FMI/BCE/UE, que, a cambio de una ayuda de 78.000 millones, impuso al país una durísima cura de austeridad.

Cambiar las reglas de juego

Lo cierto es que la eventual adjudicación del HLO a una Mota Engil bajo la influencia china, cambiaría las reglas del juego en el negocio de la construcción y de las concesiones, teniendo además en cuenta la ola de proyectos anunciados para los próximos años: la construcción de media docena de otros hospitales; la reanudación de la línea de alta velocidad entre Lisboa y Oporto; el nuevo aeropuerto internacional en Montijo; la expansión de los metros de Lisboa y Oporto; y obras de gran calado en sectores estratégicos como la energía, medio ambiente, transportes urbanos, etc.

Así, aunque la entrada de CCCC en Mota Engil llevaba sobre la mesa desde abril 2019, tras la visita oficial a China del presidente de la República Marcelo Rebelo de Sousa), cabe pensar que la decisión anunciada ahora tiene mucho que ver con la recuperación económica propiciada por la Unión Europea, incluyendo Portugal, orquestada y financiada desde Bruselas, ante el parón provocado por el coronavirus. Para Portugal, la ola inversora prevista hasta 2030, asciende a unos 43.000 millones de euros. Y todo viene de Bruselas, no de China.

En ese contexto, la ahora capitalizada Mota Engil sigue además con su deuda bruta de 1.869 millones de euros y tiene casi 300 millones en deuda morosa en moratorias bancarias, una tercera parte además está en manos españolas, y quizá por ello hasta acepta formar equipo con Teixeira Duarte, su eterna rival nacional y la “número dos” del sector.

Vía libre al capital chino

Lo que sorprende es que frente a la supuesta invasión histórica española, siempre muy criticada en Portugal, el capital chino parece tener vía libre en el país, donde empresas estratégicas como EDP y REN (gestora de la red eléctrica) pasaron a tener a empresas estatales chinas como accionistas de referencia, como es el caso de los gigantes CTG y State Grid, que apenas llevan invertidos en el país unos 4.000 millones de euros y ya controlan empresas estratégicas.

En 2019, GTG llegó a ofrecer unos 10.000 millones de euros para hacerse con el control total de EDP, y si la OPA no prosperó, no fue porque no pudiera contar con el apoyo implícito del gobierno socialista de António Costa, sino que fue rechazada por la junta de accionistas de la eléctrica, no solo por el escaso precio ofertado, sino principalmente porque el control absoluto estatal chino pondría en cuestión el futuro de la actividad de la filial de renovables EDPR en Estados Unidos.

Lo llamativo es que en ningún momento se escuchan abiertamente en Portugal comentarios oficiales en contra de la “invasión” público-privada de capital chino, y nadie puso el grito en el cielo viendo a Fosum convertirse en media docena de años en el mayor inversor extranjero fuera del ámbito comunitario. De hecho controla casi el 30% del BCP (el mayor banco comercial privado, la aseguradora líder Fidelidade, el grupo Luz Saúde (hospital, clínicas, residencias para mayores) y es también muy activo en otros sectores, como el inmobiliario, el turismo, las telecomunicaciones, etc. sin olvidar el negocio del fútbol.

Oposición de Bruselas

Cuando Bruselas invitó a los países comunitarios a poner tarjeta roja a la inversión de China (país que la UE tacha de “rival sistémico”), lo que hicieron las autoridades lusas fue mirar para otro lado. Lo mismo que cuando el embajador George Glass situó de oficio a Portugal en el “campo de batalla entre China y Estados Unidos”, advirtiendo el alto funcionario estadounidense que Portugal tendría que elegir entre las "parcerías" norteamericanas o las chinas, bajo pena de sufrir represalias políticas, económicas y hasta en materia de Defensa. ,

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