OPINIÓN

El Brexit desemboca en un Acuerdo de Libre Comercio

La sa­lida bri­tá­nica su­pondrá para Londres más in­fla­ción y una caída apre­ciable de su PIB

Brexit is coming to town.
Brexit is coming to town.

La Unión Europea y el Reino Unido han fir­mado un Acuerdo de Libre Comercio por el cual las mer­can­cías bri­tá­nicas no pa­garán aran­celes ni es­tarán su­jetas a con­tin­gentes pero que­darán su­jetas a la com­pro­ba­ción de su úl­timo origen y al cum­pli­miento de las re­glas co­mu­ni­taria en ma­teria de com­pe­ten­cia. El RU no es­tará en el Mercado Único, la es­plén­dida ar­qui­tec­tura di­señada y cons­truida por Lord Cockfield, vi­ce­pre­si­dente de la Comisión y res­pon­sable del Mercado Interior.

Un despiadado y agudo análisis de The Guardian titulaba: “Finalmente tenemos un acuerdo Brexit y es tan malo como cualquiera hubiese pensado”. La interminable negociación del Brexit, así como la despedida del presidente Donald Trump, han tropezado contra una pandemia mal gestionada y desembocado en una especie de cataclismo económico y político.

“Dos grandes países dirigidos por unos personajes de enormes egos y abultadas barrigas, han provocado un espectáculo ridículo y embarazoso”, concluía The Guardian.

En la conferencia de prensa del premier británico para anunciar la firma del acuerdo resaltaba el éxito en el capítulo pesquero. Jonhson resaltaba que partía de una propuesta comunitaria de 14 años para mantener los derechos de los pescadores continentales en el caladero escocés y que la respuesta británica fue contundente: solo tres años de duración. El acuerdo final era favorable para los británicos: apenas cinco años y medio y una reducción del 25% de las capturas. Claro que cinco años y medio dan mucho de sí, incluso para cambiar de idea.

Años de cooperación al traste

Largo años de cooperación entre el R.U. y la U.E mantuvieron la puerta abierta para los servicios financieros británicos en el continente. Un apreciable ventaja ahora arrojada por la borda. Un horizonte para la economía del R.U. que según el Institute for Fiscal Studies acabará con una caída de su Producto Interior Bruto y un repunte de la inflación. Adiós a muchos buenos trabajos, menores ingresos y precios mas altos.

El referéndum de 2016 bien manejado por los partidarios del Brexit no implicaba tanto la terminación de la cooperación económica con Europa, sino situarla bajo diferentes bases políticas. Transferencia de soberanía desde Bruselas a Westminster. Esos votantes del centro y noroeste de Inglaterra que cambiaron sus votos laboristas por Jonhson tropiezan ahora con unas expectativas muy mermadas de sus exportaciones de manufacturas junto al temor de que los inversores busquen otras latitudes.

El Brexit que se ha firmado responde más a la ideología de los conservadores británicos nacionalistas que a las necesidades económicas y políticas del Reino Unido. Sin embargo, estos conservadores nacionalistas mantienen una amplia participación en el Parlamento que puede ser decisiva a la hora de aprobar lo firmado.

¿Serán necesarios los votos de los laboristas? Una difícil elección: alinearse con Johnson, lo que les impediría criticar desde ahora su política frente a la Unión, o permitir que los populistas pro Brexit-Brexit se salgan con la suya.

La UE tiene muchas y buenas razones para felicitarse del acuerdo. Los intercambios no sufrirán un duro quebranto y existen formas y maneras para conservar las relaciones políticas. Son muchas las cláusulas del acuerdo, que se extiende en 1.246 páginas en las que se precisan multitud de detalles que se irán conociendo.

Las puertas no se han cerrado del todo, sin que nada impida, como ya ocurrió en el pasado, que los británicos regresen a una Europa cuyos valores culturales son tan próximo y cuyos intereses económicos recíprocos tan intensos. Mejor este Acuerdo, malo o regular, que un No Acuerdo.

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