La Junta de Andalucía re­clama el ca­rácter an­daluz hasta en la toma de las de­ci­siones

La injerencia política en las cajas resurge en la tambaleante fusión Unicaja-Liberbank

CaixaBank y Bankia es­quivan a in­de­pen­den­tistas y de­fen­sores de la banca pú­blica

Unicaja Banco
Unicaja Banco

La re­forma de la ley de ca­jas, la re­con­ver­sión de la in­mensa ma­yoría de estas en­ti­dades en bancos con sus fun­da­ciones como vi­gi­lantes y todo el pro­ceso de fu­sión ya aco­me­tido en la úl­tima dé­cada han sido su­fi­cientes ele­mentos para evitar la cri­ti­cada pero per­sis­tente in­je­rencia po­lí­tica. La Junta de Andalucía ha en­ar­bo­lado el "carácter an­da­luz" de Unicaja en su ren­queante fu­sión con Liberbank, in­cluso de cara al fu­turo. En con­tra­po­si­ción, CaixaBank y Bankia na­vegan hacia su in­te­gra­ción al margen de in­tereses po­lí­ticos de todos los co­lo­res.

Los intereses territoriales o políticos que tanto han pesado en muchas cajas de ahorros parecen no haber desaparecido una década después del mayor ajuste de ese sector financiero cuando estalló la burbuja inmobiliaria y por consecuencia la de buena parte del sector bancario español.

Casi en la cuenta final para sellar la fusión entre Unicaja y Liberbank, en su segundo intento de unificación, la Junta de Andalucía ha irrumpido, cual elefante en cacharrería, al defender el "carácter andaluz y malagueño" de la entidad resultante, según las declaraciones del consejero de la presidencia, Elías Bendodo.

Sus palabras no son gratuitas y tampoco alejadas de otras apreciaciones de círculos políticos y sindicales. Incluso, están en línea de la pretensión del actual presidente de Unicaja, Manuel Azuaga, de garantizar que el puesto de mando tras su retirada dentro dos años (cuando cumpla los 75 años de edad) se mantenga en manos del grupo absorbente y no de Manuel Menéndez, principal ejecutivo del grupo creado en torno a Cajastur.

Los consejos de administración de Unicaja y Liberbank deberán pronunciarse en los pocos días hábiles que restan para final de año para cerrar la fusión que negocian en función de los datos a cierre del primer semestre de este año (en caso contrario, el contador se pondría a cero y habría que examinar una valoración respecto a los respectivos cierres anuales).

Unicaja y Liberbank ya frustraron sus primeras negociaciones para su fusión hace casi dos años. En aquel momento, el principal escollo parecía ser el canje de la operación. Ahora, el mayor obstáculo es cómo se articula la primera línea de gobierno en la entidad resultante de la operación.

El presidente de la Fundación Unicaja, el veterano Braulio Medel, siempre se ha mostrado muy correoso en todas las negociaciones de fusión. El que fue presidente de la Confederación Española de Cajas de Ahorros (CECA), ya se mostró en ese tono para hacerse con el Grupo CEISS (el resultante de la fusión entre Caja Duero y Caja España).

Aún más, Medel se mostró más que precavido con otras operaciones, como por ejemplo antes de que CajaSur, la conocida como la caja del cura, tuviera que ser intervenida poco después de la CCM (la entidad manchega que acabó, en su momento, en manos de Cajastur, el germen del grupo Liberbank).

Presiones ignoradas

Tal vez por tamaño, o por exigencias poco realistas, CaixaBank y Bankia se encaminan hacia el cierre de su fusión en el primer trimestre del año, al margen de algunas reivindicaciones en contra de una operación que generará el primer banco en España por total de activos.

Los líderes nacionalistas catalanes ya habían reprochado al grupo gestionado por Gonzalo Gortázar al caer en manos del Estado centralista con esta operación. Incluso, tanto el consejero delegado de CaixaBank como su presidente, Jordi Gual, encajaron las críticas nacionalistas de un accionista valenciano en la junta en la que se aprobó la fusión.

El presidente de Bankia, José Ignacio Goirigolzarri, tampoco ha estado exento de críticas continuas, sobre todo de sectores ligados al Podemos de Pablo Iglesias que abogan por una banca pública en torno a una entidad con presencia mayoritaria del Estado (aunque se diluirá cuando se cierre la fusión con CaixaBank).

Goirigolzarri, curtido en las más variadas injerencias políticas en España o en algunos países Latinoamericanos a lo largo de su trayectoria profesional, siempre ha rechazado el modelo de banca pública que en algunos círculos proponen y ha defendido, con uñas y dientes, su gestión profesional e independiente al margen de la presencia del Estado en el capital de Bankia.

Artículos relacionados