Monitor del Seguro

Las co­ber­turas pan­dé­micas o la falta de ahorro son al­gunos de los desafíos

El seguro en 2021: un año para resarcirse

Las duras con­di­ciones ac­tuales per­sis­tirán du­rante todo el ejer­cicio

Pilar González de Frutos, Unespa.
Pilar González de Frutos, Unespa.

Último mes de 2020, el peor año de mu­chos desde in­nu­me­ra­bles puntos de vista. Las pers­pec­tivas y ten­den­cias con la vista puesta ya en 2021 no son fa­vo­ra­bles, en un ejer­cicio en el que to­davía per­sis­tirá el co­ro­na­vi­rus, la crisis sa­ni­taria y la eco­nó­mica. El con­texto, por tanto, se­guirá siendo muy com­pli­cado para ciu­da­danos y em­pre­sas, y para sec­tores como el ase­gu­ra­dor, para el que la caída de las rentas de los par­ti­cu­lares no es una buena no­ti­cia, aunque tam­poco la peor.

Según explicaba recientemente la presidenta de Unespa, Pilar González de Frutos, en el ‘XXVII Encuentro asegurador: el seguro ante el COVID-19’, organizado por Deloitte, ABC y Mapfre, la peor noticia no es esa caída sino la prolongación de la misma: “Como sector contracíclico que somos, nosotros no nos jugamos el partido en sus primeros minutos, como le puede pasar a otros sectores productivos y de servicios. Nosotros ganamos, o más bien perdemos, los partidos en el descuento; son esas prolongaciones de las crisis las que nos golpean más”.

Para 2021, y más allá, la asociación empresarial que agrupa a las entidades aseguradoras de España identifica tres grandes retos: las coberturas pandémicas; la eliminación de los obstáculos para un adecuado desarrollo de la actividad; y la cuestión del ahorro.

Respecto a los obstáculos, Pilar Gónzalez de Frutos hace hincapié en los que atañen a las nuevas realidades de mercado: digitalización y sostenibilidad. “A nosotros no nos asusta el cambio; lo que nos preocupa es no poder aprovecharlo”. Asegura que en este ámbito no es solo el seguro el que tiene que evolucionar, también lo deben hacer las normas, “que tienen que dejar espacio para estas nuevas formas de relación, de contratación, de aseguramiento.

Si la legislación aseguradora actual nos obliga a conocer la dirección postal de nuestro cliente pero no nos obliga a conocer su correo electrónico, es evidente que hay elementos mejorables en la regulación”. La necesaria modernización la hace extensiva a las instituciones: “Los aseguradores queremos un supervisor profesional, adecuadamente financiado, que pueda responder a todos los retos que se le presentan. Un supervisor moderno, adaptado a los tiempos y a sus demandas”, una petición que, desde luego, no es nueva en la industria.

Ahorro privado

Tampoco lo son sus argumentos en defensa del ahorro privado, otro gran reto al que se enfrenta el sector. “Carecemos de un sistema adecuado de canalización en el tiempo de rentas y recursos; una ausencia cuya evidencia más clara es la falta de ahorro”, entendido como ahorro finalista.

Desde Unespa se vuelve a insistir en la necesidad de apostar por un sistema de adscripción al ahorro obligatorio para el empresario, pero voluntario para el trabajador, y al que acompañe un mecanismo de subvención condicionada. De momento, no parece que el Gobierno tenga ninguna intención de atender esta petición.

Aspectos perjudiciales

De hecho, la presidenta de Unespa recuerda que en los presupuestos de 2021 diseñados por el Ejecutivo hay elementos que van a perjudicar el ahorro privado: los incrementos de la presión fiscal derivados de la elevación en dos puntos del impuesto sobre las primas de seguros y el endurecimiento en el tratamiento de las aportaciones a sistemas de previsión social.

Estos son los retos generales de cara al futuro. Desde el punto de vista de la actividad, según un reciente análisis realizado por Willis Towers Watson sobre la situación global del mercado asegurador, las duras condiciones actuales a las que este se enfrenta persistirán durante todo el año 2021. La líneas de negocio que tienen por delante los más importantes desafíos son las de Daños Materiales, Responsabilidad Civil, Directors & Officers (D&O) y Ciberriesgos.

Javier Giménez, responsable de Broking para Europa Occidental e Iberia de la firma, comenta que “de cara a las renovaciones de final de año, que ya se están estudiando con los mercados de seguros, destacamos una creciente falta de apetito por los riesgos más complejos y por aquellos que arrastran un amplio historial de siniestros y acumulan pérdidas”.

No obstante, hay lugar para el optimismo, y comenta que, aún sin esperar un retorno rápido a los precios blandos, “de no producirse nuevas catástrofes, los aumentos de las tasas comenzarán a moderarse y ser más predecibles a partir de mediados del próximo ejercicio”. En este marco global, el endurecimiento de los precios se generaliza y afecta a todo tipo de riesgos, incluidos los más benignos. Los incrementos más altos se seguirán viendo en sectores específicos como Alimentación/Bebidas, Energía, Manipulación de Residuos y Reciclaje, Industria Química, Automoción y en riesgos con Exposición Catastrófica.

La pandemia ha dañado a la sociedad, la economía y ha acelerado el endurecimiento del mercado asegurador. Y, además, ha traído cambios permanentes en la industria. BlackRock identifica varias tendencias que se acelerarán tras la crisis del COVID 19 a partir de una encuesta realizada a 360 ejecutivos del sector en 25 mercados que representan activos bajo gestión por valor de más de 24 billones de dólares. Según se desprende del estudio, se requerirán decisiones significativas por parte de los administradores en cuanto a cómo replantear los modelos de negocios y dónde invertir, centrándose en cuatro temas clave: la transformación digital, la necesidad de ofrecer productos más flexibles y dirigidos; la búsqueda de carteras también más flexibles para promover la resiliencia; y la priorización de los objetivos de sostenibilidad. No hay tiempo para la contemplación.

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